viernes, 18 de junio de 2010

“La muerte es un Maestro Alemán”

Anselm Kiefer, Margarete
TODESFUGE

Schwarze Milch der Frühe wir trinken sie abends
wir trinken sie mittags und morgens wir trinken sie nachts
wir trinken und trinken
wir schaufeln ein Grab in den Lüften da liegt man nicht eng
Ein Mann wohnt im Haus der spielt mit dem Schlangen der schreibt
der schreibt wenn es dunkelt nach Deutschland dein goldenes Haar Margarete
er schreibt es und tritt vor das Haus und es blitzen die Sterne er pfeift siene Rüden herbei
er pfeift seine Juden hervor läßt schaufeln ein Grab in der Erde
er befiehlt uns spielt auf nun zum Tanz

Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts
wir trinken dich morgens und mittags wir trinken dich abends
wir trinken und trinken
Ein Mann wohnt im Haus der spielt mit den Schlangen der schreibt
der schreibt wenn es dunkelt nach Deutschland dein goldenes Haar Margarete
Dein aschenes Haar Sulamith wir schaufeln ein Grab in den Lüften da liegt man nicht eng

Er ruft stecht tiefer ins Erdreich ihr einen ihr andern singt und spielt
er greift nach dem Eisen im Gurt er schwingt seine Augen sind blau
stecht tiefer die Spaten ihr einen ihr andern spielt weiter zum Tanz auf

Schwarze Milch der Fruehe wir trinken dich nachts
wir trinken dich mittags und morgens wir trinken dich abends
wir trinken und trinken
ein Mann wohnt im Haus dein goldenes Haar Margarete
dein aschenes Haar Sulamith er spielt mit den Schlangen

Er ruft spielt süßer den Tod der Tod ist ein Meister aus Deutschland
er ruft streicht dunkler die Geigen dann steigt ihr als Rauch in die Luft
dann habt ihr ein Grab in den Wolken da liegt man nicht eng

Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts
wir trinken dich mittags der Tod ist ein Meister aus Deutschland
wir trinken dich abends und morgens wir trinken und trinken
der Tod ist ein Meister aus Deutschland sein Auge ist blau
er trifft dich mit bleierner Kugel er trifft dich genau
ein Mann wohnt im Haus dein goldenes Haar Margarete
er hetzt seine Rüden auf uns er schenkt uns ein Grab in der Luft
er spielt mit den Schlangen und träumet der Tod ist ein Meister aus Deutschland

dein goldenes Haar Margarete
dein aschenes Haar Sulamith

FUGA DE LA MUERTE

Negra leche del alba la bebemos de tarde
la bebemos a mediodía de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos la fosa en los aires no se yace allí estrecho
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines
silba a sus judíos hace cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad a danzar

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana a mediodía te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
Tu pelo de ceniza Sulamit cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho

Gritad hincad los unos más hondo en la tierra los otros cantad y tocad
agarra el hiero del cinto lo blande son sus ojos azules
hincad los unos más hondo las palas los otros seguid tocando a danzar

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana a mediodía te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margaret
tu pelo ceniza Sulamit juega con las serpientes

Grita que suene más dulce la muerte la muerte es un Maestro Alemán
grita más oscuro el tañido de los violines así subiréis como humo en el aire
así tendréis una fosa en las nubes no se yace allí estrecho

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un Maestro Alemán
te bebemos de tarde y mañana bebemos y bebemos
la muerte es un Maestro Alemán su ojo es azul
él te alcanza con bala de plomo su blanco eres tú
vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete
azuza sus mastines a nosotros nos regala una fosa en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un Maestro Alemán

tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamit

Paul Celan: Mohnn und Gedächtnis (Amapola y memoria)

Max Horkheimer nos recordaba el otro día que “Los mártires anónimos de los campos de concentración son los símbolos de una humanidad que aspira a nacer. Es tarea de la filosofía traducir lo que ellos han hecho a un lenguaje que se escuche aun cuando sus voces perecederas hayan sido acalladas por la tiranía.” Como es bien sabido, su colega Adorno afirmó que, después de Auschwitz, escribir un poema era un acto de barbarie, pero tuvo que desdecirse al leer a Paul Celan. Y es que, como reconocería más tarde el propio Adorno, la desolación tiene todo el derecho a expresarse, incluso poéticamente. Como diría a la postre Celan, “Algo sobrevivió en medio de las ruinas. Algo accesible y cercano: el lenguaje. Sin embargo, el lenguaje mismo tuvo que abrirse paso a través de su propio desconcierto, salvar los espacios donde quedó mudo de horror, cruzar por las mil tinieblas que mortifican el discurso”. Pero el lenguaje de Celan está en permanente ruptura con el discurso poético, sin rastros ya de transcendencia alguna. Según José Luis Reina Palazón, traductor de la versión que os presento arriba, “sólo una escritura que pueda alejarse de sí misma, es decir, sirgar los falsos meandros de su propia fe, puede mantener aún la visión que surge de lo oscuro”.

Como un siniestro Leitmotiv, “La muerte es un Maestro Alemán” se repite de forma obsesiva en este terrible y, a la vez, maravilloso poema. Centrándonos en otro gran lenguaje, el musical, hace pocas semanas, una lectora de este blog se sorprendía por la controvertida afirmación de Thomas Mann de que la música sola es peligrosa. La música debe estimular tanto la sensibilidad como la razón o será un arte políticamente sospechoso, tesis que vio confirmada en la Alemania de Hitler, cuando el “gran arte estuvo aliado con el gran mal”. ¿Tener una sensibilidad exquisita en lo musical nos hace mejores personas? “La muerte es un Maestro Alemán” que obliga a los músicos judíos a tocar sus melodías mientras sus compañeros cavan sus propias fosas, nos dice desgarradoramente Celan. “La muerte es un Maestro Alemán” que hace llorar a Hitler de emoción tras la representación de un drama wagneriano. Las fronteras entre la música y el horror a veces son lábiles.

Son muchas las veces que se ha intentado poner música a estos dolorosos versos sin éxito alguno. Quizá no haya más canto para los mismos que su recitado en la estremecedora voz del propio Celan que podéis escuchar más abajo. Otros poemas de Celan sí han podido ser “musicados”, como los que os presento aquí. Se trata de las Six Celan Songs de Michael Nyman, interpretadas por la gran Ute Lemper. Aunque todas son excepcionales, no dejéis de escuchar la quinta, Nächtlich geschürzt: es una auténtica maravilla. Guten Appetit!

Todesfuge, en la voz de Paul Celan.




1 comentarios:

Anónimo dijo...

Oda a los narcisos de Inglaterra

Cuando la tierra endurecida duerme bajo
el hielo
y pareciera que el Invierno fuera a perpetuarse
en eternidades luctuosas
e infinitas,
como una imposición tenaz de la muerte,

allá bajo,
más allá de toda luz,
más allá de todo aire,
allá abajo en el inmenso útero terrestre
en las ignoradas raíces palpita una vida oscura.


En la superficie los hielos de diciembre
endurecen la corteza terrestre como el hierro,

mientras,

en el misterioso
interior oculto de los úteros verdes,

las savias nutrientes muelen
y trasvasijan una secreta química vegetal,

y así se gestan bajo la tierra,
en un reservado silencio
en un sagrado silencio,
en un ritual consagrado por el tiempo,
los hermosos embajadores vegetales de
la Primavera.

En los bulbos como si fueran una máquina de oculta
ingeniería,
se van formando
una a una
las cabecitas amarillas
y que al aflorar sobre la tierra húmeda mostrarán
sin una gota de barro,
sin una mancha de suciedad oscura
su definitiva y limpia estirpe solar.

Narcisos, dafodiles de Inglaterra,
bellos adelantados
de todas las hermosuras de cada primavera,
con vuestras trompetas anaranjadas de metal dorado
anunciaís la eternidad de la vida y la persistencia de la
hermosura.

Hijos secretos de un amor infinito entre el sol y la tierra,
a través de las edades,
vaís repitiendo incesantemente un mismo mensaje.

Y en vuestras legiones que cubren los campos,
praderas, y parques y las plazas y jardines
y laderas,
sólo mostraís el bien de la paz y consagraís
a perpetuidad la belleza eterna del ritual de la
vida.


Y es por todo esto hija mía que te pido que
sobre mi tumba plantes una legión de dafodiles
para acordarme más allá de la muerte de la extraordinaria
belleza de la vida:
quiero narcisos blancos y amarillos,
sencillos y dobles,
anaranjados y ruidosos con sus
trompetas alegres y sus agudos clarines.

Y si Inglaterra os prefiere a los gallardos tulipanes
de la Holanda
y si la Inglaterra os prefiere entre todas las flores
de la belleza más bella de este mundo
es
para anunciar a los seres del mañana que
las únicas guerras que debería conocer el
hombre tendrían que ser la de las flores
y en aquellas discusiones y concursos,
yo quisiera que vosotros
fueseís siempre los ganadores,
vosotros mis hermosos,
mis gloriosos amarillos,
mis encantadores y delicados,
mis trompetudos y musicales
narcisos de Inglaterra.


María Eugenia Bravo
Inglaterra, Enero 2003

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