lunes, 19 de abril de 2010

Ejercicio sobre los fundamentos de la acción moral

Caspar David Friedrich, El caminante sobre un mar de niebla

“La naturaleza dice a todos los hombres: os he hecho nacer a todos débiles e ignorantes, para vegetar unos minutos sobre la tierra y abonarla con vuestros cadáveres. Puesto que sois débiles, socorreos mutuamente; puesto que sois ignorantes, ilustraos y ayudaos mutuamente. (…) Os he dado brazos para cultivar la tierra y un pequeño resplandor de razón para guiaros; he puesto en vuestros corazones un germen de compasión para que os ayudéis los unos a los otros a soportar la vida. (…)

Hay un edificio inmenso cuyos cimientos he puesto con mis manos: era sólido y sencillo, todos los hombres podían entrar en él con seguridad; han querido añadirle los ornamentos más extraños, más toscos, más inútiles; el edificio cae en ruinas por los cuatro costados; los hombres recogen las piedras y se las tiran a la cabeza; les grito: Deteneos, apartad esos escombros funestos que son obra vuestra y habitad conmigo en paz en mi edificio inconmovible.”

Voltaire, Tratado sobre la tolerancia

Con las éticas de la responsabilidad terminamos el tema de los fundamentos de la acción moral. Hemos analizado en último lugar las propuestas éticas de Hans Jonas para situar la responsabilidad ante los demás, incluidas las generaciones futuras, como principio de cualquier acción verdaderamente moral. En este sentido, y en un mundo amenazado cada vez más por la tecnología, reformuló el ya caduco imperativo categórico kantiano en estos términos:

“Un imperativo que se adecuara al nuevo tipo de acciones humanas y estuviera dirigido al nuevo tipo de sujetos de la acción diría algo así como: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra”; o, expresado negativamente: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de esa vida”; o, simplemente: “No pongas en peligro las condiciones de la continuidad indefinida de la humanidad en la Tierra”; o, formulado, una vez más positivamente: “Incluye en tu elección presente, como objeto también de tu querer, la futura integridad del hombre.”

Hans Jonas, El principio de responsabilidad

Tenemos, por tanto, la obligación moral de hacer posible la continuidad de la vida y la supervivencia de las generaciones venideras. En la actualidad, la ética debe, pues, tener en cuenta, no sólo las condiciones globales de la vida humana, sino también la misma supervivencia de la especie en una naturaleza cada vez más acorralada. Con esta reflexión sobre nuestra responsabilidad ante el futuro cerramos esta importante cuestión. Si queréis saber más sobre Jonas, podéis consultar la página de Ramón Alcoberro filosofía i pensament. Si preferís realizar un sencillo ejercicio de palabras cruzadas en vistas al examen que realizaremos en breve, pulsad sobre la imagen. No seáis perezosos.

0 comentarios:

Publicar un comentario

En “Angelus Novus” cualquier opinión, sugerencia o comentario serán muy bien acogidos. No serán publicados, sin embargo, los mensajes injuriosos, discriminatorios o con un lenguaje inapropiado.

¡Muchas gracias!

Ir Arriba