lunes, 15 de febrero de 2010

¿Sólo un cambio de nombre?


En tiempos de Maricastaña, quiero decir, antes de la historia, es decir en la prehistoria, el mundo estaba totalmente mal hecho. Un tal Pah-dreh-ther-noh, especialista en mundos y universos, había hecho nuestro mundo en siete días, pero, aunque no era un novato, lo había hecho todo mal, especialmente los animales (el elefante sin trompa, etc.). Estaban tan descontentos que Pah decide corregirlos, aunque no satisface todos sus caprichos. Cuando ya ha terminado, se presenta el mono.

− Para mí, tú estás bien así -dijo Pah-dreh-ther-noh-. Pero no quiero ser injusto. Di lo que quieras y trataré de complacerte.

− No sé lo que quiero. Me siento descontento, insatisfecho, inquieto, esto sí. Pero ¡no sé en absoluto lo que quiero!

− Descontento, insatisfecho, inquieto, ¿qué es eso? ¿Qué quiere decir? ¡Pide algo claro, concreto, como todos los demás! ¿Quieres una cola más larga, quieres cuernos, quieres unas orejas más grandes? ¡Si quieres que se te cambie de algún modo, dilo! Pero no me hables de inquietud, porque entonces quiere decir que no sabes lo que quieres.

− Y sin embargo, es así, exactamente así: estoy inquieto, pero no quiero nada en concreto. O mejor, quisiera una cosa. Quisiera cambiar de nombre.”Mo No” no me gusta. Quisiera llamarme “Hom Bre”.

− ¿”Hom Bre”? ¿Qué quiere decir? ¿Por qué?

− Porque estoy seguro de que si cambio de nombre, cambiaré también yo. Mi inquietud proviene del hecho de que presiento que con este otro nombre podría mejorar, progresar, crecer en inteligencia, en bondad, en habilidad.

− Está bien, como tú quieras: a partir de ahora ya no te llamarás “Mo No”, sino “Hom Bre”. Y progresa tanto como quieras. No veo nada malo en progresar.

Y así Pah-dreh-ther-noh se fue a dormir y dejó a Mo No dueño del lugar. Mo No, aunque seguía descontento, inquieto, insatisfecho, se hizo llamar Hom Bre y nombrándose así cometió locuras sin fin. Entre otras cosas, últimamente se ha empeñado en destruir aquel famoso mundo creado por Pah-dreh-ther-noh en siete días y a buen seguro que pronto, muy pronto, lo convertirá en ruinas. Los monos son irritables, lo rompen todo, lo ensucian todo, lo destruyen todo.

Mientras tanto, Pah-dreh-ther-noh duerme. Si despertara, acaso podría detener a Mo No, evitar el desastre. Pero no hay nada que hacer, tiene que dormir medio millón de años, y así será. Al final se despertará, mirará el mundo y, al verlo convertido en una pocilga, se llevará las manos a la cabeza y gritará:

− ¡Qué horror! Pero ¿se puede saber qué ha ocurrido?

Atormentado, abatido, Mo No, o mejor Hom Bre, responderá:

− No lo sé. Me sentía inquieto, descontento, he intentado mejorar el mundo y, en cambio, algo no ha funcionado.

Pah-dreh-ther-noh no perderá el tiempo en pláticas. Cogerá el mundo, le dará una patada y lo lanzará lejos. Después dirá:

− Volveré a hacer el mundo tal cual, pero sin monos. Será el mundo más hermoso de cuantos he creado. Y esta vez los animales podrán satisfacer todos sus caprichos, ¡incluyendo la piel roja con pequeñas flores azules de Ele Fante! Pero el nombre, no. El nombre no se cambia. Ele Fante una vez, Ele Fante para siempre.

Alberto Moravia, Hace mil millones de años..., en César Tejedor, Filosofía, SM, Madrid, 1997

Efectivamente, ya no somos Mo Nos, somos Hom Bres. Y no es una mera cuestión semántica. Ser hombres implica ir más allá de nuestra propia naturaleza para, como señala Moravia en este texto, mejorar, progresar, crecer en inteligencia e incluso en bondad. Sin embargo, la historia parece desmentir cualquier perfeccionamiento de la humanidad en este sentido. Hoy, más que nunca, se hace necesario un "imperativo de la responsabilidad" como el propuesto por Hans Jonas: sólo si nos esmeramos por preservar la naturaleza, podremos garantizar la supervivencia de nuestra especie y del mundo en su conjunto.

No deja de llamarme la atención el enorme éxito de Avatar, al margen de sus innegables proezas técnicas que, por otro lado, no representan más que otro “salto evolutivo” en los efectos digitales. La película transmite un mensaje ecológico que, aunque bastante pueril y exclusivamente dirigido a un público adolescente, afronta la importancia que nuestro entorno posee para nuestro progreso cultural, incluidas nuestras relaciones. Así, Avatar muestra el mismo choque de civilizaciones que veíamos en La selva esmeralda, la estupenda película (esta sí) de John Boorman, centrada en los problemas medioambientales del Amazonas, y que se pueden trasladar a Pandora, el planeta natal de los Na'vi. Los indígenas de Pandora se enfrentan a los mismos “Hombres Termita” que las tribus amazónicas. No hay mejor apelativo para referirse al hombre occidental y su gran poder destructivo.

La película de James Cameron no es, desde luego, la gran película que algunos nos quieren hacer ver, pero sí que nos muestra cuál es la incidencia de la cultura occidental sobre el medio y sobre las culturas indígenas. No obstante, os recomiendo que veáis la película de Boorman y que analicéis las principales diferencias culturales que podemos observar entre una cultura que vive en un perfecto equilibrio con la naturaleza y otra que es por “naturaleza” depredadora. En especial, prestad atención a aquellos aspectos que se centran en la sexualidad, la utilización de las drogas y la relación con el medio natural. No hagamos más grande la espinilla de Pah-dreh-ther-noh: podría explotar.



Miguel Brieva

8 comentarios:

Dn. dijo...

Es increible ver como esta última viñeta refleja de manera muy realista el sentimiento hacia el porvenir que se está asentando en nuestra sociedad.

Cada día observo como nos importa más bien poco nuestro hogar.

En el mismo recreo de nuestro instituto tiramos los papelitos del almuerzo al suelo teniendo una papelera al lado ¿Que se puede esperar de nosotros entonces?

Veremos a ver cuando explota todo esto.


Un abrazo desde los sueños.

Dn.

Marcos Santos Gómez dijo...

Qué buena película La selva esmeralda. Pero no sé por qué, parece olvidada. Es la primera vez que he leído que alguien la nombre en bastante tiempo. Avatar no la he visto pero no me espero mucho de ella. Empiezo a recelar cuando se supone que una gran superproducción lleva mensaje.
Un saludo,
Marcos Santos

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Miguel Brieva es un maestro en esto de despertar conciencias. Te recomiendo que leas “Dinero”. En este enlace podrás encontrar una interesante reseña: Miguel Brieva: Dinero. Y tienes mucha razón: es una vergüenza contemplar la falta de civismo que hay en el Centro. No sólo con respecto a la basura que se genera en los recreos, sino también al estado en el que se encuentran las aulas y su mobiliario.

Un saludo.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Hola Marcos: no te pierdes nada si no ves “Avatar”, a no ser que te gusten los cuadros paisajísticos de los restaurantes asiáticos de gama baja. Y respecto a lo que se nos cuenta, que es lo que menos importa, es de un infantilismo que ofende. Todo se banaliza, incluso los problemas medioambientales. Sin embargo, si alguien es capaz de asociar una película fantástica con hechos que son muy muy reales, bienvenidas sean estas películas. El problema es que dudo mucho de que los espectadores vean más allá de lo que se les muestra: una historia de acción para deleite de sensibilidades poco exigentes. Las historias se han puesto al servicio de los efectos especiales y no al revés, que es lo suyo.

Qué diferente es una película como “La selva esmeralda” que, por cierto, nunca ha gozado de la aprobación que se merece. Un sólido argumento, con una imagen espectacular que realza todavía más esta magnífica historia tan llena de matices y tan rica en información y que, además, entretiene (que es la razón de ser del cine). ¿Civilización o barbarie?

Saludos.

Anónimo dijo...

Apuntaré "La selva esmeralda" a mi lista de próximas películas y en cuanto a la película "Avatar" he de decir que desde mi punto de vista si que existe un "aire ecologista" que, ahí lo importante, los jóvenes pueden captar con facilidad tomando conciencia con el problema real. Sin embargo, durante el transcurso de la película he observado de nuevo y lamentablemente como el espíritu comercial destruye esa base que prestó a la reflexión y con ello me refiero a que el director ha preferido satisfacer la conciencia del espectador, cuando, desde mi punto de vista, si lo que pretendia era enviar ese mensaje "tan ecologista" que tanto nos venden, la gente debería abandonar la sala con al menos, una pizca de culpabilidad por lo que estamos haciendo con el planeta, sin olvidar que nuestra contaminacion ya traspasa nuestra atmósfera o no os suena eso de "residuos espaciales".

Aún así creo que aún estamos a tiempo de reaccionar pero que debemos hacerlo ya, creo que hay que dejar de usar la palabra "ecologismo" para vender y comenzar a actuar en serio.

José Luis Soto

Felicidades por la gran labor que haces con este foro José Ángel, no permitas que este blog muera.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Hola José Luis. Me alegro mucho de verte por aquí. Tienes toda la razón: James Cameron, que es un buen director, ha utilizado en su película un tema que es muy de “nuestro tiempo” por intereses exclusivamente comerciales. En la Red están proliferando páginas que incluso te venden traducir tu nombre a la lengua de los Na’vis. Pero todavía no he visto ninguna que utilice su mensaje “ecológico” para concienciar a la gente de los problemas medioambientales. En cambio, Boorman nos da una lección magistral de cómo entretener, al mismo tiempo que nos cuenta una historia solvente y que sí que incita a la reflexión. No te la pierdas.

Espero que te vaya muy bien en Valencia; ya me contarás.

Un abrazo.

cynthi_94 dijo...

¿Por qué vemos la película la selva esmeralda en filosofía?¿Qué método de investigación ha seguido el director para realizar la?
¿Qué elementos culturales aprecias de las distintas sociedades humanas?

José Ángel Castaño Gracia dijo...

@cynthi_94Quizá sería más provechoso que intentaras responder a estas preguntas que te ha formulado tu profesor por ti misma. Tampoco está de más que recuerdes que la cortesía es una gran virtud, también en Internet.

Un saludo.

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