sábado, 19 de marzo de 2011

Astenia primaveral

Forges, El País, 18/03/2011
El caso es que se acerca la primavera, con sus brotes alérgicos y sus alteraciones sanguíneas, y no solo el Estado no ha vuelto (al contrario, parece más bien estar en paradero desconocido) y la hora de la política se aleja a pasos agigantados a favor de la de la economía en su acepción más siniestra, sino que las fotos de los líderes de la derecha festejando con cava y habanos su cobro actual o inminente del despojo de la crisis dejan una impresión amarga: los grandes beneficiarios políticos del descalabro van a ser los únicos que parecen tener un discurso apropiado a las sombrías circunstancias. El discurso de la liquidación del Estado de bienestar por motivos contables, el que concibe la Administración del Estado con los mismos criterios que la gestión de una empresa (y aun como sumisa a los dueños de las grandes empresas) o el sistema educativo entero como correa de transmisión de las exigencias de ese lobby económico; ahora que todo el mundo clama por una juventud ahormada a las necesidades del mercado de trabajo, vemos lo rápido que se nos ha olvidado que en el antiguo régimen las gentes estaban mucho mejor adaptadas a las exigencias laborales -tanto que tenían que ponerse a trabajar en cuanto estaban físicamente maduras para ello, como el Lazarillo- de lo que lo estuvieron después, cuando la revolución ilustrada y la escuela pública les dieron una tregua que les permitía acceder al saber, corregir algunas desigualdades y encontrarse por unos años a salvo de la feroz lógica del beneficio (pues, como escribe Martha Nussbaum en Sin ánimo de lucro, un mundo en el que la ganancia es el único objetivo es un mundo tan pobre que no merece la pena vivir en él). Pero lo más fatigoso es que ese discurso es justamente el que nos ha traído hasta donde estamos en este preciso momento, como si la salvación nos la fueran a proporcionar quienes provocaron el naufragio y a base de profundizar las vías de agua. Y mientras tanto, se diría que la izquierda se ha limitado en los últimos tiempos a remedar ese sermón con algunas variantes y a oscilar entre el populismo y la demoscopia.

Una ola de desconfianza recorre el mundo, pero no es únicamente desconfianza económica sino ante todo pérdida de legitimidad de la política, desconfianza en la vida pública y en la acción institucional, desconfianza de todos respecto de todos agravada por las privaciones, en espera de un nuevo pacto social que se adivina difícil, puesto que quienes tendrían que promoverlo son aquellos mismos que han destruido el antiguo justamente con su concepción miserable de la política y de la vida pública. El "sálvese quien pueda" que anima los mercados parece reinar también en el espíritu de la Unión Europea, en el de las Naciones Unidas y hasta en el de la sociedad civil de cada uno de sus miembros: "El temor, la defensa, / el interés y la venganza, el odio, / la soledad: he aquí lo que nos hizo / vivir en vecindad, no en compañía", escribía Claudio Rodríguez. Y la primavera, ajena a las limitaciones de velocidad, nos ha pillado desprevenidos.

José Luis Pardo, Días de invierno, El País, 19/03/11

Fatiga, cansancio y debilidad física y psíquica. No podemos sentir otra cosa ante las noticias económicas y políticas que se suceden en esa ya monótona melopea que pretende convertir la esclavitud en un privilegio solo al alcance de unos pocos. La democracia se muestra cada vez más incapaz de domesticar a un capitalismo cada vez más alejado del ideal de una justicia social que le proporcione firmeza a todo el sistema. Además, el modelo del ciudadano-consumidor satisfecho, el que permitió enmascarar la situación durante tantas décadas haciéndole creer que vivía en el mejor de los mundos posibles, se está agotando. De ahí la pérdida de legitimidad de la política, como bien señala José Luis Pardo, y la absoluta desconfianza en la vida pública y en las instituciones que acabará por hacer despertar de su letargo a una ciudadanía cada vez más consciente de vivir encadenada en una caverna que se está resquebrajando.

Hay muchas voces que se alzan para sacudirnos de esa astenia paralizante que nos hace sentir como al Gregorio Samsa de Kafka: insectos repulsivos solo preocupados en trabajar y ganar dinero e indiferentes ante lo que en verdad nos hace humanos. Una de ellas es la de Arcadi Oliveres, como se puede comprobar en esta intervención en Contrattacando, donde arremete contra esta economía de la avaricia que se está llevando por delante todas las conquistas sociales conseguidas en el pasado. Os recomiendo también la visualización de Inside job, la comprometida cinta de Charles Ferguson que se ha hecho con el Óscar al mejor documental de 2010. En Aula de filosofía podéis leer una reseña y acceder a un elaborado cuestionario sobre dicho documental. Como dice José Luis Sampedro en el prólogo a la edición española del ¡Indignaos! de Stéphane Hessel: “Hoy se trata de no sucumbir bajo el huracán destructor del «siempre más», del consumismo voraz y de la distracción mediática mientras nos aplican los recortes”.



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