viernes, 14 de mayo de 2010

Música para una hetaira

Jean-Léon Gérôme, Friné ante el areópago

“Cometió Frine, Dama hermosísima de Atenas, que floreció cerca de los tiempos del grande Alejandro, un delito que merecía pena capital; y siendo acusada ante los Jueces del Areópago, compareció a ser juzgada en aquel severo Tribunal. Hizo oficio de Abogado suyo Hipérides, Orador famoso de aquella edad, el cual jugó con exquisito primor todas las piezas de la Retórica, para lograr la absolución de Frine.

Mas como el hecho fuese constante, y el delito gravísimo (algunos capitulan de impiedad), todos los Jueces permanecieron inexorables, mostrando el ceño del rostro la severidad del dictamen. Advertido esto por Hipérides, que era no menos sagaz que facundo, cuando ya veía inútil toda su elocuencia, apeló a otra elocuencia más eficaz. Acercóse intrépido a la bella acusada, y rasgando prontamente la parte anterior de su vestido desde el cuello a la cintura, puso patentes aquellos escándalos de nieve a los ojos de todo el concurso. No como si vieran la cabeza de Medusa, se convirtieron aquellos Senadores de hombres en estatuas; antes de la rigidez de estatuas pasaron a la sensibilidad de hombres. Viéronse al punto mudados sus semblantes, porque se mudaron sus ánimos; y los ojos, en cuya aireada majestad se veía poco antes escrita con anticipación la sentencia de muerte, o ya lascivos, o ya piadosos, dieron a leer la absolución. En fin, llegado a prestar los sufragios, todos los votos salieron a favor de Frine. Aunque tan delincuente como había entrado, salió absuelta como inocente; y los Jueces, que habían entrado inocentes, todos salieron culpados.”


Benito Jerónimo Feijoo, Teatro crítico universal

Para sus acusadores, el gravísimo delito cometido por la hermosa hetaira de Tespias, una de las cortesanas más requeridas en la Atenas del siglo IV, no fue otro que el pretender rivalizar con la mismísima Afrodita y pensar que superaba en belleza a la diosa. No en vano, Friné fue la modelo favorita de Praxíteles y Apeles para esculpir o pintar a la diosa del amor y de la belleza. El maravilloso cuadro de Gérome la representa ante los areopagitas en el momento en el que su hábil abogado Hipérides retira la clámide que la cubría, dejando al descubierto su espectacular cuerpo, logrando así su salvación en el acto: no podía haber maldad detrás de tanta belleza.


A diferencia de la discreción propia de las hetairas famosas de la Antigüedad, la tradición casi siempre ha representado a Venus-Afrodita como incitadora al pecado y a la vida licenciosa. Tal es el caso de la leyenda de Tannhäuser, entregado a todo tipo de excesos en las cavernas subterráneas del Venusberg, hogar de la diosa tras el triunfo del cristianismo, hasta su posterior hastío y arrepentimiento.

Abajo tenéis la Obertura de la famosa ópera compuesta por Richard Wagner sobre esta leyenda medieval, que en su segunda parte refleja el amor sensual y lujurioso atribuido a quien tantas veces sirvió de modelo Friné. La versión es de la Chicago Symphony Orchestra, con Sir Georg Solti a la batuta. Una delicia. Os dejo, también, un fragmento de Safo de Lesbos dedicado a la diosa del amor. Guten Appetit!




Inmortal Afrodita, la de trono pintado,
hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo ruego:
no a mí, no me sometas a penas ni angustias
el ánimo, diosa.
Pero acude acá, si alguna vez en otro tiempo,
al escuchar de lejos de mi voz la llamada,
la has atendido y, dejando la áurea morada
paterna, viniste,
tras aprestar tu carro. Te conducían lindos
tus veloces gorriones sobre la tierra oscura.
Batiendo en raudo ritmo sus alas desde el cielo
cruzaron el éter,
y al instante llegaron. Y tú, oh feliz diosa,
mostrando tu sonrisa en el rostro inmortal,
me preguntabas qué de nuevo sufría y a qué
de nuevo te invocaba,
y qué con tanto empeño conseguir deseaba
en mi alocado corazón. “¿A quién, esta vez
voy a atraer, oh querida, a tu amor? ¿Quién ahora,
ay Safo, te agravia?
Pues si ahora te huye, pronto va a perseguirte;
si regalos no aceptaba, ahora va a darlos,
y si no te quería, en seguida va a amarte,
aunque ella resista”.
Acúdeme también ahora, y líbrame ya
de mis terribles congojas, cúmpleme que logre
cuanto mi ánimo ansía, y sé en esta guerra
tú misma mi aliada.

Safo, Himno en honor a Afrodita

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