viernes, 19 de noviembre de 2010

La provincia del hombre

Martin Rosz, Werner-Herzog-Stück
No está en manos de Dios el poder salvar de la muerte a un solo hombre. Ahí está el carácter uno y único de Dios.

A quien hemos visto dormir, ya no le podremos odiar nunca.

Desde que tienen que saber más, los poetas se han vuelto mala gente.

Ya no hay grandes palabras. La gente, de vez en cuando, dice «Dios», simplemente para pronunciar una palabra que una vez fue grande.

Un pensamiento demoledor: que tal vez no hay nada que saber; que todo lo falso surge sólo porque lo queremos saber.

Sería aún más difícil morir si supiéramos que vamos a seguir viviendo, pero obligados al silencio.

Lo más siniestro todavía no ha sido pensado, representado. Un acontecimiento repulsivo, por pequeño que sea, se va convirtiendo en catástrofe si lo abordamos con toda la fuerza de un poeta, con la fuerza de un hombre que no ha vivido las cosas hasta el fondo.

Un Dios que mantiene en secreto su creación. «Resulta que no estaba bien».

Cómo me gustaría oírme alguna vez como si fuera un extraño, sin conocerme, y sólo después enterarme de que era yo.

Una lengua en la que una determinada consonante es mortal. El que la pronuncia cae fulminado. El que la oye se vuelve sordo.

Elias Canetti: La provincia del hombre (Carnet de notas 1942-1972)


György Ligeti, Lux Æterna, para 16 voces a capella (1966)

2 comentarios:

angela dijo...

Genial...
De vez en cuando experimento la agradable sensación de descubrir algo nuevo, un nuevo autor, al margen de los ya conocidos (y re-conocidos) de los que se habla en el instituto. Me pasó con Fernando Savater, gracias al que descubrí a Emil Cioran, y este Canetti tiene buena pinta...

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Es un escritor y ensayista muy interesante. Su 'Auto de fe' es excepcional.

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