lunes, 22 de febrero de 2010

Libertad y responsabilidad: “Switch”

Magdalena Abakanowicz, Figures 1970s

«Y aquí conviene señalar dos aclaraciones respecto a la libertad:

Primera: No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, de tales padres y en tal país, padecer un cáncer o ser atropellados por un coche, ser guapos o feos, que los aqueos se empeñen en conquistar nuestra ciudad, etc.), sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados, vestirnos a la moda o disfrazarnos de oso de las cavernas, defender Troya o huir, etc.).

Segunda: Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible). Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad. Soy libre de querer subir al monte Everest, pero dado mi lamentable estado físico y mi nula preparación en alpinismo es prácticamente imposible que consiguiera mi objetivo. En cambio soy libre de leer o no leer, pero como aprendí a leer de pequeñito la cosa no me resulta demasiado difícil si decido hacerlo. Hay cosas que dependen de mi voluntad (y eso es ser libre) pero no todo depende de mi voluntad (entonces sería omnipotente), porque en el mundo hay otras muchas voluntades y otras muchas necesidades que no controlo a mi gusto. Si no me conozco ni a mí mismo ni al mundo en que vivo, mi libertad se estrellará una y otra vez contra lo necesario. Pero, cosa importante, no por ello dejaré de ser libre... aunque me escueza.

En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad, desde terremotos o enfermedades hasta tiranos. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza. Si hablas con la gente, sin embargo, verás que la mayoría tiene mucha más conciencia de lo que limita su libertad que de la libertad misma. Te dirán: «¿Libertad? ¿Pero de qué libertad me hablas? ¿Cómo vamos a ser libres, si nos comen el coco desde la televisión, si los gobernantes nos engañan y nos manipulan, si los terroristas nos amenazan, si las drogas nos esclavizan, y si además me falta dinero para comprarme una moto, que es lo que yo quisiera?» En cuanto te fijes un poco, verás que los que así hablan parece que se están quejando pero en realidad se encuentran muy satisfechos de saber que no son libres. En el fondo piensan: «¡Uf! ¡Menudo peso nos hemos quitado de encima! Como no somos libres, no podemos tener la culpa de nada de lo que nos ocurra...» Pero yo estoy seguro de que nadie -nadie- cree de veras que no es libre, nadie acepta sin más que funciona como un mecanismo inexorable de relojería o como una termita. Uno puede considerar que optar libremente por ciertas cosas en ciertas circunstancias es muy difícil (entrar en una casa en llamas para salvar a un niño, por ejemplo, o enfrentarse con firmeza a un tirano) y que es mejor decir que no hay libertad para no reconocer que libremente se prefiere lo más fácil, es decir, esperar a los bomberos o lamer la bota que le pisa a uno el cuello. Pero dentro de las tripas algo insiste en decirnos: «Si tú hubieras querido...»

Fernando Savater, Ética para Amador

Decía Manuel Azaña que la libertad no hace al ser humano más feliz, sólo lo hace más humano. Comenzamos un nuevo tema que nos llevará a analizar los fundamentos de la acción moral, que no son otros que la libertad y la responsabilidad. ¿Qué relación guardan estos conceptos con la moralidad? En primer lugar, por moralidad entendemos elección de una u otra conducta ante una situación en la que nos preguntamos ¿qué debo hacer?; y si la vida moral consiste en elegir lo que vamos a hacer, la capacidad de elección es lo que llamamos libertad. Esto es así porque cuando se afirma la libertad, se está indicando la autoría y la responsabilidad de los propios actos; es decir, que se pueden defender con razones: sólo porque somos libres somos responsables de nuestros actos. No tiene sentido atribuir moralidad y responsabilidad moral a quien no actúa libre y conscientemente.


Libertad es, por tanto, la capacidad de elegir entre las diversas posibilidades que se le ofrecen al ser humano en cada momento. Sin embargo, como señala Savater más arriba, hay aspectos de la vida que no podemos elegir. De hecho vivimos sometidos a una serie de “fatalidades”, de condiciones impuestas contra las que no se puede hacer nada: el nacer, el hacerlo en una familia determinada, en un país concreto, en una época... Por eso, no somos libres de elegir lo que nos pasa (lo que Ortega y Gasset denomina “circunstancia”); pero es ahí donde hallamos las opciones vitales que marcarán nuestras elecciones, la libertad para responder a lo que nos pasa. Vivir es, pues, libertad y necesidad: se elige cómo queremos vivir nuestra vida, pero nuestra elección está limitada por ciertos aspectos que conforman la circunstancia, lo que se nos impone y no podemos elegir.

Os dejo los apuntes que vamos a seguir en clase. Para su descarga, pulsad aquí. Os presento también un magnífico corto de Jean-Julien Pous y Pierre Prinzbach, Switch. Sus autores nos muestran la importancia de pararse a pensar en abrir las puertas correctas en esa carrera frenética que es la vida y que comienza desde que nacemos. Es toda una reflexión sobre el tiempo y los difíciles “caminos” de la libertad. Pero ya se sabe: las cosas bellas son difíciles. ¡No seáis perezosos!

Switch from jayjayp on Vimeo.

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