sábado, 13 de noviembre de 2010

Adiós a Berlanga

Al tercer día de nacer ya me estaba cagando en la sociedad española. Siempre he tenido la sensación de que no iba a tener nada positivo, y he intentado crearme válvulas de escape. La principal es el erotismo, una de las pocas cosas que me asciende desde el nivel del barro y de la mierda de esta sociedad que me ha tocado... Dice Piccoli que soy el Quijote. ¡Tendría que ser el marqués de Sade! Hasta la Guerra Civil yo era un solitario total, no tenía amigos. Tenía la fantasía estúpida de querer ser invisible. Luego llegó la contienda y tuve que salir de casa. En el 36 yo tenía 15 años. Y a los 13 ya sabía qué pasaba en España, porque mi padre era diputado republicano y mi abuelo había sido senador con Sagasta... Mi familia era una familia de políticos, y con ellos supe que la política era una cagada, como todo... […]

En el cine he querido contar lo que me ha salido. Lo que hay en mis películas es pesimismo, aunque he tenido la suerte de recubrirlo con un sainete cómico... Busco situaciones que no sean cotidianas, que sean disparatadas. Pero algunas se han dado. En la Guerra Civil fui a un palacio en el que había vivido un marqués que guardaba fotos en las que se le veía follando, y guardaba tarritos que almacenaban vello púbico. Los guardaba en tubos de aspirina, y yo saqué eso en La escopeta nacional. ¡Si lo hubiera hecho Duchamp imagínate lo que hubiera valido!


Ha muerto Berlanga, uno de los más grandes cineastas que ha producido nuestro país. Plácido, El verdugo, Bienvenido Mister Marshall, La escopeta nacional…, todas obras maestras que permanecerán para siempre en nuestra memoria. Hasta siempre y gracias por tu inteligente mirada, siempre ácida y mordaz, que nos ha mostrado esas hipocresías tan sustanciales a la sociedad y a todo el género humano.

Sobre Plácido.



Última aparición en la campaña de Médicos sin Fronteras 'Pastillas contra el dolor ajeno'.

4 comentarios:

Clemente dijo...

Es triste comentar ciertas noticias, aunque sea para elevar a héroe a un hombre cuya facultad no fue tanto la de mirar a su alrededor, sino como la de saber transmitir a tantos esa visión.
Hoy que somos tan escrupulosos con la tendenciosidad las miradas contrarias, cuyos matices nos separan de lo que para nosotros es cotidiano, sigue siendo asombroso un trabajo como el de Berlanga que se hace legible ante los ojos de muchos. Identificó a esa España levantina, efervescente, voluble y contradictoria que desaparece ante una modernidad que, sin embargo, no oculta las raíces farfulleras que aún vemos en sus películas.
La suya, hoy, ya no mirará mas al hormiguero.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Bonito comentario, Clemente, muchas gracias. Es cierto, la pérdida de Berlanga sólo suscita tristeza; sin embargo, como bien señalas, nos queda su manera de enfrentarse a una época y a una sociedad chocarrera, cerril, grosera e ignorante, que tiene su continuidad en nuestro presente. Lo hizo mediante el humor más corrosivo para poner al descubierto esas míseras raíces que aún se extienden hasta nosotros. El humor, que tanta falta nos hace, es su más valioso legado. No hay mejor arma contra el pesimismo.

Un saludo.

Adrian Tote dijo...

Me he decidido a comentar por primera vez en el blog porque este gran director merece ser recordado. Berlanga tuvo la valía de criticar a la sociedad y gobierno de su época con grandes películas como Plácido; Los jueves, milagro o Bienvenido, Mister Marshall; las cuales son grandes películas del cine español.
Personas con el punto de vista de Berlanga escasea en esta época donde en las carteleras de los cines abunda la violencia o películas que tienen como único fin ser rentables.
En definitiva, la muerte de Berlanga es una gran pérdida para los que todavían creen que en España no solo viven energumenos y payasos.
Adrián Navarro Perán. 2ª de Bachillerato CC.NN.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Y espero que no sea la última, Adrián. Tienes toda la razón, nos quedamos huérfanos en un mundo audiovisual donde impera el mercantilismo más absoluto. Menos mal que todavía nos queda alguna que otra mirada que nos hace reflexionar a la vez que disfrutar de un arte que nunca ha sido para todos los paladares. Eso sí, siempre fuera de los circuitos comerciales, que sólo existen para propagar la vulgaridad.

Un saludo.

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