viernes, 26 de febrero de 2010

¡Adiós, Hans Castorp!

Geir Kleppan, Hans Castorp

¡Adiós, Hans Castorp, hijo mimado de la vida! Tu historia ha terminado. Hemos acabado de contarla. No ha sido breve ni larga; es una historia hermética. La hemos narrado por ella misma, no por amor a ti, pues tú eras sencillo. Pero en definitiva es tu historia. Puesto que la has vivido, debes sin duda tener la materia necesaria, y no renegamos de la simpatía pedagógica que durante esta historia hemos sentido hacia ti y que podía llevarnos a tomar delicadamente, con la punta del dedo, un ángulo de nuestros ojos, al pensar que ya jamás te volveremos a oír ni a ver.

¡Adiós! ¡Vas a vivir o a caer! Tienes pocas perspectivas; esa danza terrible a la que te has visto arrastrado durará todavía unos cortos años criminales, y no queremos apostar muy alto que puedas escapar. Francamente, nos tiene sin cuidado dejar esta cuestión sin contestar. Las aventuras de la carne y el espíritu, que han elevado tu simplicidad, te han permitido vencer con el espíritu lo que no podrás sobrevivir con la carne. Hubo instantes en que surgió en ti un sueño de amor lleno de presentimientos —sueño que «gobernabas»—, fruto de la muerte y la lujuria del cuerpo. De esta fiesta mundial de la muerte, de este temible ardor febril que incendia el cielo lluvioso del crepúsculo, ¿se elevará algún día el amor?


Thomas Mann, La montaña mágica

Franz Schubert
nos dejó un legado liderístico que no tiene precio. Los más conocidos están integrados en La bella molinera y El viaje de invierno. Sin embargo, fuera de estos grandes ciclos, no debemos olvidar otros lieder que presentan una belleza y una perfección insuperables. Hay quedan Erlkönig (El rey de los Elfos) o Die forelle (La Trucha). Pero ninguno me gusta tanto como Gretchen am Spinrade (Margarita en la rueca), compuesto por el gran compositor romántico alemán en 1814, a sus 17 años. En este lied, con un romanticismo arrebatador, Margarita nos expresa su amor por Fausto mientras está tejiendo en la rueca. El piano imita los movimientos de la rueca y sólo se detiene cuando Margarita, en su delirio, se siente besada por su amante.

Schubert no sólo trató el amor en sus lieder. Todo el ideario romántico está presente en su obra. Pero su tema favorito es, sin duda alguna, el del Wanderer, el viajero sin rumbo, que a veces disfruta con su eterno vagabundear, pero que casi siempre se siente extraño en todas partes. No hay lugar para la felicidad, por eso sólo queda la muerte, el otro gran tema schubertiano: es el único consuelo que le queda a ese desesperanzado viajero, eternamente sólo.

El lied favorito del inmortal personaje de La montaña mágica de Thomas Mann era, como no podía ser de otra manera, de Schubert: Der Lindenbaum (el tilo). “¿Qué mundo se abría en esa canción que, según el presentimiento de su conciencia, debía ser un mundo de amor prohibido? Era la muerte”, podemos leer en esta excepcional novela. Las fronteras entre el amor y la muerte son lábiles. Y es que la melodía de este Tilo será lo que tarareará Hans Castorp cuando le llegue su final, en esa celebración de la muerte que fue la Gran Guerra. Mann se pregunta al final de la novela si sobre esa “fiesta mundial de la muerte” se elevará algún día el amor. Por si acaso no es posible, os dejo una versión de esa gran canción de amor que es Gretchen am Spinrade, interpretado por Christa Ludwig. Guten Appetit!



Meine Ruh’ ist hin,
Mein Herz ist schwer,
Ich finde sie nimmer
Und nimmermehr.

Wo ich ihn nicht hab
Ist mir das Grab,
Die ganze Welt
Ist mir vergällt.

Mein armer Kopf
Ist mir verrückt,
Mein armer Sinn
Ist mir zerstückt.

Nach ihm nur schau ich
Zum Fenster hinaus,
Nach ihm nur geh ich
Aus dem Haus.

Sein hoher Gang,
Sein’ edle Gestalt,
Seine Mundes Lächeln,
Seiner Augen Gewalt,

Und seiner Rede
Zauberfluß,
Sein Händedruck,
Und ach, sein Kuß!

Mein Busen drängt sich
Nach ihm hin.
Ach dürft ich fassen
Und halten ihn,

Und küssen ihn,
So wie ich wollt,
An seinen Küssen
Vergehen sollt!
Desapareció mi sosiego
y me pesa el corazón,
nunca conseguiré
hallar la paz.

Soy como una muerta
si él no está junto a mí.
El mundo entero
carece de atractivo.

Enajenada tengo
mi pobre cabeza,
y todos mis sentidos
deliran incoherentes.

Si miro por la ventana,
sólo a él mis ojos buscan.
Únicamente por encontrarlo
salgo fuera de casa.

Su caminar altivo,
su noble figura,
la sonrisa de su boca
y el fuego de su mirada.

El fluir encantador
de sus palabras,
la caricia de sus manos,
¡Oh! ¡Y sus besos ardientes!

Mi pecho hacia él se enarca
en poderoso impulso.
¡Si pudiera cogerlo,
retenerlo junto a mí,

y besarlo,
hasta saciar mis ansias,
hasta quedarme muerta
bajo sus labios!

4 comentarios:

Dn. dijo...

No habia visto la traducción de la letra, pensaba que ambas columnas eran la original y ,podreis creerlo o no, pero escuchándolo me ha transmitido las sensaciones que el texto expresa al traducirlo.

Es magnifico esto de la música ¿Verdad? Que mágico tren de sentimientos.

Un abrazo desde los sueños.

Dn.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Como siempre, demuestras tener una sensibilidad exquisita. Cuanto me alegra el interés que tienes por la música y por todas las cosas que son bellas. El ser humano siempre ha sido capaz de crear las cosas más maravillosas, al mismo tiempo que cometer los horrores más inimaginables. Así es la condición humana, qué le vamos a hacer.

Un abrazo.

Dn. dijo...

Quizás esos errores son los que hacen tan maravillosas las demás cosas.

No los justifico, es evidente. Pero me parecen inevitables.

Una vez, el director de un circo me dijos que somos lo que creemos que somos.

Intentemos creer en un mundo justo.



Un abrazo desde los sueños.

Dn

Explorador dijo...

Muy bueno. Soy un ignorante en cuestiones musicales, y aunque en cuestiones literarias también, me encanta esa montaña mágica. Y ese final me conmueve siempre. Enhorabuena por el blog.

Un saludo :)

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