jueves, 3 de febrero de 2011

Tian'anmen en el Nilo

Bennett, Fuente
Nada más ser aceptado en la Facultad de Derecho entró en el mundo de la política. Se adhirió sucesivamente a todas las organizaciones políticas del régimen: la Organización para la Liberación y la Unión Nacional, después la Unión Socialista y la Organización de Vanguardia, a continuación la Plataforma de Centro, el Partido de Egipto y, finalmente, el Partido Patriótico.

Durante todos estos cambios siempre fue uno de los más celosos defensores de los principios del partido del Gobierno y una de sus figuras más representativas. En la época de Nasser dio conferencias y escribió obras sobre la necesidad ineludible del socialismo como obligación histórica. Cuando el Estado se convirtió al capitalismo, se transformó en uno de los más fervientes partidarios de la privatización y el libre mercado y lanzó desde el Parlamento una campaña contra el sector público y las ideas de izquierdas en general.

Era uno de los pocos políticos egipcios que había conseguido conservar su escaño en el Parlamento durante más de treinta años seguidos. Si bien es cierto que las elecciones en Egipto siempre son manipuladas en favor del partido gobernante, no es menos cierto que El Fouli gozaba de un verdadero talento político que le permitiría sin lugar a dudas ocupar los más altos cargos del Estado incluso en una sociedad democrática. Sin embargo, este talento innato, como sucede con muchos otros dones en Egipto, se corrompe, se deforma y se entremezcla con mentiras, hipocresías y engaños. El nombre de Kamal el Fouli llegó a representar en la mentalidad de los egipcios corrupción y falsedad.

Fue ascendiendo cargos en el partido hasta llegar a la Secretaría de Organización del Partido Patriótico, y se convirtió en el principal árbitro de las elecciones en todo Egipto. Elegía y rechazaba a su voluntad a los candidatos del partido y supervisaba personalmente el proceso electoral desde Alejandría hasta Asuán. Recibía enormes sobornos de los aspirantes para que favoreciese sus intereses electorales. Al mismo tiempo, encubría esta corrupción con todo tipo de trucos, como ofrecer favores y privilegios que generaban millones a los políticos más importantes.

Alaa Al Aswany: El Edificio Yacobián

Impresentable lo que está ocurriendo en El Cairo. Como dice Maruja Torres, es Tian'anmen a la egipcia. Mubarak ha sacado a sus sicarios a la calle y Egipto es un polvorín, ante la mirada pusilánime de Israel, Estados Unido y la Unión Europea. Quizá en espera de que todo vuelva a su cauce mediante la exigencia de una transición hacia el mismo sitio: el propio Mubarak o alguien como él, un Kamal el Fouli cualquiera. Los jefes de Gobierno de España, Francia, Alemania, Reino Unido e Italia han emitido una declaración conjunta en la que condenan la violencia e instan al líder egipcio a iniciar de forma inmediata un proceso de transición hacia la democracia. ¿Democracia para Egipto? ¿Quién ganaría unas supuestas elecciones ‘libres’? La verdad es que lo único que se puede sentir es vergüenza, como afirma hoy Maruja Torres en El País:
Transición. Hermosa palabra. Cuántos crímenes se cometen en tu nombre. Ahora mismo se perpetra uno en Tahrir Square y sus alrededores: es decir, en todo Egipto. Tahrir ha sido el corazón de la protesta y sus criaturas resisten bravamente, pero todos sabemos que los esbirros de Mubarak -algunos los llaman partidarios: cómo no lo van a ser- vencerán. Nos tienen a nosotros detrás. A Estados Unidos y su novia de toda la vida, Israel, y a este carcamal medio paralizado y enmudecido que llamamos Unión Europea.

El sapo tirano ha escupido sobre todos nosotros y nos ha inmovilizado. No le ha hecho falta saliva. En el fondo, todos sabemos cuál es su arma suprema, de qué se sirve para tener a Obama y a sus siervos en el bolsillo: islamismo. Uhhhhhhh, que vienen los islamistas.

Nunca lo sabremos. Nunca les damos la oportunidad, a esos pueblos, de decidir por sí mismos. Y si se la damos, tampoco les permitimos decepcionarse y rectificar en las urnas, como hacemos nosotros. Sucedió en Argelia, y vino un baño de sangre.

Era fundamental que Egipto resultara un ejemplo. El pueblo lo deseaba y se sentía orgulloso, tras la estela de Túnez pero en grandioso. No podían comunicarse entre sí, el sátrapa ordenó aislarles de Internet, del teléfono móvil. Pero ellos se veían, se sentían, se sabían. Han presenciado demasiadas veces esta épica, protagonizada por otros, para ignorar que hacían historia.

Pues bien, ya lo sabéis. Ejemplarmente, Egipto va a ser sometido a los deseos de los queridos amigos de Occidente y su palanganero local. Habrá más islamistas que nunca, nos odiarán más que antes.

Y nosotros continuaremos impávidos, como esas palmeras de plástico que Mubarak hizo poner en El Cairo para camuflar las antenas de los celulares luego enmudecidos. Inmóviles, sin que ningún viento nos sacuda. Aborrecibles.

No se puede decir más claro.


Manel Fontdevila, Público, 3/2/2011

3 comentarios:

Eugenio Sánchez Bravo dijo...

Hola José Ángel, me alegra que hayas escrito esta entrada tan de actualidad. Comparto totalmente tu punto de vista. Lo que de verdad asustaba a Occidente era no ver en las calles a Al-Qaeda, ni a terroristas suicidas, sino a un pueblo luchando por su libertad. Ya no podían usar el terror para manejar a su antojo la política internacional.

Ahora Mubarak ha sacado a la calle a sus sicarios. Quiere "despertar a la serpiente", "soltar los perros de la guerra" para eternizarse en el poder. Quizás lo consiga.

Un saludo, y gracias por una entrada tan sensata.

A modo de homenaje

Tiananmen

Jake dijo...

Me alegro que hayas optado por una entrada de actualidad candente: en este caso relacionado con la moralidad política mundial. Es una asunto que me estoy dándole muchas vueltas esta semana. Precisamente, una semana antes de las revueltas de Túnez compré un libro de Amin Maalouf que analiza los "desajustes del mundo". Un libro que creo es imprescindible para comprender toda la situación actual. De todas maneras agradezco muy mucho que los profesores de filosofía, y en este caso, tanto Eugenio como tú, expreséis los puntos de vista para que sirvan de reflexión a los alumnos, pues la filosofía está candente en toda la actualidad de pleno en su reflexión sobre la realidad.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Recuerdo una viñeta de El Roto en la que se podía leer “Instituto superior de filósofos mudos”. El Roto tan acertado como siempre. La lechuza de Minerva solo emprende el vuelo en el ocaso. Yo no soy filósofo, soy un simple transmisor de nuestra herencia cultural, de la poca que he sido capaz de asimilar, y siempre intentando sacarle el máximo partido posible: es mi posesión más valiosa, la única. Quizá por eso siempre me he negado a hablar del presente desde una perspectiva histórica: para eso, mejor el silencio. Por mucho que veamos que la realidad solo nos puede conducir a la mudez, es una obligación moral utilizar nuestra capacidad de hablar para desenmascarar todo aquello que suponga una merma de todas esas cosas que nos hacen verdaderamente humanos, empezando por la dignidad. La lechuza no puede iniciar su vuelo cuando la historia ha quedado libre de las cagarrutas que ella misma ha defecado: debe volar con ellas, sortearlas y despejar el camino en la medida que pueda. No debemos, por tanto, abstraernos de un presente que siempre contiene las semillas del futuro. Lo que está pasando en Egipto, y en todo el norte de África (y en Islandia, y en Murcia, y en...), es mucho más importante que lo que los medios de comunicación (al servicio del poder) nos quieren hacer ver. Es muy importante denunciar la extrema vileza con la que estos dos poderes se están enfrentando a esta todas estas situaciones. Solo produce pasmo y vergüenza ajena.

Eugenio y Jake, me alegro mucho de que os haya gustado esta entrada: era una de esas obligaciones morales de las que hablaba. Sin embargo, el mérito es de Maruja Torres (qué bien escribe la jodía); pero lo importante es constatar que, aunque a veces nos sintamos solos en nuestras reflexiones y desazones, siempre hay alguien (aunque sea al otro lado) con quien compartirlas. Hoy, las alas de la lechuza de Minerva son más grandes que han sido nunca. Y, gracias a Internet, ya no se despliegan al atardecer, sino al comenzar el día. Gracias por estar ahí.

Un muy afectuoso saludo.

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