domingo, 26 de septiembre de 2010

Lápices de colores

 Eneko, ...Y sin embargo se mueve, 14/09/2007
Pero un día Tales se cayó en un pozo porque iba muy distraído, concentrado en sus pensamientos. Y entonces se corrió la voz de que Tales ya no sabía ni dónde ponía los pies. De hecho, algunos de sus conciudadanos ya hacía tiempo que desconfiaban de él. Le acusaban de que cada vez estaba más interesado en saber cosas a las que no se veía ninguna utilidad. Tales de Mileto contestaba que la cuestión no era si eran útiles o no, sino si eran o no verdad. […]

Y tenía razón. Al caerse en ese pozo, Tales había desatado una fuerza portentosa que en adelante no dejaría de agitar la historia occidental. Se trataba de la idea de que la vida de la ciudad tuviera su centro de gravedad en torno a la verdad, la dignidad y la justicia. Se trataba de que, en adelante, la ciudadanía no se conformara con ganar batallas y perseguir con éxito sus intereses. Que nada resultase a la ciudad suficientemente bueno si no era, además de útil o conveniente, justo y verdadero.

Para muchos, esto era una tontería. Pero lo cierto es que la humanidad acababa de iniciarse en una aventura que llega hasta nuestros días y sobre la que todavía no se ha dicho la última palabra.

Carlos Fernández Liria, Pedro Fernández Liria, Luis Alegre Zahonero: Educación para la Ciudadanía. Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho

El País nos recuerda hoy, a propósito de un proyecto de Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación que está preparando el Gobierno, el caso de las solicitudes de empleo para una empresa de supermercados madrileños, que aparecieron esparcidos en la vía pública en junio de 2002 y que contenían anotaciones vejatorias y claramente discriminatorias hacia algunos aspirantes a conseguir el trabajo. "Extranjero, gordo, morenete. Parece Pancho Villa". "No, por gitana y fea". "Vive en Parla y es fea". "Sudamericano, color oscuro sin ser negro, café con leche, largo de café". "Barrios bajos". Todo un ejemplo de ciudadanía.

Y es que, con sus más y sus menos, Educación para la Ciudadanía es una asignatura necesaria. Ante la ausencia de comportamientos responsables, cívicos y democráticos en nuestra sociedad, el Estado tiene la obligación, como dice Savater, de “garantizar una educación que desarrolle la personalidad y enseñe a respetar los principios de la convivencia democrática, etc. ¿Acaso esta tarea puede llevarse a cabo sin transmitir una reflexión ética, válida para todos sean cuales fueren las creencias morales de la familia?” Por eso, aunque la asignatura es realmente impracticable con su actual dotación horaria (una hora a la semana), no está de más fortalecer desde la primera adolescencia los nudos del tejido multicolor que forma nuestra sociedad. Combatir la xenofobia y el racismo, promover el respeto y la ampliación de todos los derechos humanos y de toda minoría social, mostrar el diálogo racional como la única solución de los conflictos… Desde distintas sensibilidades y al margen de todo dogmatismo doctrinal, sería del todo deseable que esta asignatura ocupara el lugar que le corresponde. “Es feliz el que soñando, muere. Desgraciado el que muera sin soñar”, decía Rosalía de Castro.

Aprovecho para insertar un glog de introducción a la asignatura que incluye un PowerPoint con los contenidos de la misma.

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