lunes, 24 de octubre de 2011

Ética y civismo

Alberto Giacometti, Tres hombres que caminan, 1948
Enseñar civismo es enseñar ética, una materia que –como dijeron los griegos– no se enseña con los mismos métodos que se utilizan para enseñar las demás materias, como la geometría o las matemáticas. La mejor manera de enseñar ética o civismo es a partir del ejemplo. El civismo se transmite no con teorías o normas de conducta, sino siendo cívico, creando un entorno que favorezca las actitudes cívicas. El civismo significa “civilidad”, ser civilizado o contribuir a que la convivencia cotidiana sea pacífica y agradable. Una manera algo anacrónica de hablar de civismo es hacer referencia a la “buena educación” o a la “urbanidad”, una asignatura que hace tiempo que desapareció de las escuelas. Sea como fuere, se trata de enseñar a cultivar y estimar las formas de respeto hacia los demás, desde las más externas, como saludar con propiedad, a las más internas que se manifiestan al hacerse cargo del sufrimiento de los demás. La regla de oro de la moralidad, desde Confucio, es la que dice: “lo que no quieras para ti no lo quieras para nadie”. Lo que nos ha llevado a insistir en el valor del civismo ha sido el convencimiento de que esta regla empieza a ser ignorada.

La educación, para inculcar actitudes cívicas, tiene que ir contracorriente; tiene que luchar contra una sociedad que fomenta la vida cómoda y fácil, el placer inmediato, que valora, por encima de todo, el poder adquisitivo del dinero y el éxito personal a cualquier precio. La clase de persona que se forma espontáneamente en las sociedades desarrolladas no es el ciudadano, sino el consumista. Ganarse bien la vida para poder comprar todo lo que apetezca es lo que da sentido a la vida, el símbolo del éxito y de que no somos unos seres frustrados. El individualismo, que no tendría que ser un concepto negativo, si se entiende como la importancia central concedida al individuo, es contraproducente cuando se convierte en puro egoísmo. Sin una educación que enseñe a vivir de otra manera, la persona aprenderá sólo a pensar sí misma y en sus intereses, y no en el bienestar de los demás. Da lo mismo que los medios de comunicación nos muestren cada día la miseria y el sufrimiento de los demás; olvidarlos es tan fácil como apagar la televisión.

La sociedad de consumo no ayuda a inculcar civismo, y tampoco lo hace la sociedad liberal. Poder disfrutar de las libertades de las que disponemos es, sin duda, un progreso. Ahora bien, el concepto de libertad más difundido es el que considera que ser libre quiere decir no estar sometido a normas que limitan la libertad. Se trata de una concepción negativa de la libertad según la cual soy libre de hacer todo lo que las leyes me permiten hacer. Si vinculamos esta idea de libertad con el hecho de que vivimos en sociedades plurales, en las que cada vez tenemos más posibilidades de escoger formas de vida diferentes porque todas están igualmente permitidas y se consideran asimismo buenas, el resultado es una sociedad sumergida en lo que Durkheim denomina “anomia”. La ausencia de normas, o de referentes claros y sólidos, nos provoca una incertidumbre que muy fácilmente se convierte en indiferencia. La indiferencia de “todo vale lo mismo” siempre que la elección sea libre.

Victòria Camps: El sentido del civismo

Dejo este texto de la filósofa española Victòria Camps para presentaros un recurso que he conocido a través del Rincón didáctico de Ciudadanía, Filosofía y Psicología de la Junta de Extremadura y que os puede resultar de gran utilidad. Se trata de un libro digital de Ética y Ciudadanía que puede visualizarse on-line o descargarse para trabajar en el ordenador sin necesidad de tener conexión a Internet, estructurado en 12 unidades didácticas, y que recogen los contenidos fundamentales que vamos a tratar durante este curso. Cada una de estas unidades consta de las siguientes partes:
  • Antes de empezar: página presentación del tema, donde se muestran los objetivos y una escena que trata de captar la atención del alumno.
  • Contenidos: contenidos teóricos breves y claros, junto a ejemplos interactivos para el alumnado. Lo complementan una serie de ejercicios para descargarse.
  • Ejercicios: colección de ejercicios de la unidad didáctica, con la ventaja de que el alumno puede autocorregirse.
  • Autoevaluación: ejercicios sin solución para que el alumnado evalúe sus conocimientos del tema.
  • Para enviar al tutor: permite enviar por email los resultados de los ejercicios al profesor.
  • Para saber más: información adicional relacionada con el tema.
Además, estas unidades pueden descargarse en formato PDF, para que el alumno las pueda imprimir y consultar.

Podéis acceder al libro pulsando sobre la imagen que os dejo más abajo. También os facilito el enlace al capítulo de la serie Pienso, luego existo, dedicado a esta gran especialista en ética que es Victòria Camps. Para ella,“la ética tiene que tender a la universalidad”, los grandes valores éticos “deberían serlo para todo el mundo, deberían ser universales. Y tiene dos componentes para ella muy importantes: el crítico, “de insatisfacción respecto a lo que hay” y de esperanza, “de decir, bueno, es posible cambiar las cosas, es posible ir cambiando, ir mejorando”. “Si no confiamos un poco en eso, si no esperamos en nuestra capacidad para mejorar, la ética no tiene ningún sentido”.


 Victòria Camps: la ética y el sentido común

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