martes, 23 de noviembre de 2010

¿Existe una moral innata?

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Si nuestro sentido moral, como nuestro deseo sexual, está efectivamente enraizado profundamente en nuestro pasado darwinista, la religión de los depredadores, podríamos esperar que la investigación de la mente humana revelaría algunas verdades universales morales, salvando las barreras geográficas y culturales y también, decisivamente, barreras religiosas.

El biólogo de Harvard Marc Hauser, en su libro Mentes morales: cómo la naturaleza diseñó nuestro sentido universal de lo correcto y lo incorrecto, ha desarrollado experimentos originalmente sugeridos por los filósofos morales, a lo largo de una fructífera línea de pensamiento.

El estudio de Hauser servirá para el propósito adicional de introducir la forma en la que piensan los filósofos morales.

Se plantea un dilema moral hipotético, y la dificultad que experimentamos para responderlo nos dice algo sobre nuestro sentido de lo que es correcto y lo que es incorrecto. En lo que Hauser va más allá de los filósofos es en que él, en realidad, realiza encuestas estadísticas y experimentos psicológicos, utilizando cuestionarios en Internet, por ejemplo, para investigar el sentido moral de personas reales.

Bajo este punto de vista, lo interesante es que la mayoría de la gente toma las mismas decisiones cuando se enfrentan a esos dilemas, y su acuerdo sobre sus decisiones es más fuerte que su capacidad para aducir sus razones. Por esto deberíamos esperar que si tenemos un sentido moral que está construido en nuestros cerebros, como nuestro instinto sexual o nuestro miedo a las alturas o, como el propio Hauser prefiere decir, como nuestra capacidad para el lenguaje (los detalles varían de una cultura a otra, pero la estructura profunda subyacente en la gramática es universal).

Como veremos, la forma en la que las personas responden a estas pruebas morales y su incapacidad para articular sus razones parecen enteramente independientes de sus creencias religiosas o de la ausencia de ellas. El mensaje del libro de Hauser, para anticiparlo en sus propias palabras, es este: "Dirigir nuestros juicios morales es una gramática moral universal, una facultad de la mente que evolucionó durante millones de años para incluir un conjunto de principios para construir un rango de posibles sistemas morales. Como con el lenguaje, los principios que generan nuestra gramática moral vuelan fuera del alcance del radar de nuestra consciencia".

Richard Dawkins: El espejismo de Dios

Buscando información sobre dilemas éticos para ilustrar el tema sobre la racionalidad práctica que estamos viendo ahora en clase, he encontrado, en esa fuente inagotable de recursos filosóficos que es Filotic, gestionado magníficamente por Rafael Robles, uno basado en un caso real y que va acompañado de un fructífero debate. Se trata de algo que ocurrió hace ya algún tiempo: arrastrado el coche en el que viajaban una madre y sus tres hijos por una riada, ésta soltó al menor de sus hijos, apenas un bebé de siete meses, para salvar a los otros dos, de seis y ocho años, de una muerte segura (leed aquí la noticia). ¿Qué habríais hecho vosotros? Y ¿Cómo lo justificaríais?

Nos encontramos, efectivamente, ante un verdadero dilema y de muy difícil solución. ¿Cómo aplicar la racionalidad ante un caso extremo como es este? Quizá, como afirmaba Hume, deben ser las emociones quienes guíen las decisiones morales. Y, más aún, ¿de dónde vienen nuestros principios morales? Sostener que proceden de la filosofía o de la religión parece, a todas luces, insuficiente. Por eso, algunos autores, como el biólogo Marc Hauser, aseguran que la moral es una especie de instrumento heredado biológicamente para apuntalar de forma firme la sociedad, nuestra segunda naturaleza Así, Hauser postula que: Nacemos con un instinto moral, una capacidad que crece de forma natural en cada niño, desarrollada para generar juicios rápidos sobre lo que es correcto o incorrecto, y basada en unos procesos que actúan de forma inconsciente. Parte de este mecanismo fue diseñado por la mano ciega de la selección darwiniana millones de años antes que nuestra especie evolucionase. Otros aspectos fueron añadidos o actualizados durante la historia de nuestros antepasados, y son exclusivos de los humanos y su psicología moral.

Existen, por tanto, unos principios morales universales, una moralidad innata, que rigen nuestras decisiones y juicios a la hora de elegir lo moralmente más conveniente. Hauser lo corrobora mediante un Moral Sense Test, llevado a cabo sobre unas 150.000 personas, utilizando unas variaciones del conocido dilema del tranvía, en el que un vagón incontrolado en una vía de tren amenaza con matar a cierto número de personas: la mayoría de las personas están de acuerdo en que es moralmente permisible sacrificar a uno para salvar a cinco. Richard Dawkin también se refiere a este experimento y extrae sus propias conclusiones:

Hay complicaciones del experimento que presentan una serie de dilemas morales incrementalmente enmarañados. ¿Qué pasa si el carrito puede detenerse dejando caer un gran peso en su camino desde un puente que hay por encima? Es fácil: obviamente, deberíamos dejar caer el peso. Pero ¿qué pasa si el único gran peso disponible es un hombre muy gordo sentado en el puente, admirando la puesta de sol? Casi todo el mundo está de acuerdo en que es inmoral empujar al hombre gordo por el puente, incluso aunque, desde un punto de vista, el dilema pudiera parecer paralelo al de Denise, en el que mover el mando mataría a uno para salvar a cinco. La mayoría de nosotros tenemos una fuerte intuición de que hay una diferencia crucial entre los dos casos, aunque no seamos capaces de articular cuál es.

Empujar al hombre gordo por el puente es una reminiscencia de otro dilema considerado por Hauser. Cinco pacientes de un hospital están muriendo, cada uno con un órgano que está fallando. Todos podrían salvarse si pudiera encontrarse un donante para ese órgano particular que está fallando, pero no hay ningún donante disponible. Entonces, el cirujano se da cuenta de que hay un hombre sano en la sala de espera, cuyos cinco órganos están en buen funcionamiento y son adecuados para el transplante. En este caso, no podemos encontrar a casi nadie que esté preparado para decir que el acto moral es matar al uno para salvar a los cinco.

Tal como el hombre gordo sobre el puente, la intuición que compartimos la mayoría de nosotros es que un espectador inocente no debería ser arrastrado repentinamente a una mala situación y ser utilizado para el bien de otros sin su consentimiento. Immanuel Kant articuló estupendamente el principio de que un ser racional nunca debería utilizarse como un medio no consentido para alcanzar un fin, incluso si el fin es en beneficio de otros. Esto parece proporcionar la diferencia crucial entre el caso del hombre gordo sobre el puente (o el hombre de la sala de espera del hospital) y el hombre del lateral de Denise. El hombre gordo del puente está siendo verdaderamente utilizado como medio para parar el carrito incontrolado. Esto viola claramente el principio kantiano. La persona del lateral no está siendo utilizada para salvar la vida de las cinco personas de la vía. Es el lateral el que está siendo utilizado, y él simplemente tiene la mala suerte de estar en ese lugar. Pero ¿qué pasa cuando hacemos una distinción como esa, por qué nos satisface? Para Kant, era un absoluto moral. Para Hauser, está construido en nosotros por nuestra evolución.

Richard Dawkins: El espejismo de Dios

El caso de la madre y el bebé lleva al terreno de la realidad lo que en principio es un experimento mental ético. También lo podemos apreciar, en cierta medida, en la película de Alan J. Pakula, La decisión de Sophie. ¿En que basó la protagonista su terrible elección? ¿En la supervivencia del más fuerte? ¿Lo hizo de forma consciente? Os dejo la escena para que saquéis vuestras propias conclusiones y una entrevista que Eduard Punset le hizo a Marc Hauser para su programa Redes sobre este apasionante tema.


2 comentarios:

Erudio_procul_imperium dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
José Ángel Castaño Gracia dijo...

Me alegro mucho de que te guste, Pedro. Este es un tema muy difícil. En cualquier caso, estas investigaciones deberían tener en cuenta las circunstancias personales, no elegidas, de cada uno. No es lo mismo preguntarle a un bosquimano que a un nobel de medicina o a Víctor de Aveyron, o a vosotros, que os estáis formando ahora. Pero yo sí que creo que lo moral está incardinado en la biología como una suerte de estructura, armazón o capacidad innata. Esa estructura existe. Los valores se montan sobre los sentimientos y se construyen (y se destruyen) culturalmente, de eso no me cabe duda. Sin embargo, es posible que sí que haya unos pocos sentimientos universales, semejantes a los universales lingüísticos, que se vayan transmitiendo filogenéticamente.

Respecto a lo que planteé en clase, la última semana antes de vacaciones veremos la película de Costa Gavras “La caja de música”, centrada precisamente en ese asunto. Recuerda que una moralidad autónoma se guía por principios universales. Así, los principios de justicia universal deben prevalecer sobre los sentimientos familiares, pero una cosa es la razón y otra el corazón. No se trata de defender posturas dogmáticas, sino de hacerlo con argumentos.

Buen comentario.

Un saludo.

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