viernes, 8 de octubre de 2010

Falacias

Fuente
Con fines meramente didácticos suelo explicar las tres tesis de Gorgias imaginando que son las palabras de un adinerado abogado defensor a sus “clientes”. Quedaría más o menos así:

1. Lo primero que le dice un abogado defensor a su cliente es que, de entrada, niegue el crimen que le imputan. El primer axioma de la defensa es siempre negar los hechos, la evidencia. Es decir, “nada existe”.
2. En caso de que el cliente diga algo como “…pero es que soy culpable, lo hice…” la respuesta del abogado debe ser contundente: “Aunque fueses culpable, aunque lo hubieses hecho, para poder acusarte alguien tiene que haberte visto, alguien tiene que saberlo. Sin testigos no hay crimen”. Es decir “en el caso de que algo exista, es inaprehensible para el hombre”.
3. “Pero hay un testigo…” continúa objetando el acusado. “No importa, si podemos lograr que el testigo no hable o no resulte creíble el crimen no ha ocurrido”, termina concluyendo el abogado. Es decir, “aún cuando fuera aprehensible, no puede ser comunicado ni explicado a otros”.

Eugenio Sánchez Bravo, Gorgias de Leontinos

Esta entrada es, principalmente, para probar una aplicación del “feisbuc” que, en teoría, permite publicar de forma instantánea las últimas entradas de un blog en el muro de la “reina” de todas las redes sociales. La verdad es que no tengo muy claro lo de su utilidad, pero la inercia también es una ley que rige los comportamientos humanos. El caso es que me viene muy bien para difundir dos de las publicaciones que más me han gustado esta semana de mis compañeros "blogueros". Miguel Santa Olalla nos ofrece un listado con las mayores falacias que se suelen cometer en los discursos políticos. Algo muy valioso, sobre todo en periodo preelectoral, y teniendo en cuenta, como bien señala, que es difícil tratar este fundamental tema en las clases de Filosofía, bien por cuestiones de horario, bien por currículo. Aquí las tenéis:
  1. Falacia ad hominem: consiste en descalificar o insultar al oponente. Lo más patético del caso es que este tipo de falacia suele ser aplaudida por los compañeros de partido. Mal asunto: aquellos que aplauden son todavía más necios que los que han de recurrir al insulto como único recurso argumentativo.
  2. Argumento de autoridad: establece la verdad de la tesis defendida por los conocimientos que posee quien lo defiende. La cantidad de asuntos que se resuelven apelando “a los expertos”, produce estupor: desde el aborto hasta la tauromaquia, pasando por la política económica. Lo que no parece estimarse es que siempre será posible encontrar “expertos” que defiendan la tesis opuesta.
  3. Argumento ad baculum: el argumento de la fuerza parece lo más antidemocrático posible, pero también tienen su versión política. Algunos ejemplos: las decisiones políticas en parlamentos con mayoría absoluta o el recurso al decreto-ley al que recientemente se ha visto obligado más de un gobierno.
  4. Falacia ad populum: la sociedad o “el pueblo” sólo tiene razón cuando a los políticos les interesa y a menudo argumentan trasladando a la sociedad que representan sus propias ideas. Defendiendo propuestas contrapuestas, todos pretenden ser los abanderados de los intereses del pueblo.
  5. Falacia ad nauseam: apela a los sentimientos y las emociones y a la repetición de lemas que no aportan razones y se dirigen a la parte pasional del ser humano. Abundan, fundamentalmente, en la campaña electoral, con promesas que nos presentan un futuro idílico. Igual da prometer pleno empleo y subida de pensiones, que hablar del futuro de los niños. Todo será verdad, siempre y cuando no se razone demasiado y se repita el mensaje hasta la náusea.
Miguel Santa Olalla Tovar, Cinco grandes falacias para la política
Por su parte, Eugenio Sánchez Bravo nos obsequia con un breve pero agudo análisis, como nos tiene acostumbrados, del pensamiento de Gorgias de Leontino y, por extensión, de la sofística, corriente filosófica que, aun contando con todas mis simpatías (¡cómo nos ha malogrado Nietzsche a algunos!), ha pasado a la historia como ejemplo del abandono de la búsqueda de la verdad en favor de la seducción y la persuasión. Retórica, oratoria, erística…; buenas habilidades que, sin embargo, brillan por su ausencia en unos políticos absolutamente mediocres que cada vez nos toman por más tontos de lo que somos (quizá también por inercia). Tomad buena nota de estas falacias: ¡No os dejéis engañar!

N.B. Hablando de falacias, no me puedo resistir a insertar uno de los vídeos más famosos de Youtube, a medio camino entre la carcajada y el espanto. Con vosotros: "el niño predicador" (pido perdón por el mal rollo que pueda causar la visualización de este vídeo).

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo del "niño predicador" es una brutal apología de la ignorancia. Resulta vomitivo...e irracionalmente "comprensible" dado la procedencia tanto del niño como de la masa allí presente.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Totalmente de acuerdo. Un poco de cultura básica y de lógica elemental no le vendrían nada mal tanto al niño predicador como a su público. Lo triste es que no se trata de un hecho más o menos folclórico: esta apología de la ignorancia se está empezando a expandir peligrosamente. La matanza de Arizona es un síntoma.

Emma Álvarez 2 Bach CCNN dijo...

Lo que hace la falta de educación, yo culpo a los padres! Aunque bueno, es normal que un niño de unos 8 años, no comprenda la teoría de la evolución. Lo que no es normal, es la cantidad de gente delante del escenario escuchando y alabando las palabras de este niño. Eso Sí que es ignorancia en estado puro. Lo peor de todo no es ver estas palabras en boca de un niño de 8 años (Por muy irritante que nos parezca) si no ver estas mismas palabras en boca de políticos actuales, como es el caso de Christine O'Donnell, perteneciente al Partido Republicano estadounidense, que afirma lo siguiente:" la evolución es un mito, si no, ¿Por qué los monos no siguen evolucionando hoy en día? En fin…

uno que pasaba por aquí dijo...

al hilo del discurso, creo que es importante matizar una serie de cuestiones, que, confusas y mezcladas, suelen llevar a malentendidos:
a) que la sofística (contra lo que creían Platón y Aristóteles y contra la visión simplista de lxs filósofxs dogmáticxs) no argumenta ad nauseam. la sofistica se sustenta en la no-distinción entre verdad y falsedad. según esta idea, de las afirmaciones verdaderas no se siguen más consecuencias que de las afirmaciones falsas. la sofística, en este sentido, no es un amor a los discursos con independencia de su verdad o falsedad, sino que es la búsqueda y proliferación de aquellos efectos que nos son valiosos (la sofística no es, entonces, filodoxa, sino filopráxis).
b) que la perorata de los telepredicadores se sustenta, precisamente, en la rígida y acrítica separación entre lo verdadero y lo falso. de ello se sigue que, si sus discursos se parecen a alguna corriente filosófica, no será a la sofística, sino a alguna especie de teología en la que se identifiquen Dios y la Verdad, identificación que prescribe (y restrije) las prácticas posibles.
c) que al asemejar a un abogado adinerado con los antiguos sofistas, tal y como se hace al comienzo del escrito, se desvirtúa el fundamento de la sofística, según el cual en nada se diferencian lo verdadero y lo falso. el discurso de Gorgias intenta demostrar que el lenguaje no es una especie de metarealidad que nos permita hablar de la realidad: el lenguaje es una cosa entre las cosas, y su función no es la de discriminar lo verdadero de lo falso, sino la de producir efectos.

espero haber sabido aclarar los equívocos más comunes (los más perversos) cuando se habla de la sofística.
un saludo.

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