lunes, 8 de marzo de 2010

"Hombre, ¿eres capaz de ser justo?"

Norman Lindsay, Lysistrata

"Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Es una mujer quien te hace la pregunta; no le quitarás, al menos, este derecho. Dime ¿quién te ha dado el soberano poder de oprimir mi sexo? ¿Tu fuerza? ¿Tu talento? Observa al creador en su sabiduría; recorre la naturaleza en toda su grandeza; a la que pareces querer aproximarte, y dame, si te atreves, el ejemplo de este poder tiránico. Remóntate hasta los animales, consulta los elementos, estudia los vegetales, echa finalmente una ojeada a todas las modificaciones de la materia organizada; y ríndete a la evidencia cuando te ofrezco los medios; busca, hurga y distingue, si puedes, los sexos en la administración de la naturaleza. Por todas partes los encontrarás confundidos, por todas partes cooperan como un conjunto armonioso en esta obra maestra inmortal.

Sólo el hombre ha tramado un principio de esta excepción. Extravagante, ciego, hinchado de ciencias y degenerado, en este siglo de luces y de sagacidad, en la más crasa de las ignorancias, quiere mandar como un déspota sobre un sexo que ha recibido todas las facultades intelectuales; pretende disfrutar de la revolución y reclamar sus derechos a la igualdad, por no decir nada más."

Olympe de Gouges, Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana (1791)

El nacimiento del Día Internacional de la Mujer siempre se ha vinculado erróneamente al incendio producido en la fábrica Cotton de Nueva York en 1908, tras ser ocupada por sus trabajadoras, en huelga por sus duras condiciones laborales, y en la que murieron las 129 mujeres que se encontraban en su interior, al haber decidido el dueño cerrar las puertas. Lo cierto es que la decisión de convertir esta celebración en una festividad internacional corrió a cargo de Clara Zetkin (1857-1933), líder del movimiento alemán de mujeres socialistas. La primera celebración del Día Internacional de la Mujer se produjo el 19 de marzo de 1911. Posteriormente pasó a celebrarse el 8 de marzo en casi todo el mundo.

No obstante, la consolidación definitiva de esta fecha provino de la Revolución rusa de 1917: los sucesos del 8 de marzo de 1917 no sólo dieron origen a la Revolución, sino que hicieron que el Día Internacional de la Mujer se pasara a celebrar, sin más cambios hasta la actualidad, todos los 8 de marzo. Así, como podemos leer en el portal web de Naciones Unidas: “Como reacción ante los 2 millones de soldados rusos muertos en la guerra, las mujeres rusas escogieron de nuevo el último domingo de febrero para declararse en huelga en demanda de "pan y paz". Los dirigentes políticos criticaron la oportunidad de la huelga, pero las mujeres la hicieron de todos modos. El resto es historia: cuatro días después el Zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Ese histórico domingo fue el 23 de febrero, según el calendario juliano utilizado entonces en Rusia, o el 8 de marzo, según el calendario gregoriano utilizado en otros países.”


Pero lo importante es el sentido de la celebración. Por esto, aunque ha perdido el carácter obrero de sus inicios, el Día Internacional de la Mujer “es cada vez más una ocasión para reflexionar sobre los avances conseguidos, exigir cambios y celebrar los actos de valor y decisión de mujeres comunes que han desempeñado una función extraordinaria en la historia de los derechos de la mujer”. Una historia que viene marcada por la vieja reivindicación de la mujer de poder participar en la sociedad en la misma condición de igualdad que el hombre.

Ya Aristófanes no presentó en tono de comedia un episodio de esta historia. Se trata de Lisístrata, heroína de los movimientos pacifistas y feministas modernos: las mujeres atenienses, capitaneadas por la que le da nombre a la obra, cansadas de la continua guerra contra los lacedemonios, se reúnen con las mujeres del bando rival y deciden abstenerse, tanto de relaciones sexuales con sus maridos, como de sus obligaciones familiares, hasta que éstos dejen de luchar. Es, pues, un huelga en toda regla que tiene como desenlace la firma de la paz entre las polis griegas. Otro episodio fue protagonizado por otra heroína, hoy olvidada, de la Ilustración: Olympe de Gouges, escritora francesa que nos dejó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en los tiempos de la Revolución francesa y que acabó guillotinada. Abajo tenéis este escrito para que reflexionéis sobre por qué sigue siendo necesario darle una respuesta al poema de Olympe de Gouges. ¡Feliz día de la mujer!


Forges, El País, 8/3/10

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Curiosamente, y no pretendo traer abajo los derechos conseguidos (bien sea cierto que en algunos ambitos a igual trabajo no significa igual salario), curiosamente empieza entrar a debate la cuestión de si la mujer debe ser emprendedora, puede ser emprendedora o no, de si la mujer lider es posible.
Sobre las espaldas de esta falacia muchos políticos pretenden propagar esta mujer nueva y polifacética, algunos incluso dicen que debe exigirsele trabajar en el terreno público igual que un hombre.

Evidentemente esto es una estupidez, mientras el terreno privado sea tan desigual y no se pongan los medios para liberar a la mujer de sus obligaciones umbilicales, que en definitiva, es lo único que retira a nuestras mujeres de la plaza pública, salvo casos contados de mujeres en muy buena situación económica que cuentan con amas, y chóferes y señoras de limpieza. Ese por supuesto no es el caso más regular. Aunque hay casos.

Lo más deseable es que la mujer se busque un maromo de bien y solvente para poder con tiempo y paciente rendición dedicarse a la camada. Si tiene suerte, y el maromo apoya,y tiene ganas, será además una mujer emprendedora que divide su tiempo entre la profesión, la ambición y la camada. Esto es decir, si el cuidado de los niños no se le lleva el salario íntegro.
Así que si tiene mala suerte, estará trabajando para procurar el cuidado de la casa y de los niños, y si tiene peor suerte, se quedará sóla al cuidado de los niños y le será dificil dividir su tiempo y su dinero.


Mientras el estado, que todos pagamos, unos más y otros menos, no ponga medios, va a ser imposible que la mujer se sienta llamada al papel de líder ni que vaya a formar masivamente parte de la cosa pública. A no ser, por supuesto, un par de abuelas menopáusicas con vocación tardía, o recobrada.

Es posible y he oido voces en este sentido ultimamente, que si acaso la mujer necesita ser reconocida en su ardua labor umbilical, no siempre necesariamente se siente llamada para labores mayores que las de criador, asesor, consejero y amante.

Excepciones aparte.

No más un pensamiento.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Buena reflexión, y muy acertada. Gracias por ayudar a enriquecer el blog.

Saludos.

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