viernes, 8 de enero de 2010

“Tralalí”


Er schlägt die Trommel auf und nieder, rührt
Er wecket seine stillen Brüder,
Sie schlagen ihren Feind,
Tralali, Tralalei, Tralala,
Ein Schrecken schlägt den Feind.

Er schlägt die Trommel auf und nieder,
Da sind sie vor dem Nachtquartier schon wieder,
Ins Gäßlein hell hinaus,
Tralali, Tralalei, Tralala,
Sie ziehn vor Schätzleins Haus.

Des Morgen stehen da die Gebeine
In Reih und Glied sie stehn wie Leichensteine,
Die Trommel steht voran,
Tralali, Tralalei, Tralala,
Daß sie ihn sehen kann.

Él toca el tambor, subiendo y bajando,
despierta a sus silenciosos hermanos,
ellos vencen a su enemigo,
tralalí, tralalé, tralalá,
¡Un terror vence al enemigo!

Él toca el tambor, subiendo y bajando,
Ya están de vuelta en los cuarteles
por la noche, otra vez, por el camino,
tralalí, tralalé, tralalá,
marchan a la casa de su amor.

Por la mañana se ven los huesos,
alineados en tropa como lápidas.
El tambor está delante,
tralalí, tralalé, tralalá,
¡para que ella pueda verle!

Clemens Brentano y Achim von Arnim, "Revelge", Des Knaben Wunderhorn

Decía Adorno en su ensayo sobre Mahler que “para la mirada de la música, para esa mirada que abandona la tierra, ésta se convierte en una esfera abarcable con la mirada, tal como entretanto se la ha conseguido fotografiar desde el espacio cósmico; no es el centro de la creación , sino algo diminuto y efímero. A tal experiencia se agrega la melancólica esperanza puesta en otros astros que estarían habitados por seres más felices que los humanos. Pero la tierra alejada de sí misma, carece de la esperanza prometida en otro tiempo por la estrellas. La tierra se sumerge en galaxias vacías. En ella hay belleza como reflejo de una esperanza pretérita que llena el ojo moribundo, hasta que éste se hiela bajo los copos del espacio desprovisto de límites. El instante del arrobo ante semejante belleza tiene la osadía de plantar cara al sometimiento a la naturaleza desencantada. Ninguna metafísica es posible y, esa imposibilidad, se convierte en la última metafísica”.

No hay para Mahler esperanza, sólo negatividad. Hay que desenmascarar todo sentimentalismo y poner dicha ilusión frente al espejo. Es lo que hace en Revelge, un terrorífico lied compuesto en 1899, perteneciente al ciclo “Des Knaben Wunderhorn” ("El Cuerno Maravilloso del muchacho"). Se trata de una marcha militar brutal y alucinada que se puede escuchar también en el primer acto del Wozzeck de Alban Berg, la ópera expresionista por excelencia, además de en su desoladora Sexta Sinfonía. Desde luego, no es una obra ingenua o solícita; más bien presagia lo que habría de acontecer en Alemania y en Europa, en general, durante la primera mitad del siglo XX. Más allá de las reminiscencias folclóricas, tan del gusto de Mahler, nos encontramos con una atmósfera de pesadilla más cercana a Otto Dix o a Max Beckmann (por no decir Brueghel o El Bosco) que a cualquier sentimentalismo romántico. No en vano Revelge ha sido caracterizada como la música más plebeya y antirromántica nunca escrita por Mahler.

Os dejo con este lied, en la versión de Geraint Evans y la Orquesta Filarmónica de Londres, dirigida por Wyn Morris. Guten Appetit!


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