martes, 11 de enero de 2011

“Homo consumens”

Fotograma de Logorama
Se ha desatado desde hace varias décadas una escalada de actitudes consumistas que no parece sostenible en el medio y largo plazo, ni para la naturaleza ni para la propia humanidad. Pareciera que el nuevo modo de entender la naturaleza humana ya no es ninguno de los clásicos, ni homo sapiens, ni homo faber, ni homo ludens, sino más bien homo consumens: varones y mujeres con capacidad para consumir los productos del mercado. El sistema socioeconómico dominante ha invadido buena parte del tiempo y de las energías de las personas, de manera que la actividad de comprar se ha convertido en la actividad central de muchas personas, mientras que otras sueñan con tener la posibilidad de hacerlo. […]

Lo característico de las sociedades consumistas es que en ellas el consumo es la dinámica central de la vida social, y muy especialmente el consumo de mercancías no necesarias para la supervivencia. En estas sociedades se forja un “carácter consumista” que se manifiesta en una serie de hábitos y creencias que no necesitan justificación alguna, porque ya forman parte de las convicciones sociales asumidas en la práctica cotidiana. Dos convicciones de ese tipo son las siguientes: en primer lugar, se da por supuesto que la meta de la economía es incrementar la oferta de bienes y servicios a toda costa, con independencia de que se satisfagan o no las necesidades de las personas o de que se desarrollen o no las capacidades de las mismas. En segundo lugar, la meta de la política se supone que es asegurar un nivel de ingresos cada vez más alto. Los ciudadanos esperan lo mismo de la política y de la economía: que se amplíen cada vez más sus posibilidades de consumo. La razón de tal expectativa es que la elevación del nivel de consumo ha llegado a ser el signo visible del éxito social, hasta el punto de que las personas contemplan su propia autoestima y la estima del prójimo en conexión con dicho nivel de consumo.

Emilio Martínez Navarro: Por una ética del consumo responsable

Decía Erich Fromm que el hombre ha sido transformado en «un Homo consumens, el consumidor total, cuya única finalidad es tener más y usar más. Esta sociedad produce muchas cosas inútiles y, en igual proporción, mucha gente inútil». Precisamente, lo último que estudiamos en Educación para la ciudadanía antes de irnos a unas vacaciones que se caracterizan por el consumismo más extremo e irracional fue, precisamente, lo que conocemos como la ‘sociedad de consumo’ y la mayor herramienta que la sostiene: la publicidad. Así, vimos que la publicidad no es solo la forma más eficaz de estimular los hábitos de consumo de los ciudadanos, sino que también se constituye como un poderoso medio de transmisión ideológica que hace que nos planteemos la necesidad de adoptar una ética del consumo que nos oriente como consumidores autónomos y críticos. Y es que, los anuncios tienen una influencia decisiva en la transmisión de valores y actitudes, en la globalización de los estilos de vida y de las formas de percibir el mundo en nuestras sociedades.

El consumo sin límites no se puede erigir, de ninguna manera, en el centro de la vida social: injusticia, insolidaridad y deshumanización son el resultado de hacer del mundo un gran centro comercial. Por eso, urge el establecimiento de unas nuevas bases políticas, económicas y sociales que hagan posible y que promuevan el desarrollo de otros estilos de vida capaces de fortalecer nuestra propia humanidad, así como de respetar una naturaleza que tiene fecha de caducidad y que, agotada y contaminada por las ansias consumistas de la sociedad, legaremos a las generaciones venideras.

Os dejo un magnífico corto de animación que es toda una parodia del mundo completamente comercial que vivimos. Se trata de Logorama, una oscarizada historia convencional al estilo de las grandes superproducciones hollywoodienses, cargada de estereotipos de la cultura popular cinematográfica, y cuyos protagonistas son más de 2.500 logos y marcas comerciales. Ronald McDonald, Michelín y Mr. Proper, entre muchos otros, dan vida a una historia de buenos y malos con cataclismo natural incluido, muy del estilo de 2012 y otros bodrios que tanto llenan las salas de cine. François Alaux, Hervé de Crecy y Ludovic Houplain, sus directores, nos presentan una obra cargada de ironía que nos incita a reflexionar sobre el absurdo consumista sobre el que se asientan nuestras sociedades. Incluyo también aquí dos excelentes presentaciones realizadas por Alberto Fernández sobre los dos temas que hemos visto hasta ahora en clase: Persona y entorno y Barrios, pueblos y ciudades.



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