viernes, 5 de marzo de 2010

"La gota de lluvia"

Eugène Delacroix, Frédéric Chopin

Hermano del abismo, galán de noches trágicas,
Chopin, alma tan grande en armazón tan frágil,
el piano mudo sueña sentir tus manos mágicas;
la Música enlutada llora en tu acorde ágil. (…)

Tu música interpreta soplos, hipos mortales,
ayes de esplín, de duda y de remordimiento,
y tú solo has hallado las notas sepulcrales
que de los muertos pueden traducir el lamento.

Triste o jovial, sereno ó en inmensa agonía,
abro el alma a tus aires solemnes y triunfales,
porque al través percibo de su grande armonía
risas, quejas, sollozos y gritos fraternales.

¡Ay! muerto tú, quién puede proclamarse tu lírico.
¡Artistas fabricados, sin nervio ni calor,
no comprenderéis nunca lo que aquel grande Tísico
derramó de su genio al mar de su dolor!

Maurice Rollinat, Chopin

El día uno de marzo se cumplió el segundo centenario del nacimiento de Frédéric Chopin, uno de los mayores genios del piano de toda la historia de la música. De hecho, casi toda su producción musical estuvo dedicada a este instrumento, el que mejor supo dar expresión a las tensiones del Romanticismo. Decía André Gide, refiriéndose a uno de los Preludios Op. 28, que “el tema apunta una profunda tristeza, pero resignada con la historia, que sigue su marcha sin preocuparse por la queja humana. De ese conflicto entre el hombre y lo fatal de la vida nace una angustia que nadie, ni antes ni después, ha podido expresar mejor”. Es esta la obra que compuso en la mallorquina Cartuja de Valldemosa cuando ya le había sido diagnosticada la tuberculosis que le llevaría a la tumba con tan solo 39 años. Sobre los tres meses que pasó en la isla nos queda el relato que realizara su amante George Sand en "Un invierno en Mallorca", publicada en 1842. En su autobiografía, la escritora francesa también se referirá a este episodio y a los Preludios con estas bellas palabras:

“El pobre genio era detestable como enfermo. Lo que yo había temido, aunque no demasiado, desdichadamente sucedió. Se desmoralizó del todo. Aunque era capaz de soportar el sufrimiento con bastante valor, no podía vencer los terrores de su imaginación, para él el claustro estaba poblado de fantasmas, hasta cuando se sentía bien. No decía nada, pero yo me daba cuenta. Cuando regresaba con mis hijos de mis exploraciones nocturnas por las ruinas, lo encontraba a las diez de la noche delante de su piano, pálido, con los ojos extraviados y los cabellos revueltos. Necesitaba unos minutos para reconocernos.

Enseguida hacía un esfuerzo para sonreír, y nos hacía escuchar las cosas sublimes que había compuesto, o, mejor dicho, las ideas terribles o desgarrantes que se habían apoderado de él, a pesar suyo, en esa hora de soledad, de tristeza y de terror.

Allí compuso las más hermosas de esas piezas breves que él humildemente llamaba preludios. Son obras maestras. Algunos representaban la visión de monjes difuntos y la audición de cantos fúnebres que lo perseguían; otros son melancólicos y suaves; le brotaban en las horas de sol y de salud, por el rumor de las risas de los niños en la ventana, por el lejano rasgueo de las guitarras, por el canto de los pájaros bajo el follaje, o a la vista de las pequeñas rosas desvanecidas en la nieve.

Algunos otros, además, son de una tristeza lúgubre, y al tiempo que complacen al oído, destrozan el corazón. Hay uno que compuso en una velada de lluvia melancólica, y que echa sobre el alma un pesar temeroso.”

George Sand: Historia de mi vida

Se refiere, seguramente, al conocido como "La gota de lluvia", el número 15, en Re bemol mayor. Os dejo este precioso Preludio, en versión de Alfredo Perl y el número 24, en Re menor, interpretado por Andras Schiff. Bon appétit!




2 comentarios:

Dn. dijo...

Amo a este gran genio.

No tengo palabras para describir lo que me transmite su musica, en especial sus nocturnos.


Un fuerte abrazo desde los sueños.

Dn.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Decía Liszt, otro de los grandes pianistas del XIX, a propósito de “Los Preludios” de Chopin, que “arrullan el alma en sueños dorados y la elevan hasta las regiones ideales”. Yo prefiero a Liszt o a Schumann, pero hay que reconocer que la innovadora, melancólica y preciosista música de Chopin te conduce a lugares donde sólo impera lo exquisito.

Un saludo.

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