sábado, 1 de mayo de 2010

Los cipreses de la isla de los muertos

Arnold Böcklin, La isla de los muertos

"Jamás sé si los cipreses saludan o despiden al viajero que entra o sale de la isla de los muertos. Esas siluetas son realmente potentes porque están suspendidas en medio de la niebla. Se nos recrea el tema clásico del cruce de la laguna Estigia para llegar al Hades. Böcklin recupera el tema de que los vivos, al morir, cruzaban la laguna Estigia en la barca de Caronte, pero lo transforma de una manera muy moderna para situarnos en un terreno onírico, para-real, proponiendo así una suerte de doble visión. Una es la visión tradicional, que también sería de raíz griega, según la cual los muertos llegan a un Hades en el que se dan puras sombras sin vitalidad. Esa visión sería directamente sombría. Pero creo que Böcklin también introduce una segunda visión en que la isla de los muertos es también una especie de Arcadia, un lugar de armonía y reposo. El espectador, ante este cuadro excepcional, tiene la sensación por un lado de que se pierde respecto a la vida de los sentidos, en un sentido terrestre; pero por otro lado está a punto de adentrarse en una Arcadia oscura de la cual nada sabe, pero no por esto es negativa o es abismal, sino que también puede ser evocadora de una extraña serenidad."

Rafael Argullol, Galería de espectros: Los muertos de Böcklin

¡Qué bello e inquietante cuadro! Favorito para muchos. Si no, que le pregunten a ese precursor del expresionismo que fue August Strindberg: 'Insel der Toten', destino de los personajes de su asombroso drama La sonata de los espectros. Por otro lado, los cipreses: ¡qué bonitos árboles! Y más bella aún la leyenda de Caronte. Mucho hay de decadente en el simbolismo. Bienvenida sea la decadencia del arte para los anuncios de crisis, siempre sea bien recibida desde la distancia. Voluntad de poder, voluntad de querer, de continuar en el tiempo, en el fondo y en las formas, aunque ya no haya espacio: quedan los símbolos, aunque poco a poco se diluyan en las frías aguas de la laguna Estigia.

La Isla de los Muertos, alegoría pictórica de Arnold Böklin sobre la vida y la muerte del cuerpo en su última navegación, que trasladaría Rachmaninoff a la música en un maravilloso poema sinfónico que hubiera podido acompañar a Hiperión (el inmortal personaje de Friedrich Hölderlin), cuando decía: “En vano se resistía mi espíritu tenebroso al influjo del mar y del aire. Acabe entregándome, no pregunte nada sobre mí ni sobre los otros, no busque nada, no pensé en nada, me deje acunar por el bote medio en sueños y me imagine que iba en la barca de Caronte. ¡Ah, que dulce es beber así de la copa del olvido!”. Ni las más desabridas almas podrían permanecer impasibles ante esta extraordinaria música que transmite la sensación de que todo se desvanece en un principio originario que no tiene más futuro que su disolución.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante el tema y todo el blog. Enormemente educativo.
Hermosa música nos ha traído... Oh qué placer encontrarse con personas así.

Fantástico.Muchas gracias.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Gracias a ti por tus amables palabras.

Un saludo.

Anónimo dijo...

que genial el cuadro, gran inspiracion para un grande como rachmaninov!

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