sábado, 8 de octubre de 2011

Aprender a morir

Steve Jobs, fuente de la imagen
Cuando tenía 17 años leí una cita que decía algo parecido a "Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable que algún día hagas lo correcto". Me impresionó y en los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: "Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer?" Y cada vez que la respuesta ha sido "no" varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.

Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque casi todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solo aquello que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón. […]

Al haber vivido esta experiencia, puedo contarla con un poco más de certeza que cuando la muerte era puramente un concepto intelectual: Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo, no quiere morir para llegar allá. La muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y es como debe ser porque la muerte es muy probable que sea la mejor invención de la vida. Es su agente de cambio. Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo. Ahora mismo, vosotros sois lo nuevo, pero algún día, no muy lejano, seréis los viejos. Y seréis eliminados. Lamento ser tan trágico, pero es cierto. Vuestro tiempo tiene límite, así que no lo perdáis viviendo la vida de otra persona. No os dejéis atrapar por dogmas, no viváis con los resultados del pensamiento de otras personas. No permitáis que el ruido de las opiniones ajenas silencie vuestra voz interior. Y más importante todavía, tened el valor de seguir vuestro corazón e intuición, porque de alguna manera ya sabéis lo que realmente queréis llegar a ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una asombrosa publicación llamada The Whole Earth Catalog, una de las biblias de mi generación. […] En la contraportada de la última edición, había una fotografía de una carretera en medio del campo a primera hora de la mañana, similar a una en la que estaríais haciendo dedo si fuerais así de aventureros. El pie de foto decía: "Seguid hambrientos. Seguid alocados". Fue su mensaje de despedida. Siempre lo he deseado para mí. Y ahora, cuando estáis a punto de graduaros para empezar de nuevo, es lo que os deseo. Seguid hambrientos. Seguid alocados".

Steve Jobs: Discurso de graduación del 12 de junio de 2005 en la Universidad de Stanford

Platón defendía en el Fedón su idea de la filosofía como una forma de purificación del alma y preparación para la muerte. Filosofar sería, por tanto, aprender a morir. Y Steve Jobs supo morir pero, sobre todo, supo vivir hasta el final, como se desprende de este famoso discurso de Stanford que podéis leer completo aquí. No dejan de sorprender estas sabias palabras, que constituyen toda una reflexión sobre la muerte, de boca de uno los personajes más influyentes de nuestro tiempo y paradigma del triunfador hecho a sí mismo. En el Facebook de la revista Filosofía Hoy se han planteado las siguientes cuestiones: ¿El aliento cercano de la muerte te cambia la vida? ¿Qué rectificarías ahora mismo si supieras/pensaras que vives tus últimos días? Estas son algunas de las respuestas que ha suscitado tan interesante debate. ¿Qué pensáis vosotros? Os dejo también el vídeo del discurso y el famoso anuncio del Macintosh 128K de Apple, en 1984 dirigido por Ridley Scott e inspirado en la novela 1984 de George Orwell. Todo un clásico de la publicidad.






Erlich, El País, 8/10/2011

4 comentarios:

Jose Martínez 1ºBach. dijo...

Sin duda Steve Jobs fue un gran hombre, que supo aprovechar sus últimos suspiros de vida para dejar un legado digno de admiración. Y cuando hago referencia a este legado no me refiero a los avances tecnológicos que pudiese dejar en Apple, sino en la forma en la que admite la muerte como una parte natural de la vida (refiriéndose a esta como a un ciclo), la cual acepta de algún modo para intentar exprimir al máximo sus últimos amaneceres.

Prueba de esta filosofía con la que toma sus últimos días es la frase: "Seguid hambrientos. Seguid alocados". Supongo que a cada persona le despertará una opinión diferente, pero a mi me proyecta una especie de herencia a la generaciones futuras. Creo que quiere decir, que debemos afrontar la vida sin miedo, corriendo riesgos cuando los creamos necesarios e intentando dejar también una pequeña parte de nosotros para la posteridad.

En cuanto a las preguntas planteadas en el debate de Facebook:
¿El aliento cercano de la muerte te cambia la vida? - Quizá no pueda saber exactamente, como esa experiencia puede cambiar tu modo de ver la realidad, pero creo que una vez se
vislumbra la muerte cambia la perspectiva con la que te pueden importar cosas tan insignificantes como son la causa de algunas de nuestras estúpidas preocupaciones de hoy en día. Puedo suponer que algo así, conseguiría hacernos desear, emplear a fondo, el poco tiempo restante de nuestra vida, pero quizás también nos haría arrepentirnos del tiempo que malgastamos, o de las erróneas decisiones que pudimos tomar en el pasado.
Sinceramente, (y sin desear de ninguna manera la muerte a nadie) creo que a la mayoría de gente nos vendría bien tener ese sentimiento de final de vez en cuando, para analizar un poco el rumbo por el que llevamos nuestras vida o como la afrontamos antes las adversidades.

Ángela Egea dijo...

Queremos hacer algo que no hemos hecho hasta ahora, aquello que tenemos pendiente: ¿Al llegar la última hora estaremos satisfechos? ¿Es importante morir sintiéndose realizado? ¿Hay alguna diferencia? ¿Por qué querer pasar bien ese último minuto, si sólo será un minuto? ¿Vale la pena esa sensación que sólo podremos experimentar una vez? Al final quizá la sensación sea la misma: ninguna.

La cuestión es el valor que adquieren los últimos momentos con respecto a los vividos anteriormente, pues, si por ejemplo, se acerca nuestro fin con 60 años pero tenemos el buen recuerdo de un viaje realizado cuando contábamos con 20 años, hemos gozado de 40 años para disfrutarlo, para rememorarlo acariciándolo y saboreándolo. Si nos queda una hora de vida ¿Qué diferencia hay entre hacer algo y no hacerlo? La verdad, no lo sé.

Raquel Egea dijo...

Somos la única especie que sabe que va a morir, y es lo que nos diferencia del resto de animales. Tenemos la capacidad de poder elegir nuestros proyectos de vida y llegar así a nuestra máxima felicidad, o intentarlo. Sabemos que somos mortales, le tenemos miedo a la muerte, es un hecho.

Cuando te diagnostican una enfermedad, vemos la muerte de cara, y empezamos a cuestionarnos el tiempo que nos queda y en qué podemos emplearlo.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que somos más frágiles que nunca y que debemos vivir el tiempo que nos quede como si del último se tratara...

Cuando te vienes a dar cuenta que nos has aprovechado bien tu vida , los años ya han pasado, piensas en lo que has hecho, en lo que no, en lo que has dejado escapar, en tus buenos momentos, en los malos, alegrías, penas… Somos eso, un conjunto de recuerdos que vive en nosotros mientras que existamos y se van con nosotros hasta nuestro final, quedando así en el recuerdo de otras personas.

He de decir, también, que no por saber que un día aquí no estaremos debemos hacer las cosas sin pensar por el mero hecho de poder justificarlo con “vida solo hay una” y disfrutar en ese sólo instante sin pensar en el futuro, tiene sus límites, como todo, y lo mejor está en escoger un término medio como decía Aristóteles, nunca los extremos.

Steve Jobs revolucionó el mundo tecnológico, no cabe duda, todo a base de esfuerzo y trabajo. Gracias a él, hoy, millones de personas gozan de sus productos y de las facilidades de manejo que lleva consigo, de la innovación. No tuvo una vida fácil, pero tuvo la fortaleza de seguir adelante y seguir creando para satisfacer a un público latente y cada vez más numeroso. Con cincuenta años le diagnostican cáncer de páncreas con el que luchó durante varios años, no se rindió, siguió en sus proyectos hasta que el cuerpo aguantó. A pesar de los tantos medios con los que contaba, murió como uno más, pero “Aprendió a morir” aprovechando al máximo sus últimos años. Ahora, son sus buenos momentos y actos con los que nos quedamos, los que mantienen con vida al autor, hacerlo presente, sin dejarlo en el olvido.

Nos damos cuenta entonces, que el tiempo no espera ni perdona a nadie, no hace excepciones
“Polvo somos, y en polvo nos convertiremos”

Anónimo dijo...

Somos el tiempo que nos queda. Es lo que trató STEVE JOBS transmitir a los jovenes en ese discuso... Cada día hay que buscar las pequeñas metas y tratar de consiguirlas. Solo así uno puede vivir y aprender a murir.

Vivir al límite parece ser la forma de vida del s.XX y XIX. Creo que las grandes cosas estan en los pequeños detalles. Cada día tenemos unos 86400 segundos de los que podemos desfutar y compartir con los demás.

Como dice aquí un poeta:
(...)No pierdas en tiempo tirando de lo malo,
desfuta de cada día, porque es un regalo(...)

De la cuna a la tumba solo hay unos metros!!

A Steve, para mí, siempre será el americano de padres inmigrantes que revolucionó el mundo de las tecnología. Un ejemplo a seguir.
Soufiane

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