lunes, 18 de octubre de 2010

Conocer es recordar

-Con frecuencia, Sócrates -dijo Cebes, tomando la palabra- dices que el aprender no es en el fondo otra cosa que recordar. Según esto, es sin duda forzoso que en algún tiempo anterior hayamos aprendido aquello de lo que ahora nos acordamos. Esto sería imposible si nuestra alma no existiese en algún lugar antes de llegar a existir en esta forma humana. De modo que también por eso parece ser el alma inmortal.

-Pero Cebes -replicó Simmias-, ¿cuáles son las pruebas? Recuérdamelo, pues en este momento no me acuerdo.

-Se demuestra por un bello argumento: interrogados los individuos, si se hace bien, dicen todo como realmente es. Sin embargo, si no hubiera en ellos ciencia y conceptos correctos, no serían capaces de hacer eso [...]

-Pero si con eso no quedas convencido, Simmias -dijo Sócrates-, mira si te parece bien considerar las cosas de este modo. [...] También podemos estar de acuerdo en que hay reminiscencia cuando el saber adviene de un cierto modo. Me refiero a éste: cuando alguien, tras haber visto o escuchado o habiendo tenido cualquier otra percepción sensible, no sólo conoce aquello que [ha visto, etc.], sino que también piensa en otra cosa de la que no informa ese conocimiento, ¿no diremos con justicia que [lo que ahora percibimos] nos ha hecho recordar aquello que nos ha venido al pensamiento? [...] ¿No es forzoso, por consiguiente, que nosotros hayamos conocido lo Igual antes de que, al ver por primera vez cosas iguales, pensemos que todas ellas aspiran a ser tales como lo Igual, sin llegar a serlo suficientemente? [...]

Platón: Fedón, 72e-76a

En el texto anterior podemos observar dos argumentos en favor de la reminiscencia, la idea de que conocer es recordar. El primero hace referencia al método socrático. El segundo argumento implica que conceptos como ‘igual’ o ‘justo’ tienen que ser conceptos “previos” a toda percepción; es decir, “innatos”. El conocimiento, por tanto, es una anámnesis, un rememorar cosas ya sabidas anteriormente. Pero es en el diálogo Menón donde Platón nos presenta la teoría de la reminiscencia por vez primera. En él, Sócrates logra que un esclavo que nunca ha sido educado demuestre nada menos que el teorema de Pitágoras, si bien dirigido oportunamente por el filósofo “partero”. De esta manera, la teoría de la reminiscencia entronca directamente con la mayéutica socrática: la verdadera enseñanza consiste en descubrir la verdad que anida en el interior de cada uno.

Respecto al innatismo, Platón consideraba que determinados conocimientos como los matemáticos no podían explicarse a partir de la experiencia, de la observación del mundo sensible. Y esto nos lleva a la cuestión de la preexistencia del alma y de su inmortalidad. En efecto, la teoría de la reminiscencia exige que nuestra alma haya aprendido previamente las cosas que ahora recuerda unida al cuerpo. Sólo así se puede explicar por qué el esclavo de Menón es capaz de demostrar un teorema matemático: el alma existe en el mundo de las Ideas antes de encarnarse en un cuerpo y pasar a vivir en un mundo material, olvidando todo lo conocido allí. Por eso, cuando aprendemos algo nuevo, en realidad lo que hacemos es rememorar los conocimientos que nuestra alma tenía cuando habitaba en el mundo de las Ideas. Conocer es recordar lo ya sabido. Así, las continuas preguntas de Sócrates van sacando de la mente del esclavo la solución del problema matemático planteado, con lo que aquél no hizo otra cosa que recordar lo ya sabido.

El ser humano parte, pues, de las cosas, en las que encuentra el recuerdo, la reminiscencia de las ideas contempladas en otro tiempo. Conocer no consiste en observar lo que está fuera: es recordar aquello que está dentro de nosotros. Os dejo un documental sobre Platón emitido por el argentino Canal Encuentro y presentado por Fernando Savater (lo veremos y analizaremos en clase), y unos esquemas elaborados por la profesora Concepción Pérez García que os serán de gran utilidad.



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