jueves, 7 de octubre de 2010

Capicúa

Vincent van Gogh, An der Schwelle der Ewigkeit
«No se improvisa ser viejo: se va haciendo. Desde el niño, desde el joven, desde el adulto. La vejez tiene dentro todas esas edades ¿Cómo va a estar sola si la acompañan la curiosidad, la sorpresa y la admiración que formaron su infancia; el entusiasmo, la generosidad, el ímpetu que formaron su juventud; la reflexión, la ponderación y la serenidad que formaron su madurez? La soledad del viejo es el producto de las anteriores. […] Para ello no hay que mirar atrás con insistencia; no hay que empeñarse en que este sentimiento, esta mano, este mediodía hubiesen sido más hermosos hace veinte o cuarenta años: la vida es hoy; lo anterior fue un modo, bueno o malo, de llegar hasta aquí»

Antonio Gala: Las afueras de Dios

En Educación para la Ciudadanía estamos tratando, entre otros temas, de las relaciones que se establecen en nuestro entorno más inmediato: el familiar. Dentro de la familia, una de las cuestiones más apremiantes es la de la atención que prestamos a nuestros mayores y, en general a las personas dependientes, aquéllas que no pueden valerse por sí mismas. En efecto, casi un 85% de las personas mayores de 65 años necesitan ayuda para poder realizar una vida normal. Y este problema no es exclusivo de los mayores, sino que también existen otros grupos de personas dependientes como los disminuidos psíquicos o físicos, que precisan del cuidado de otras personas.

¿Somos capaces de ponernos en el lugar de estas personas? ¿Las tratamos con el debido respeto, sean o no cercanas a nosotros? ¿Tenemos alguna responsabilidad hacia ellas? Responder afirmativamente a estas preguntas es toda una muestra de madurez moral y de valía personal. Os dejo un magnífico y premiado corto de Roger Villarroya, Capicúa, que nos muestra el día a día de un grupo de personas mayores en una residencia, todo un “hermoso homenaje a la primera y, sobre todo, tercera edad”. Nacemos dependiendo de nuestros mayores y envejecemos dependiendo nuevamente para poder seguir viviendo. Como dice su director en esta entrevista, “el final de la vida es muy parecido al principio”; de ahí el título del cortometraje: Capicúa.

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