martes, 8 de febrero de 2011

¿Eran monstruos?

Marc Chagall, La crucifixión blanca
La historia nos presenta ejemplos de matanzas desenfrenadas y esclavización de masas humanas en procesos de conquista y colonización. Ni siquiera los campos de concentración fueron una invención de los nazis. Lo verdaderamente peculiar de la dominación totalitaria queda ejemplificado en el cambio que se produjo cuando el control de los campos pasó de las SA a las SS. Arendt lo caracteriza en estos términos:

“El verdadero horror comenzó cuando los hombres de las SS se encargaron de la administración de los campos. La antigua bestialidad espontánea de la SA dio pasó a una destrucción absolutamente fría y sistemática de los cuerpos humanos, calculada para destruir la dignidad humana por la SS. La muerte se evitaba o se posponía indefinidamente. Los campos ya no eran parques de recreo para bestias con forma humana como las camisas pardas, es decir, para hombres que realmente correspondían a instituciones mentales y a prisiones; se tornó cierto lo opuesto: se convirtieron en «terrenos de entrenamiento» en los que hombres perfectamente normales eran preparados para llegar a ser miembros de pleno derecho de las SS”

La historia nos proporciona diferentes encarnaciones del mal con una pléyade de motivos humanos. El agente del mal se suele mover por orgullo, envidia, odio o resentimiento. Y en este marco explicativo pueden encajar las brutalidades de las SA, pero no la fría y sistemática ejecución masiva perpetrada por las SS. Lo que Arendt destaca es que el agente del mal ejemplificado por las SS no obraba por ningún motivo de esta naturaleza. Él se veía a sí mismo como instrumento de un programa de eliminación de lo humano del que formaban parte el asesinato y la tortura como simples técnicas de gestión o como efectos colaterales exigidos por el funcionamiento del sistema.

Arendt considera esta forma de mal como una manifestación nueva: de una parte, porque se muestra reticente a las categorías tradicionales, que explican las formas extremas del mal como perversiones de sentimientos humanos; de otra, porque responde a objetivos inéditos, que se resumen en la destrucción de la idea misma de humanidad.

¿Por qué lo hicieron? En "Memoria del mal, tentación del bien" Tzvetan Todorov advierte que la dificultad que plantea explicar y comprender los crímenes nazis puede inducir a situarlos fuera del umbral de lo ‘humano’ y a relegarlos al plano de lo ‘bestial’ o lo ‘monstruoso’. Pero calificar a tales individuos como monstruos los sitúa inmediatamente al otro lado de la línea. Algo demasiado cómodo. “Eran monstruos, o estaban locos” son afirmaciones que vienen a tranquilizar nuestras conciencias y a finiquitar toda reflexión. Pero tal actitud nos deja de nuevo a la intemperie ante futuros acontecimientos similares. Ni eran monstruos ni estaban locos.

¿Por qué lo hicieron? La pregunta sigue estando viva, y nos incumbe sobremanera, pues en ella nos jugamos nuestra propia humanidad.


El pasado 27 de enero se celebró el Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. Siempre me ha gustado publicar algo al respecto en este blog, pero con el ajetreo de los últimos días se me pasó por completo. Quiero subsanar este descuido recomendando la visualización de un documental que realizó Jesús Palomar sobre la filósofa y politóloga Hannah Arendt y la polémica visión del mal a la que llegó tras estudiar los totalitarismos del siglo XX y, en particular, el caso del oficial nazi Adolf Eichmann, responsable directo de la "solución final", nombre con el que se bautizó al plan de exterminio sistemático de la población judía europea durante la Segunda Guerra Mundial. Es un montaje casero pero muy interesante. Mi agradecimiento al profesor Palomar por compartir con nosotros este estupendo material. No dejéis tampoco de visitar su interesante blog Filosofía desde el Palomar.

Os dejo también el impresionante documental de 1955 Noche y niebla, de Alain Resnais, a partir de material cinematográfico y fotográfico confiscado a los nazis, tras la victoria del ejército aliado. Contó, además, con la colaboración de Jean Cayrol, ex prisionero de Mauthausen que había publicado un poemario relacionado con aquella terrible vivencia y que daría título al propio documental: Poèmes de la nuit et du brouillard, publicado en 1946. Se trata de un valioso documento historiográfico y uno de los textos más sinceros y emotivos que se han hecho sobre los campos de concentración nazis, aunque no exento de cierta polémica. En cualquier caso, tiene el mérito de afrontar con toda sinceridad algo que aún hoy cuesta trabajo admitir respecto a la barbarie nazi: la responsabilidad colectiva, no solo de la sociedad alemana, y la europea, sino de toda la humanidad.
Hay quienes no lo creen, o sólo de vez en cuando. Con nuestra sincera mirada examinamos esas ruinas, como si el viejo monstruo yaciese bajo los escombros. Pretendemos llenar de nuevas esperanzas como si las imágenes retrocediesen al pasado, como si fuésemos curados de una vez por todas, de la peste de los campos de concentración. Como si de verdad creyésemos que todo esto ocurrió sólo en una época y en un solo país, y que pasamos por alto las cosas que nos rodean, hacemos oídos sordos al grito que no calla.

Rebeca Moreno Escrivá, Glosas a Noche y Niebla


3 comentarios:

Marcos Santos Gómez dijo...

Felicito al autor del blog por su elección y tratamiento del tema. Pensar el Holocausto y el nazismo nos aporta actualísimas claves para comprender su sombra hoy día. Los análisis de Hannah Arendt pueden y deben ser aplicados a nuestra sociedad actual. Yo tiendo a creer que existe un potencial totalitario en nuestro mundo (neoliberal) ante el que hay que estar muy en guardia.

Un saludo cordial,
Marcos Santos

Anónimo dijo...

Buen aporte sinceramente. Una pregunta: qué otro potencial totalitario puede haber. Saludos desde Perú.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Gracias Marcos. Se me había pasado tu comentario: perdona la demora en responderte. Totalmente de acuerdo contigo, como siempre. De hecho, los análisis de Arendt los voy a trabajar con mis alumnos de secundaria, aunque aquí en Murcia, es posible que me acusen de manipulación ideológica; pero creo que es más necesario que nunca en un mundo sometido a otros totalitarismos: la dictadura de los mercados. Dejar los servicios públicos del Estado en manos de ciertos depredadores es despojar a la democracia de su razón de ser. ¿Quién elije a los mercados? ¿Cómo van a responder ante la ciudadanía? Son riesgos reales, Anónimo, y la sociedad en su conjunto sigue mirando hacia otro lado: todos somos responsables. Por no hablar de la vergonzosa actitud de nuestros dirigentes ante los conflictos del mundo árabe, siempre al servicio de los poderes económicos. Que caminamos derechos a nuevas formas de totalitarismo, ante la indiferencia general, es una realidad.

Un saludo.

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