domingo, 2 de octubre de 2011

Linces y almejas

Erlich, El País, 29/09/11
El lince, animal avispado, perspicaz y resolutivo es símbolo de la inteligencia. No de una inteligencia astuta, que va a lo suyo, como la del zorro, sino de la que posee la agudeza para comprender lo que sucede y prever lo que debería suceder. Durante años, mis alumnos y yo hemos hecho una clasificación muy elemental de los seres humanos. Los dividimos metafóricamente en linces y almejas. La almeja es inerte, pasiva, se alimenta de lo que casualmente llega -las modas, la publicidad, la opinión ajena-, y cuando surge algún problema cierra las valvas y aguanta escondida hasta que cambie el panorama. El lince, por el contrario, busca, explora, husmea, procura buscar soluciones, cambia de escenario.

La ética no es una asignatura para almejas. Trata, precisamente, de la más importante creación de la inteligencia humana. Esto no es una exageración. Cuando la inteligencia humana reflexiona sobre el modo más hábil de usar la inteligencia, inventa la ética. Lo explicaré con más detalle. 

Todos tenemos problemas. Demasiados, sin duda. Hay problemas de niños, de adolescentes, de adultos, de mujeres, de hombres, de países subdesarrollados y de países industrializados. Necesitamos muchas cosas: sobrevivir, ser felices, vivir con dignidad. Cuando no sabemos cómo alcanzar la meta que necesitamos o queremos, aparece el problema. Y la inteligencia se emplea a fondo para proporcionarnos soluciones. Ésa es la finalidad de la ciencia, de la técnica, del arte. 

A pesar de su eficacia y grandeza, dejan graves problemas por resolver. Son los que afectan a la felicidad de los seres humanos, a su convivencia familiar, social o política. Hay muchas cosas que nos angustian, desesperan o exaltan. Todos nos sentimos a la vez libres y determinados. El carácter, el aspecto físico, la situación social o económica en que hemos nacido, las presiones culturales o políticas nos condicionan seriamente. Pero también sentimos que podemos tomar decisiones, revelarnos o ceder, luchar o abandonarnos. ¿En qué quedamos? ¿Podemos construir el futuro o estamos sometidos a un destino implacable? La ciencia nos dice cómo son las cosas, pero necesitamos saber cómo deberían ser. 

No son problemas inventados arbitrariamente. En una de las lecciones de este libro se os recomienda la lectura de una novela (El señor de las moscas, de William Golding). Yo también os recomiendo que la leáis. En ella veréis con claridad que los problemas que la ética intenta resolver son reales e inevitables. Imaginad que los alumnos de este curso naufragáis durante un viaje, y llegáis a una isla deshabitada, donde perdéis la esperanza de ser rescatados. ¿Cómo organizaríais vuestras vidas? ¿Os reconoceríais mutuamente derechos o aceptaríais el derecho del más fuerte? ¿Impondríais normas o permitiríais que cada cual hiciera lo que quisiera? ¿Qué sentimientos apreciaríais? 

Basta contemplar la historia de la humanidad para comprobar que hemos resuelto muy mal los asuntos que más profundamente afectan a nuestras vidas. Sabemos resolver mejor ecuaciones diferenciales que problemas de convivencia. Si fuéramos más inteligentes, la ética se convertiría en el saber fundamental de toda la cultura. Los demás temas son secundarios e incluso triviales. Es más importante saber vivir bien que saber matemáticas, física, biología, historia, etc. 

No es un conocimiento sencillo, por eso es sólo apto para linces. Es una ciencia de gran complejidad, que debe aprovechar los resultados de muchas otras ciencias. La ética debe saber cómo funciona la inteligencia humana, cuál es la textura de nuestros deseos y sentimientos; averiguar los mecanismos de la acción voluntaria. Tiene que conocer cuáles son nuestras necesidades y nuestras esperanzas, analizar los problemas inevitables y universales. Forzosamente estudiará las distintas soluciones que han dado los hombres a lo largo de los siglos, sus fracasos y sus éxitos. Necesita, por supuesto, tener un método riguroso para distinguir los problemas reales de los falsos problemas, y las buenas soluciones de las propuestas que no solucionan nada. 

La ética es una ciencia que ha avanzado con titubeos. No debemos escandalizarnos por ello. La química tardó en separarse de la magia y la alquimia; y la astronomía de la astrología. Creo que vamos a asistir a la consolidación de la ética como el saber más necesario, urgente y útil. 

Estoy seguro de que este libro resultará interesante para los linces y aburrido para las almejas. 

José Antonio Marina: “Prólogo para linces”, en Perspectivas: vida moral y reflexión ética 

Sostiene Maruja Torres hoy en El País que “La desidia es un hecho tan social como lo es la rebelión ante la injusticia o la estupidez. Pero para esta última se necesita una aportación imprescindible: la de la inteligencia de cada uno. La desidia se nutre de la abdicación. Que inventen otros, que enseñen otros, que se esfuercen otros”. Y es que, siguiendo la metáfora de José Antonio Marina, el mundo está poblado de almejas cómodas y felices que jamás saldrán de su inercia. Por eso urge el fortalecimiento de una disciplina como la Ética que, lejos de ser innecesaria e inútil, se presenta como el mejor antídoto contra el analfabetismo funcional que impera en nuestros días, potenciando nuestra inteligencia práctica tan necesaria, por otro lado, para luchar contra la desidia y la estupidez humana. 

José Antonio Marina es el autor del libro de texto que estamos siguiendo este curso. Se trata de uno de los mayores especialistas de nuestro país en este viejo saber solo apto para “linces”. Por eso, además de este excelente texto, os dejo el capítulo que el nuevo programa de La 2, Pienso, luego existo, sobre algunos de los principales filósofos y pensadores actuales de nuestro país, le dedica. Merece la pena visualizarlo. Por ejemplo, su respuesta al viejo debate de la bondad o la maldad (o la estupidez) esencial del ser humano es la siguiente: "La gran creación de la inteligencia no es la ciencia, no es el arte, no es la técnica: es la bondad". ¿Sabríais explicar esta afirmación? ¿Y la que aparece en el texto de que la ética es el saber fundamental de toda la cultura? Poned vuestras neuronas a funcionar: sed linces.

José Antonio Marina: El filósofo de la 'inteligencia bondadosa'
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