domingo, 21 de noviembre de 2010

Tolstói: “Lo que sé lo sé porque amo”

Fernando Vicente, Lev Tolstói
Pues bien: la duda es la provincia del novelista. El 19 de diciembre de 1900 Tolstói escribe: “El artista, para poder influir en los demás, debe buscar; su obra ha de ser una búsqueda. Si ya lo ha encontrado todo, si lo sabe todo y adoctrina o se divierte deliberadamente, no ejerce ninguna influencia. Sólo si busca, el espectador, el oyente, el lector se unirán a él en su búsqueda”.

Tenía razón. Aquí estamos nosotros, más de cien años después, buscando con Tolstói. Algunas cosas hemos encontrado, muchas felicidades nos ha dado el hecho mismo de buscar. Y cuando nos sentimos confundidos, desorientados, sacamos Guerra y paz, sacamos Ana Karenina, sacamos La muerte de Iván Ilych, sacamos Hadjí Murat, y esas ficciones son lo más cerca que estamos, o que estoy yo, del sentimiento que otros llaman religioso, porque siguen enriqueciendo mi noción de la humanidad y mi respeto por esta vida inmensamente varia que nos ha tocado en suerte, esta vida tan múltiple y compleja que no la podríamos entender sin la ayuda de quienes la han contado.

Juan Gabriel Vásquez: Un novelista sin fe en la ficción, El País, 20/11/2010

Ayer se cumplió el centenario de la muerte de León Tolstói, uno de los mayores escritores de la historia de la literatura universal. Desde luego, una efeméride bastante más digna de tener en cuenta que la que conmemora al faraón de Cuelgamuros, cuyo fantasma sigue recorriendo aún España. Como dice Juan Cruz, por mucha grima que dé, parece “como si estuviera lloviendo agua de otros tiempos”. No obstante, muchos preferimos empaparnos con otras lluvias. Por eso, mejor evocar los veinte de noviembre la memoria de otros referentes morales que, desde un sano espíritu crítico, emprendieron otra sagrada “cruzada”: la de la conquista de la dignidad de los seres humanos. Como no podía ser de otra manera, víctima del fundamentalismo de su época, el gran escritor ruso fue excomulgado por la Iglesia Ortodoxa Rusa. Este ha sido tradicionalmente el premio obtenido por todos aquellos creadores de utopías a lo largo de la historia: la estigmatización por parte de las fuerzas más reaccionarias de la sociedad. Personajes como Tolstói sí que merecen el sentido homenaje de todos aquellos que creemos en una sociedad libre y tolerante.

Para rememorar los últimos días del escritor, nada mejor que ver la estupenda película de Michael Hoffman, La última estación, en la que unos impecables Christopher Plummer y Helen Mirren dan vida a León Tolstói y a su mujer Sofía en sus últimos y controvertidos momentos vividos juntos en su amada localidad de Yasnaya Polyana, justo antes de que el anciano escritor decidiera abandonarla para emprender su particular viaje fúnebre. Ante todo es una película que nos muestra varias miradas sobre el amor. No en vano, el leitmotiv de todo el film es la frase “Lo que sé lo sé porque amo”. Os dejo una crítica aparecida en 20 minutos que me ha gustado mucho y el tráiler en español de la película.

En las postrimerías vitales de Leon Tolstoi, Michael Hoffman se desliza con un diagnóstico crepuscular del estado de la cuestión de la utopía, en una aguda tensión entre el altruismo y el individualismo alrededor de la debilidad paradójica de un genio. El humanitarismo tolstoiano a examen, la vigencia del ideal de amor y solidaridad engullido por una sociedad no preparada para tales valores, en la vorágine del materialismo y el egoísmo crónico. Esa contradicción en el umbral de la muerte que atenaza a Tolstoi en sus últimos días, debatiéndose entre su compromiso con la humanidad y la lealtad a sus afectos, emerge en "La última estación" llena de matices en una odisea otoñal de interiores, melancólica y poética, como la vida misma del genial autor de "Guerra y paz".

"La última estación" es un biopic ejemplar precisamente porque no lo es ni quiere serlo. Pero como casi todas las buenas películas biográficas eleva una semblanza panorámica del personaje desde la singularidad y excepcionalidad de un momento, de un día, de un mes, de un año con mucha más intensidad que trazando el periplo hagiográfico de costumbre. Hoffman hurga en la vulnerabilidad terminal de Tostoi con una sensibilidad notable, con aplomo, sin caer en la trampa y la tentación del melodrama, dosificando los extremos de la tragedia y sabiendo jugar su mejor baza desde un segundo plano.

Cine de gran guión, impecable realización, pero sobre todo un apoteósico recital de cuatro actores fuera de serie. Christopher Plummer, Helen Mirren, James McAvoy y Paul Giamatti conforman un cuarteto prodigioso en cuyos rostros se escribe la tragedia de la ficción histórica casi por inercia.

4 comentarios:

Jake dijo...

Parece interesante ver esta película en el centenario de la muerte de Tolstoi. Siempre he pensado que la novela de los escritores rusos estaba muy por encima a la de otras nacionalidades. Muy posiblemente sea por el tremendo lirismo de sus composiciones, no lo sé.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Hola, Jake. La verdad es que la tenía pendiente y por fin la vi el sábado pasado. Y la verdad es que me gustó mucho. Pienso lo mismo: siempre he disfrutado leyendo a Chéjov, Tolstói, Gorki o Dostoievski, entre otros. Lo último que he leído de literatura rusa, hace ya tiempo, es "Vida y destino", de Vasili Grossman, y me sobrecogió tanto como las novelas de los clásicos anteriores. Tienen algo especial, no cabe duda.

Un saludo.

Putkara IV dijo...

Muy buena entrada. Todavía no he leído tanto como para opinar sobre ciertas cuestiones pero me influyo mucho "Crimen y Castigo" y sobre todo "Ana Karenina"

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Es que son dos excepcionales novelas. Celebro tu buen gusto y que no te asuste el grosor de las novelas rusas. Anímate con "Guerra y paz": no te arrepentirás, seguro. Espero que te vaya bien por Roldán.

Un saludo.

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