domingo, 9 de octubre de 2011

"Filosofía Hoy"

Se suele considerar y es ya un tópico, que la “sociedad del conocimiento” evidencia, finalmente y con toda contundencia, que la especialización de los expertos profesionales “triunfa” por encima de los viejos “sabios” contemplativos y de los “hombres cultos” del Renacimiento. Aparentemente es el triunfo definitivo de los científicos, ingenieros y tecnólogos por encima de los humanistas y los filósofos. De poco sirve argumentar que la ciencia está cada vez más supeditada a la aplicación tecnológica y que los científicos cada vez se convierten en meros gestores tecnológicos. […]

Además y como hemos apuntado, la creciente separación entre ciudadanía y las instituciones democráticas sólo se intenta compensar recurriendo a “políticos profesionales”, a “expertos” y a “comités técnicos”. Se olvida que éstos, dada su ultraespecialización y la lógica dependencia de las reglas internas de su “gremio”, están abocados a lo que los griegos clásicos llamaban “idiotez” o, al menos, una notable “ceguera” respecto al conjunto del mundo, de lo humano y de las necesidades globales hoy. Una vez más la especialización en un aspecto, provoca la ceguera o inatención respecto a lo común, compartido y humano en general.

El postmodernismo ha destacado la importancia de la sociedad del conocimiento, de las tecnologías de la comunicación y la información (p.e. Jean-François Lyotard o Gianni Vattimo) pero también de otros aspectos de la sociedad contemporánea muy vinculados con lo que llamamos “sociedad de la incultura”. Nos referimos por ejemplo a la “sociedad del espectáculo“ teorizada por Guy Debord y los situacionistas, la cultura “del simulacro” denunciada por Jean Baudrillard o la “era del vacío” analizada por Gilles Lipovetsky.


¿Vamos hacia una sociedad de la ignorancia? No cabe duda que el porvenir de la filosofía es incierto. De hecho, no sabemos en qué medida la utilización de las nuevas herramientas comunicativas pueden afectar a la imagen social que de la filosofía se tiene. Sin embargo, alguna de estas herramientas puede llegar a reforzarla. “Cuestionar, descubrir, vivir tu mundo” es el lema de la revista Filosofía Hoy, que ya podéis consultar en la biblioteca del Centro. En ella figuran desde artículos monográficos, hasta columnas de opinión y entrevistas a filósofos y profesores a los que se les pregunta por diferentes temas de actualidad, todos tratados desde un punto de vista filosófico, pero que nos conciernen a todos como ciudadanos, salvo que seamos idiotas en el sentido griego que se señala más arriba. Podéis consultar el sumario del último número aquí. Asimismo, cada ejemplar de la revista viene acompañado por un libro clásico de la filosofía de regalo. La revista se complementa con la publicación de unas guías igualmente de gran interés y cuenta con su propia página en Facebook donde se puede entrar y opinar sobre cualquiera de los artículos contenidos en la revista, además de alojar un foro en su página web.

Tenemos, pues, que felicitarnos por la existencia de una publicación de este tipo en nuestro país. No se trata de una revista académica: es una publicación divulgativa, al igual que las hay de Historia, de Psicología, de Economía o del fascinante mundo de los toros o de la Thermomix. Según la propia editorial: “La filosofía nos ayuda a reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor y nos da las claves para entenderlo, ser capaces de valorarlo y enfrentarnos a ello; aporta conocimientos que sirvan para tomar decisiones y crear nuestra opinión. La filosofía propone las bases de una sociedad en la que el hombre pueda ser feliz”. No sabemos lo que durará esta aventura editorial, que ya va por su séptimo número (no creo que la gente haga cola en las gasolineras y quioscos para no quedarse sin su ejemplar); pero, desde luego, iniciativas como esta, aunque para algunos solo sea una “vulgarización” más de tan egregio saber, son más que necesarias para frenar esta sociedad de la incultura, de la ignorancia o del desconocimiento que se está forjando y que amenaza con destruir los cimientos mismos de la sociedad.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué prefieres ser un aristóteles satisfecho o un cerdo satisfecho? Una de las prgeuntas mencionadas en clase... La nombro puesto que en el texto pone "La filosofía propone las bases de una sociedad en la que el hombre pueda ser feliz" y yo tenía entendido que el trabajo de la filosofía era entristecer... Puesto que se puede ser completamente feliz siendo un inculto, ¿Se vive en la ignorancia? Sí, pero feliz. Ahora ya que cada cual eliga...

Rubén Blaya 1ºBAT

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Rubén: no lo has entendido. Entristece observar al ejército de necios con los que cohabitamos que jamás se cuestionará el orden establecido. La filosofía es curiosidad, pero también denuncia de todo aquello que nos causa infelicidad; como, por ejemplo, el esfuerzo de los poderes fácticos de todas las épocas en reducirnos a ser ovejitas obedientes, sumisas y agradecidas por poder disfrutar de la felicidad que ellos previamente han establecido para nosotros. Es una cuestión de exigencia personal: el “soma” para quien lo quiera (Huxley: “Un mundo feliz”). En nuestra época, muchos se consideran muy felices por la única razón de que otros han decidido por ellos que solo se es feliz poseyendo el mayor número de objetos, casi siempre innecesarios, posibles. El modelo del consumidor satisfecho, siempre agradecido a las altas instancias por permitirle ese consumo-felicidad programado, que nunca da problemas. El viejo “pan y circo” de los romanos.

Por supuesto que se puede vivir perfectamente en la ignorancia, pero ¿es esa una vida auténticamente humana? No fue Aristóteles, sino John Stuart Mill, remitiéndose a Sócrates y a Platón, quien defendió que esa vida anodina, basada en la acumulación cuantitativa de placeres superfluos, no es una vida realmente humana. Nuestro presente es triste, asumir una actitud filosófica debe producir tristeza (e ira) a los enemigos del pensamiento crítico, que son muchos. Te lanzo una pregunta: ¿Te cambiarías por un tonto feliz? ¿Querrías tú una felicidad que se basara en la ignorancia? ¿Prefieres tener “luces” o ser un estúpido? Son preguntas que te formularía el propio Voltaire en su “Historia de un buen brahmán”, que puedes leer aquí: El valor de la filosofía. Como nos conocemos, sé que no te cambiarías por un “feliz” Paco El Pocero cualquiera. Piénsalo.

Un saludo.

YACK dijo...

Creo que vamos hacia la sociedad del conocimiento, aunque la masa siempre ha sido inculta por naturaleza. La ciencia es lo que la filosofía aspiraba ser, pero acabó convirtiéndose en el furgón de cola del tren del conocimiento.

Saludos.

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