martes, 18 de octubre de 2011

El destino del alma en Platón: Er, el armenio

Orfeo. Fuente de la imagen
El mito del alma desterrada contiene por excelencia el principio, la base y la promesa del «conocimiento», de la «gnosis». Los órficos que, según Platón, dieron nombre al «cuerpo»; por el mismo hecho, lo dieron también al alma. Ahora bien, ese acto por el cual el hombre se percibe a sí mismo como alma, o, mejor dicho, se identifica a sí mismo como su alma y considera a su cuerpo como extraño, como algo distinto de sí –distinto de la pareja alternante de la vida y de la muerte–, ese acto purificador por antonomasia es el conocimiento. En esta toma de conciencia, en que el alma desterrada despierta a sus propios ojos, se encierra toda la «filosofía» de corte platónico y neoplatónico: así como el cuerpo es deseo y pasión, así el alma es el origen y principio de todo aislamiento y distanciamiento del logos con relación al cuerpo y su pathos; y todo conocimiento de cualquier cosa que sea, toda ciencia de cualquier materia que sea, se basa en ese conocimiento del cuerpo como deseo y de sí mismo como pensamiento, como el polo opuesto del deseo.

Paul Ricoeur: Finitud y culpabilidad

La importancia del orfismo ha sido fundamental a lo largo de la historia religiosa y filosófica de la cultura griega, constituyendo un eslabón indispensable para comprender el nacimiento de la filosofía. El sentido y la originalidad de esta mitología, unida a la “iniciación” de Orfeo, es del todo familiar: el alma, de origen divino, está exiliada en un cuerpo del que hay que liberarla. En el ser humano existe, pues, una ruptura en dos partes irreconciliables, que separa la inmortalidad de su “alma” de la corrupción de su cuerpo. Se trata, pues, de un mito que relata cómo el acontecimiento de la “mezcla” inaugura la humanidad del hombre. Esta oposición íntima del ser humano consigo mismo debe entenderse a partir de la figura de los Titanes. Estos, crueles y envidiosos, se lanzaron sobre Dionisos, despedazándolo para, a continuación, cocinar sus restos e ingerirlos. Zeus, como castigo, los fulminó, y de sus cenizas nació la raza de los hombres. El ser humano es, por tanto, carne y sangre de Dionisos: aspira a coincidir con su propia naturaleza divina. Pero, por otro lado, también es cuerpo y sangre de los Titanes: impetuosos, violentos, desordenados y tendentes al crimen y al odio. Este asesinato fantástico significa tanto la muerte de los dioses, como nuestra participación en la propia divinidad.

Es así como se comprende la importancia del destino del “alma” en los mitos órficos: ésta trae consigo un mal anterior que tiene que expiar en el cuerpo. El cuerpo no es más que el instrumento de esta expiación, el lugar de exilio para el alma culpable y responsable, además del lugar de las tentaciones, la contaminación y la infección. Desde estas coordenadas intelectuales, la única “salvación” posible es la siguiente: el alma exiliada no puede abandonar su lugar de prisión a no ser por el “conocimiento” de su propio destierro y la voluntad de salir del mismo. En el conocimiento radica, pues, la purificación.

Como hemos visto en clase, Platón se mueve dentro de este esquema órfico, heredado de los pitagóricos. El mundo divino y perfecto es asimilado al mundo inteligible, donde se encuentran las Ideas. El alma, consecuentemente, se emparenta con ellas, ya que pertenece al mundo inteligible. Pero, en su unión con el cuerpo, el alma ha olvidado su origen y el mundo de las Ideas. Esta es su caída y su pecado: el olvido. Y, por tanto, es la ignorancia, la ausencia de conocimientos, lo que nos revela su estado de imperfección. Paralelamente, su purificación es al mismo tiempo ética y teórica. Ética, ya que consiste en el dominio de las pasiones y el cuerpo por parte de la razón. Teórica, porque este dominio sólo es posible cuando la razón busca el conocimiento y el hombre se convierte en filósofo.

Platón trata este tema del destino del alma en un conjunto de mitos en el Fedro, el Gorgias, el Fedón y la República. Al morir, el alma inmortal no vuelve a su mundo, pues no lo recuerda, y se va reencarnando sucesivamente en diferentes cuerpos dependiendo de la perfección alcanzada en la vida anterior. Sólo cuando la psique se ha desvinculado del cuerpo y de sus pasiones y conoce el mundo de las Ideas, recuerda el alma su origen y vuelve al mundo divino del que proviene.

Uno de los mitos más elaborados se halla al final de la República y se conoce como el mito de Er, el armenio. Nos habla de un hombre imaginario que resucitó a los diez días de su muerte con el recuerdo del viaje hecho por su alma. Recogiendo una de las tesis más características de la religión órfica, la transmigración de las almas, que están condenadas a encarnarse hasta que alcancen la purificación y perfección; se afirma, aquí, esa misma “metempsícosis”, producto del juicio llevado a cabo por los dioses y según el cual se nos recompensa o castiga por nuestra vida pasada. Os dejo el mito completo y un par de enlaces para que profundicéis en esta interesante cuestión.

4 comentarios:

Borja dijo...

Estimado compañero, si no te importa, enlazo tu entrada en mi blog, para uso y disfrute de mis alumnos.
Imprescindible la referencia al orfismo para comprender a Platón y al pitagorismo.
Un saludo cordial

Eugenio Sánchez Bravo dijo...

El mito de Er está también muy presente en el mundo del cine. Todas estas películas en que alguien muere unos instantes y vuelve a la vida hablando de sus experiencias (expiación, serenidad...). Resucitan igual que Er contando historias. La muerte se presenta como un viaje del que puede hacerse un relato a la vuelta, como si fuesen unas vacaciones. La idea de la muerte como un viaje (Atapuerca, Nenadertal, Egipto...) Decía Nietzsche que Platón había traicionado el materialismo griego con esas ideas de Egipto.

Flatliners (Línea mortal, Schumacher, 1990) tenía basntante del desprecio órfico al cuerpo en el carácter del protagonista. Hay muchas más pero esta la vi hace veinte años y me trae buenos recuerdos.

Saludos.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Por supuesto que no me importa, Borja. Al contrario, encantado de que esta entrada te resulte de utilidad. Un saludo para ti también.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Interesante apreciación, Eugenio. La verdad es que esta vieja idea de regresar de la muerte para contarlo es un tema que da mucho juego. La película de Joel Schumacher me gusta regular, pero la idea era muy buena. Por cierto, he sabido que se está preparando un remake de la misma. Ya veremos.

Un saludo.

Publicar un comentario

En “Angelus Novus” cualquier opinión, sugerencia o comentario serán muy bien acogidos. No serán publicados, sin embargo, los mensajes injuriosos, discriminatorios o con un lenguaje inapropiado.

¡Muchas gracias!

Ir Arriba