viernes, 22 de octubre de 2010

"Música de la escalera"

André Masson, Siegfried y Brünhilde
En la mañana del 25 de diciembre —festividad, domingo y cumpleaños todo a un mismo tiempo— al despertar Cosima percibió una música de una dulzura doliente y emotiva. Cuando enmudeció la música, entró Richard con los niños en la habitación de Cosima y le tendió la partitura del Saludo de cumpleaños sinfónico, que había concluido el 4 de diciembre en el mayor de los secretos y después recibiría el título de Idilio de Sigfrido. A excepción de una melodía compuesta por San Silvestre en 1868, Duerme, niñito, duerme, el Idilio, poema sinfónico en un único movimiento, reelabora sólo motivos de Sigfrido, incluido el tema anotado en Munich el 14 de noviembre de 1864. Se trataba de una música de amor, íntima y casi de una ternura privada, que en un principio pareció poco apropiada a las salas de conciertos, aunque estaba prevista para orquesta y no para el pequeño conjunto de cuerda y viento que la ejecutó por primera vez; efectivamente, muy pronto, en diciembre de 1871, Wagner la revisó en Mannheim para un conjunto más nutrido. Pero largo tiempo no quiso editar ni presentar en público esa Música de la escalera —como la llamaban los niños— dedicada en Tribschen a Cosima, y ésta consideró un sacrificio que razones financieras obligaran a su edición pública. Nietzsche alababa aún el Idilio cuando de la música de Wagner ya sólo apreciaba la más murmurante, una música que «es alegre y profunda como una tarde de octubre».

Martin Gregor-Dellin: Richard Wagner, 2. 1864-1883

Richard Wagner compuso el Idilio de Sigfrido en 1870 y fue un regalo que le hizo a su mujer, pero también al resto de la Humanidad. En él aparece un motivo que se repetirá al final del Siegfried de El Anillo del Nibelungo, su monumental Tetralogía, una auténtica “cosmogonía musical”, en palabras de Thomas Mann. A Wagner le obsesionaba la esencia primitiva de la vida, la vuelta a la fuente arcaica y original de todas las cosas, incluido el amor en toda su radicalidad y trascendencia: el amor como instrumento para la emancipación del conocimiento. Toda la obra de Wagner posee este carácter erótico que bebe tanto de Platón como del Romanticismo; aunque, quizá, esté más cerca de Schopenhauer, quien vio en el deseo amoroso el núcleo de la voluntad ciega e irracional. Y es que tanto en Tristán e Isolda, Lohengrin, Tannhäuser o el Anillo, como en este Idilio de Sigfrido “el amor representa aquella voluntad de vivir de Schopenhauer que no acaba en la muerte, sino que se libera de las ataduras condicionantes de la individuación” (Thomas Mann, Penalidades y grandeza de Richard Wagner).

El estreno mundial del Idilio de Sigfrido es recreado de una forma exquisita en la película de Luchino Visconti, Ludwig. Director de “películas operísticas” inolvidables, su cine, que desborda música y belleza, se ha erigido como una página ineludible en la cultura europea del siglo XX. Os dejo con la secuencia de esta Música de la escalera y con unos enlaces a los magníficos artículos sobre cine y música en Visconti de Angel Riego Cue para la revista Filomúsica. Guten Appetit!



Cine y Música: Luchino Visconti
  1. El largo camino hacia una vocación.
  2. Entre el cine y la ópera.
  3. "Cambiarlo todo para que nada cambie".
  4. El Ocaso de los Dioses.
  5. Venecia, un lugar para morir.
  6. El rey loco de Baviera.
  7. El testamento de un genio.

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