jueves, 14 de octubre de 2010

El “reality show” del desierto de Atacama

Ilustración: Stephff, Vía
La información en nuestros días no puede ser seria, porque, si se empeña en serlo, desaparece o, en el mejor de los casos, se condena a las catacumbas. La inmensa mayoría de esa minoría que se interesa todavía por saber qué ocurre diariamente en los ámbitos políticos, económicos, sociales y culturales en el mundo, no quiere aburrirse leyendo, oyendo o viendo sesudos análisis ni complejas consideraciones, llenas de matices, sino entretenerse, pasar un rato ameno, que lo redima de la coyunda, las frustraciones y trajines del día. No es casual que un periódico como Le Monde, en Francia, que era uno de los periódicos más serios y respetables de Europa, haya estado varias veces, en los últimos años, a las puertas de la bancarrota. Se ha salvado recientemente una vez más, pero quién sabe por cuánto tiempo, a menos que se resigne a dar más espacio a la noticia-diversión, la noticia-chisme, la noticia-frivolidad, la noticia-escándalo, que han ido colonizando de manera sistemática a todos los grandes medios de comunicación, tanto del primer como del tercer mundo, sin excepciones. Para tener derecho a la existencia y a prosperar los medios ahora no deben dar noticias sino ofrecer espectáculos, informaciones que por su color, humor, carácter tremendista, insólito, subido de tono, se parezcan a los reality shows, donde verdad y mentira se confunden igual que en la ficción.

Mario Vargas Llosa, La era del bufón, El País 19/09/2010

No puedo salir de mi espanto ante el carnaval mediático que se ha montado en torno a los treinta y tres mineros chilenos que por fin han sido rescatados, con ayuda de Dios o de la NASA. ¡Menudo espectáculo! Vargas Llosa se refería en el artículo anterior a Terry Jones, el descerebrado pastor protestante que quiso conmemorar el aniversario de los atentados del 11 de septiembre quemando ejemplares del Corán y convertido en celebridad mundial gracias a los medios de comunicación. Y es que la sed de espectáculo es insaciable. Acabo de leer en Público que Antena 3 está rodando desde hace diez días una serie para televisión con el título de Los 33 de San José. Repugnante. También en los informativos de mediodía han anunciado la intención de Hollywood de hacer lo propio con Javier Bardem a la cabeza. Las grandes firmas van a agasajar a estos “33 de San José” con toda clase de productos, desde iPod y cruceros por las islas griegas, hasta camisetas firmadas del Real Madrid y del Manchester United. Algo que, como podemos leer también en Público, “puede terminar por convertir a los mineros chilenos en meros productos. Ya sean televisivos, cinematográficos, novelescos, publicitarios o propagandísticos”. Empresarios, periodistas y políticos se están dando, por tanto, un auténtico festín para deleite de una audiencia (según parece de mil millones de personas), cada vez más ávida de entretenimiento y desinteresada por los auténticos problemas que afectan a la humanidad.
Manel Fontdevila, Drama humano, Público 14/10/2010
En efecto, la prensa mundial se ha centrado en la retransmisión en directo de una tragedia con final feliz, pero ¿qué pasa con los problemas derivados de la falta de seguridad laboral en las empresas mineras chilenas? Con una parte de lo que se ha gastado en el salvamento de los mineros que se hubiera invertido en garantizar la seguridad en su trabajo, quizá el accidente no se habría producido nunca. Pero da igual: a todo se le puede sacar provecho. Si no que se lo pregunten al presidente de Chile, Sebastián Piñera: “Esto no va a quedar impune”, afirma. Mientras tanto, han muerto más mineros en otras minas desde que empezó el operativo, sin que hayan suscitado en la prensa el más mínimo interés, y él se está dando un baño de populismo al utilizar la tragedia minera para agitar un nacionalismo demagógico y ramplón que seguramente le reportará grandes beneficios electorales. Como dice Vargas Llosa en el mismo artículo: “Detrás de semejante espectáculo, muchas cosas comienzan a desbaratarse, las fronteras entre la verdad y la mentira por ejemplo, los valores morales, las formas artísticas, la naturaleza de las instituciones y, por supuesto, la vida política”.

Vergara, El rescate de los mineros, Público 13/10/2010
Hernán  Rivera Letelier, Treinta y tres cruces que no fueron, El País, 14/10/2010

4 comentarios:

blues dijo...

Hace mucho que no veo la televisión. A lo más que llego es que de vez en cuando miro algún canal extranjero. Casualmente ayer me cuadró de ver un canal de "noticias" argentino. Tengo que decir que la sensación de asco que tuve fue inmensa. De reality para arriba. Puro sentimentalismo. Dsde luego no muy distinto a lo que describes en el artículo. Se ve que en todas partes cuecen habas.

Un abrazo.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Lo de la televisión es otro paso más en la institucionalización de la imbecilidad más absoluta. Quizá lo mejor sea dejar de verla, como haces tú. Logicamente me refiero a los informativos. Del resto, mejor ni hablar. El nivel de sensacionalismo que están adquiriendo es bochornoso, da igual que sean cadenas de derechas o de izquierdas; por no hablar de la basura de la TDT. Pero, ya sabes, cada vez se demanda más este tipo de información. Vargas Llosa da en el clavo.

Un abrazo.

Ciudadano Hache dijo...

La información, de derecho público a producto del mercado. Y hay tres cosas importantes para cualquier empresa con ánimo de lucro: vender, vender y vender. La mayoría de las Academias se financian con dinero público para después servir a las empresas privadas. Las facultades de las ciencias de la información proporcioanan títulos universitarios (bajo nómina o becarios) al lucro empesarial. Menos mal que todavía tenemos salvadas a las Facultades de Filosofía... ¿o no?.

Me alegro de haber encontrado este blog y, por cierto, el enlace que dejo lleva a un libro que se está preparando titulado "La Ciudadanía Humana", que es transdisciplinar, pero carece de visión filosófica académica, si alguien se anima está a disposici´´on con archivo pdf pra amigos e interesados...

Gracias

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Las Facultades de Filosofía son totalmente improductivas para el sistema, pero se toleran por la docilidad de los que enseñan y estudian en ellas. Además, ofrecen cierto barniz cultural en nuestras "civilizadas" sociedades.

Por otro lado, me parece que la información, sea periodística, artística o filosófica, es inútil para hacer nada en contra de lo ya establecido por mercados y gobiernos. En cualquier caso, si hablamos de los medios, éstos saben que el público en general no demanda la contrastatación de opiniones, sino la confirmación de sus convencionalismos.

Por cierto, creo que no has puesto bien el enlace. Bienvenido a "Angelus Novus".

Un saludo.

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