domingo, 21 de marzo de 2010

Por la eliminación de la discriminación racial

Sistema de marcado en los campos de concentración nazis, Fuente de la imagen

“El racismo se ha consolidado así como una ideología determinista que pretende reducir la naturaleza humana --esencialmente plural y contingente, semejante y mestiza-- a la dicotomía estereotípica de los superiores y los inferiores, como mecanismo de opresión de los dominadores en una sociedad desigual, como exudación de sus conflictos y problemas, como estrategia dirigida a preservar intereses de sociedad o clase, género o grupo. A fin de que no se alteren las estructuras de prevalencia de quienes se arrogan la abyecta estupidez de que su hegemonía es "natural" y "legítima", jerarquizada en riqueza, poder o estatus, los excluidos jamás deberán ascender desde el foso de la escala a los peldaños de la igualdad.

El racismo se presenta, pues, en principio como un producto específico de genes egoístas, como el orden impuesto por "la naturaleza de las cosas". Se establece luego como dogma, como verdad irreplicable que explica las relaciones de dominio de los hombres sobre las mujeres (racismo sexista, la más primitiva y persistente de las manifestaciones del determinismo dominador), la supremacía de los blancos sobre los negros o de los amos sobre los esclavos (racismo pigmentario, visual o visceral, y racismo explotador puro y duro); la prioridad de los habitantes de un territorio sobre los extranjeros visitantes o inmigrantes, de los radicados sobre los ajenos o transeúntes, de los propios sobre los extraños (racismo xenófobo) o de los poseedores sobre los desposeídos (racismo socioeconómico); el angelismo de los Cristianos sobre los Judíos, "variantes anómalas de nosotros", sobre los Musulmanes u otros desviados, paganos, herejes, escépticos, descreídos, y de cualesquiera sobre los demás infieles a los que es preciso someter a "la verdad" (racismo religioso)... “

Manuel Martín Ramírez, Vamos a reírnos muy en serio del racismo

No hay mayor lacra para la humanidad que la dicotomía entre el "nosotros" y el "ellos". Y si se hace en nombre de una pretendida supremacía racial, peor que peor. A veces parece que el verdadero motor de la historia es el desprecio hacia los “otros”. Sólo hay que echarle un vistazo a nuestra historia para ver que está salpicada de crímenes cometidos en nombre de Dios o de doctrinas e ideologías que inciden en esa desigualdad “natural” del ser humano y que constituyen la mayor denigración de nuestra especie. No hay, pues, que escatimar esfuerzos para eliminar todas las formas de discriminación racial, germen de todas las tragedias que se han fraguado a lo largo de nuestra historia. Por esta razón, la Unesco celebró en 1965 la Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial, que podéis leer más abajo, y Naciones Unidas establecería, un año más tarde, el 21 de marzo como El Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.

Es curioso observar como se ha utilizado a veces la ciencia para justificar la demonización de los “otros”; por ejemplo, la frenología de Franz Joseph Gall, hoy en día considerada una pseudociencia, pero que fue utilizada con profusión en la Alemania nazi para justificar “científicamente” el racismo. Sin embargo, como dice Javier Sampedro, “el racismo que colonizó la Alemania de Hitler no tiene nada que ver con la biología, salvo por la metáfora del virus ideológico”. Y es que la idea de raza humana no tiene la más mínima base científica. Sólo es un prejuicio cultural, pero muy peligroso.

Os dejo un artículo de Javier Llanos, en el que desmonta las pretendidas bases biológicas del concepto de raza, y un fragmento de la película Europa, Europa, de Agnieszka Holland que muestra el absurdo de las teorías de la frenología: un chaval judío se hace pasar por alemán ario y tras un exhaustivo análisis frenológico resulta ser un auténtico ario, eso sí, de la rama báltica. Podéis acceder a una ficha de trabajo de esta película pulsando aquí.

“A diferencia de lo que la sociedad se imagina, la idea de raza humana no tiene ningún sentido biológico. La noción de raza humana no tiene base científica, es decir, no podemos encontrar diferencias significativas en el genoma de grupos de individuos que apoyen la clasificación de la especie humana en razas.

La aparición del concepto de las razas tiene una base naturalista, y procede de la observación de aspectos externos claramente identificables. Aunque pueda parecer mentira, los grandes rasgos con los que tradicionalmente se han separado las cuatro grandes razas humanas (oriental, europea, australiana y negra) son sólo tres: color de la piel, tipo de cabello y forma de la nariz. No hay más. Con ese sistema, todos hemos aprendido a reconocer el modelo negro de nariz chata, pelo ensortijado y piel oscura, del estándar blanco con ojos azules, pelo dorado y nariz estrecha. Tal vez sea posible encontrar a unos cuantos individuos en el planeta que responden a estos modelos; la gran mayoría, sin embargo, es un tipo globalizado construido a base de combinaciones al azar de unos cuantos tipos de nariz, pelo y ojos.

La primera crítica a esta subdivisión es su arbitrariedad: de entre los cientos de aspectos físicos del ser humano son sólo tres los considerados. La segunda crítica es que es errónea: cuando se consideran múltiples caracteres biológicos, visibles y no visibles (genéticos, al fin y al cabo), las divergencias entre aquellas supuestas grandes razas son inapreciables. En resumen, pueden encontrarse más diferencias biológicas entre dos chinos que entre un sueco y un etíope.

Por desgracia, el ser humano es fácilmente seducible por los sistemas de categorización o agrupación. Los patrones raciales son enseñados a lo largo de nuestra educación y de la historia de la humanidad. La consecuencia es peligrosa: si los hombres son diferenciables por aspectos físicos, es posible asignar mayor bondad a unos aspectos que a otros, a una raza que a otra. Y así ha sucedido (la conmemoración hace unos meses del genocidio armenio nos lo ha vuelto a recordar).

Es curioso que dos organismos de ámbito mundial, la ONU y la Unesco, ofrezcan distintas apreciaciones del concepto de raza. La Unesco comenzó a recomendar, hace más de medio siglo, el abandono del término raza y su sustitución por otros con mayor base o justificación (para aludir a grupos humanos que comparten aspectos socioculturales). Sin embargo, la ONU, en todos sus pronunciamientos, regulaciones jurídicas, etcétera, considera la raza como una forma de identificación de diferentes grupos de individuos. Como claro ejemplo, la declaración universal de los derechos humanos manifiesta que todos los hombres tienen los mismos derechos sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión u otra índole. Por razones obvias de la fecha de publicación de dicha declaración (tras la II Guerra Mundial), el término raza apareció en primer lugar de las causas de distinción.

Así pues, la idea de raza está grabada en nuestra mente y comportamiento, a pesar de que los criterios biológicos demuestran su inexistencia. La bondad de la declaración de los derechos humanos es indiscutible, y es posible identificar grupos humanos por sexo, idioma, opinión política o religión, pero no es factible hacerlo por raza. Hemos de borrar la tendencia cultural, aprendida, de agrupar los individuos por su raza, y aceptar los conocimientos científicos que nos dicen que esa diferenciación es un pensamiento tan obsoleto como falso.”

Javier Llanos, Un concepto no científico: la raza




2 comentarios:

Anónimo dijo...

La vitta e bella, Roberto Benigni

http://www.youtube.com/watch?v=4xBhbDgJtAE&feature=related


Hermoso blog. Sigo estudiando.

Publicar un comentario

En “Angelus Novus” cualquier opinión, sugerencia o comentario serán muy bien acogidos. No serán publicados, sin embargo, los mensajes injuriosos, discriminatorios o con un lenguaje inapropiado.

¡Muchas gracias!

Ir Arriba