jueves, 30 de diciembre de 2010

No somos imbéciles

Ilustración de Marcelo Marchese
Estamos en medio de una crisis de proporciones gigantescas y de enorme gravedad a nivel mundial. No, no me refiero a la crisis económica global que comenzó a principios del año 2008. Al menos en ese momento, todo el mundo sabía lo que se avecinaba y varios líderes mundiales reaccionaron de inmediato, desesperados por hallar soluciones. En efecto, el desenlace para sus gobiernos sería arduo si no las encontraban, y a la larga muchos de ellos fueron reemplazados por causa de la crisis. No, en realidad me refiero a una crisis que pasa prácticamente inadvertida, como un cáncer. Me refiero a una crisis que, con el tiempo, puede llegar a ser mucho más perjudicial para el futuro de la democracia: la crisis mundial en materia de educación.

Se están produciendo cambios drásticos en aquello que las sociedades democráticas enseñan a sus jóvenes, pero se trata de cambios que aún no se sometieron a un análisis profundo. Sedientos de dinero, los estados nacionales y sus sistemas de educación están descartando sin advertirlo ciertas aptitudes que son necesarias para mantener viva a la democracia. Si esta tendencia se prolonga, las naciones de todo el mundo en breve producirán generaciones enteras de máquinas utilitarias, en lugar de ciudadanos cabales con la capacidad de pensar por sí mismos, poseer una mirada crítica sobre las tradiciones y comprender la importancia de los logros y los sufrimientos ajenos. El futuro de la democracia a escala mundial pende de un hilo.

Martha C. Nussbaum: Sin fines de lucro

Ya no es lo que se enseña y cómo se enseña: es peor aún. Los estados nacionales a los que se refiere Nussbaum, por lo menos el nuestro, se han propuesto desmantelar los sistemas públicos de enseñanza para hacer de la educación otro lucrativo negocio que nos retrotraerá a aquellos tiempos en los que recibir una formación de calidad era un privilegio solo al alcance de unos pocos, los que precisamente hoy braman por una enseñanza libre, satanizando de paso todo lo público.

Este funesto año acaba con las mayores manifestaciones que se recuerdan en Murcia desde hace mucho tiempo. El Gobierno de la Región de Murcia ha decidido que la mejor forma de hacer frente a su escandalosa gestión, que ha conducido a esta Comunidad Autónoma prácticamente a la bancarrota, es atacar a los servicios públicos imponiendo un “decretazo” que merma considerablemente los derechos laborales y retributivos de los trabajadores públicos. Dos pilares tan importantes para el desarrollo de cualquier sociedad como son Sanidad y Educación deberán pagar la factura de años de despilfarro incontrolado que incidirá en una mayor depreciación de unos servicios públicos siempre insuficientes y de baja calidad y que afectará al conjunto de la ciudadanía, incluida aquella que tilda de vagos e improductivos, cuando no de auténticos maleantes, a los trabajadores del estado. Es desolador leer o escuchar ciertas opiniones generalizadas que se profieren día sí, día también, sobre la labor de los docentes. Y no solo de los que se pueden permitir una sanidad o una educación privadas, sino también de aquellos que difícilmente tendrían acceso a estos derechos universales, que toda democracia debe garantizar en aras de una efectiva igualdad de oportunidades, si lo tuvieran que pagar de su propio bolsillo.

Que la labor del profesor siempre ha sido ingrata y no reconocida por estos lares es algo que sabemos todos los que nos dedicamos a hacer de nuestros alumnos ciudadanos formados, responsables, críticos y autónomos y no súbditos del poder, los mercados o, simplemente, los prejuicios ideológicos o de cualquier otra índole. Pero este mayúsculo menosprecio administrativo por parte de quienes representan a la soberanía popular, legitimando este lamentable sentir general, linda ya con lo intolerable. Sin una enseñanza de calidad un futuro mejor es impensable. El presidente del Gobierno regional, Ramón Luis Valcárcel, dice que su “verdadera preocupación” es el desempleo “y no el hecho de tener 3.000 personas ó 1.500 asediando mi casa”. Pues sí, es verdaderamente preocupante el nivel de paro que hay en esta región, al igual que es alarmante, y hace años que lo venimos diciendo, el elevadísimo índice de abandono escolar que siempre se ha producido en esta “California” española de la que tanto ha presumido. Tenemos un verdadero ejército de parados sin la más mínima cualificación, y no solo profesional, por decirlo suavemente. Si a esto le añadimos los brutales recortes que han originado esta imprevista protesta que nadie esperaba porque la inercia de estos años ha llevado a la clase política a considerar a los ciudadanos-votantes-consumidores-contribuyentes poco más que unos mansos bueyes dispuestos a uncirse a cualquier yugo a cambio de un falso y efímero bienestar, nos espera un 2011 nada alentador.

Desde aquí quiero manifestar mi total repulsa hacia estas erráticas políticas que solo van a conseguir agravar aún más la situación. Por otro lado, la dignidad profesional no me la quitan ni nuestros politicastros ni ninguna chusma descerebrada y resentida que ha hecho del fraude y la hipocresía su forma de vida. No me considero ningún privilegiado respecto a los demás trabajadores, como se empeñan en transmitir a la sociedad estas estrellas rutilantes del firmamento político murciano, tan preocupadas por la prosperidad de los murcianos: tengo las mismas obligaciones que cualquiera. El único privilegio que poseo, y que elegí libremente en su día, es el de poder enseñar a unos jóvenes inexpertos a ser mejores que sus padres, que yo, a través de la filosofía o de cualquier otra manifestación cultural humana que sea capaz de transmitirles y que les ayuden a buscar su lugar en el mundo. Algunos, pocos, lo recordarán y lo agradecerán siempre. Otros, muchos, con el inestimable apoyo de estas denigrantes políticas educativas (que vienen de muy atrás), se quedarán, como dice Umberto Eco, en un “rebuzno de asno que no asciende al cielo“.

Por esta razón, a pesar de que la rabia y la impotencia que siento me han tentado en numerosas ocasiones durante estas “privilegiadas” vacaciones a cerrar este blog, no lo voy a hacer de momento. Al fin y al cabo, los alumnos no tienen la culpa de las mezquindades de sus mayores, que han dilapidado la herencia de tantas décadas de lucha por una sociedad más sabia y más justa; pero, eso sí, a partir de ahora mi “productividad” va a estar ligada exclusivamente a lo que figura en mi horario de trabajo individual, con la misma profesionalidad, pero ciñéndome únicamente a las obligaciones estipuladas por ley. Se trata, por tanto, de realizar una huelga de celo a la que invito a secundar al resto de los trabajadores públicos en sus respectivas áreas. Os remito a Antes de las Cenizas, donde Felipe Garrido analiza perfectamente la infame situación que está viviendo el profesorado en la Región del despilfarro y la corrupción, y nos propone algunas medidas para ajustarnos a esa productividad que no necesita de reconocimientos sociales y administrativos, ni, mucho menos, de remuneración alguna. Somos profesores profesionales y responsables, muchos con verdadera vocación, pero no somos imbéciles.



6 comentarios:

Jake dijo...

Como este tema de la disminución salarial de los funcionarios públicos, en especial de maestros y profesores -como una de las más civilizadoras de las profesiones - me enerva de tal modo que, ante su desprecio y desdén por todos aquellos que han caído en el más descerebrado e hipócrita sistema del egoísmo capitalista, he decidido enviar este mail a mis conocidos. En él se expone la opinión de un blog al que sigo con asiduidad, pues creo que yo no podía haber dicho ni escrito con mayor sinceridad lo que él dice, cuando dos o tres semovientes, opinan sobre tal o cual cosa, quitando en ellos ipso facto toda la confianza depositada. Espero que no abandones el blog, sino que los uses con la fuerza que ofrece la internet, ya no solo para educar, sino para añadir un grano de arena al único lugar donde aún, no han podido introducir sus grasientas manos: en la libre pensamiento.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Gracias, Jake: te lo agradezco mucho. No se trata solamente de una cuestión de dinero, sino del absoluto desprecio que siente la Administración por una profesión que es indispensable para un funcionamiento medio normal de la sociedad. El tono en el que está redactada esa ley nos coloca a médicos, enfermeros, profesores y demás trabajadores públicos en unos seres privilegiados, vagos y egoístas que no hacen otra cosa que exprimir las cuentas públicas hasta el extremo de llevar a la bancarrota técnica todo el sistema de bienestar social. Somos unos verdaderos criminales por intentar enseñar algo, ahogados entre montañas de papeles, a los muy maleducados niños que llegan al instituto en un audi, con un móvil de última generación y con todos sus libros pagados porque sus padres no llegan al mínimo para declarar a hacienda y que no han admitido en alguno de los muchos centros concertados que existen en esta región y que tanto pedigrí da a las familias.

Murcia es una región insignificante y raramente trasciende algo de lo que ocurre en ella al resto del país. Ni siquiera ‘El País’ ha hecho la más mínima referencia a lo que está pasando estas Navidades en un feudo del PP que nos está adelantando como va a resolver la crisis esta “gente de bien” a nivel nacional. ¡Cómo le están tomando el pelo a la gente! Date una vuelta por Vegamediapress y busca información sobre el nepotismo descarado que reina en Murcia y en qué se han invertido las toneladas de dinero que ha generado la construcción, es decir, la venta de terreno público a quienes ellos han querido. Resort con campos de golf en auténticos secarrales y en los que no vive nadie, autopista a Vera desierta, un segundo aeropuerto en la Región teniendo el de San Javier en la costa y el del Altet de Alicante a 70 Km., tranvías que conducen a los centros comerciales y a la Universidad Católica (ese gran templo de sabiduría) y que no solucionan el problema del tráfico, delirantes y carísimas campañas publicitarias turísticas o emular a la mismísima Bienal de Venecia en Murcia… En fin, un verdadero despropósito que ha contado con el respaldo cómplice de los ciudadanos de esta región. Sin embargo, hay un colectivo que siempre ha estado al margen de estos excesos: los funcionarios, los únicos que tienen una nómina transparente. La cosa es bien sencilla ¿quieres estabilidad laboral a cambio de no hacerte jamás rico y dedicar a ello un montón de años de formación, esfuerzo y dinero para conseguirla? ¿No? Entonces, ¿dónde están los privilegios?

No es el dinero, decía, es la tremenda injusticia que, como dice Felipe Garrido se instala ya en el reino de la grosería, la burla, el escarnio, la tomadura de pelo, el abuso y la pornografía política. Hasta aquí hemos llegado. Hemos retrocedido 20 años en derechos laborales y retributivos. Espero que tomen nota los demás. Y sí, menos mal que existe internet.

Un saludo.

Eugenio Sánchez Bravo dijo...

En Canarias la situación no ha llegado al extremo de volver a bajar el sueldo a los funcionarios. Pero probablemente lo que estáis viviendo en Murcia será lo que ocurra en todo el país si el PP gana por mayoría absoluta en 2012.

De todos modos, por aquí se incrementa la presión sobre el profesorado tomándolo como chivo expiatorio que pague el descontento social. Nos entierran en papeles, han desmantelado el poder de los claustros, los sindicatos o bien se venden al gobierno o a un colectivo específico, el número de alumnos por clase es obsceno (35 o más en 2º de Bachillerato), la Inspección se comporta de un modo despótico y arbitrario sin respeto alguno por la labor del profesorado, a veces, cuando haces las Guardias de Pasillo, te sientes indudablemente más funcionario de prisiones que profesor, han puesto cámaras de seguridad por todo el centro del centro aunque dicen que no están funcionando porque es ilegal, se otorgan fondos a la educación concertada y se niegan a la pública (http://sede.gobcan.es/boc/boc-a-2010-239-6762.pdf)

Estoy tan harto de esta Consejería que es uno de los motivos por los que pediré traslado este año fuera de Canarias.

Seguir las instrucciones que se proponen en Antes de las cenizas es una solución pero es tan complicado renunciar a hacer bien aquello que te gusta hacer. Para mí es una tragedia.

Ánimo, saludos y menos mal que existe Internet para compartir (a pesar de Sinde).

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Hola, Eugenio. Por supuesto que lo que pasa aquí lo van a trasladar al resto del país. Por otro lado, el exquisito respeto y la gran sensibilidad que muestra el Gobierno canario por la educación es un calco del mostrado tanto por el Gobierno central como por el de mi Comunidad. Y esto es extensible al resto, me temo. En cualquier caso, ni se te ocurra concursar por Murcia, Valencia o Madrid. Hablas, entre otras cosas que son idénticas aquí, del número de alumnos por clase. Pues bien, este curso me he encontrado con un primero de bachillerato de 42 alumnos que contaba con el visto bueno de mi inspector. ¿Qué te parece? Nuestras condiciones de trabajo no son tan idílicas como gran parte de la sociedad piensa. Respecto del régimen de conciertos y sus asignaciones presupuestarias, mejor ni hablamos: todo es pasmo y vergüenza ajena.

En fin, parece que no hay otra forma de reducir el déficit que denigrando un trabajo que está al servicio de los ciudadanos y que es del todo imprescindible. Como he leído no sé dónde hoy, ¿no será que para mantener los privilegios de los políticos el recurso fácil es cebarse con los funcionarios? Por eso, sí que es triste tener que llegar a adoptar decisiones como las propuestas por Felipe y renunciar al trabajo bien hecho, pero ¡ya está bien!

Muchas gracias por tu interés y apoyo.

Un saludo.

Elena dijo...

Totalmente de acuerdo en todo..Me encanta tu blog y te pido que no lo cierres ni bajes su rendimiento..es una joya..Tienes todo mi apoyo.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Muchas gracias, Helena. Descuida, como digo más arriba, ni los alumnos tienen culpa alguna, ni voy a permitir que este atropello incida en mi vocación docente y “bloguera”. Como dice Jake, Internet todavía nos permite el libre pensamiento.

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