viernes, 29 de enero de 2010

Réquiem para las Ofelias muertas de Redon

Odilon Redon, Ofelia muerta

I

En las aguas profundas que acunan las estrellas,
blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostada en sus velos...
cuando tocan a muerte en el bosque lejano.

Hace ya miles de años que la pálida Ofelia
pasa, fantasma blanco por el gran río negro;
más de mil años ya que su suave locura
murmura su tonada en el aire nocturno.


El viento, cual corola, sus senos acaricia

y despliega, acunado, su velamen azul;

los sauces temblorosos lloran contra sus hombros

y por su frente en sueños, la espadaña se pliega.


Los rizados nenúfares suspiran a su lado,
mientras ella despierta, en el dormido aliso,

un nido del que surge un mínimo temblor...

y un canto, en oros, cae del cielo misterioso.

II

¡Oh tristísima Ofelia, bella como la nieve,
muerta cuando eras niña, llevada por el río!

Y es que los fríos vientos que caen de Noruega
te habían susurrado la adusta libertad.

Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena,

en tu mente traspuesta metió voces extrañas;
y es que tu corazón escuchaba el lamento
de la Naturaleza –son de árboles y noches.


Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo
rompió tu corazón manso y tierno de niña;
y es que un día de abril, un bello infante pálido,

un loco miserioso, a tus pies se sentó.


Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca!

Te fundías en él como nieve en el fuego;

tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra.
–Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.

III

Y el poeta nos dice que en la noche estrellada
vienes a recoger las flores que cortaste,

y que ha visto en el agua, recostada en sus velos,
a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis.

Arthur Rimbaud, Ofelia


La muerte de Ofelia fue un tema muy recurrente para los pintores del siglo XIX, especialmente para los simbolistas, como en el caso de Odilon Redon. Junto a William Blake, J. Heinrich Füssli y Gustave Moreau, fue uno de los más visionarios pintores de un siglo cada vez más alejado de todo realismo. Lejos, también, de los impresionistas, no obstante, hace en su última etapa un uso del color en extremo delicado, fiel reflejo de su exquisita sensibilidad. Además de original, también fue un pintor comprometido, hasta el punto de ser aclamado con entusiasmo por el joven grupo de Los Nabis, quienes, tras la marcha de Gauguin a Tahití en 1891, lo adoptaron como mentor y pasó a presidir el Salón de Artistas Independientes. De esta manera, su obra fue perdiendo poco a poco su inicial carácter minoritario, empezando así la fortuna crítica de que gozaría Redon a partir de la última década del siglo.

Frente a su larga etapa anterior en la que apenas utilizó el color (Huysmans, en su A Rebours, escribe que la contemplación de la obra de Redon le hace pensar “en antiguas pesadillas y noches de infancia enfermiza"), en sus Ofelias asistimos a una verdadera explosión cromática, donde su desbordante imaginación se pone al servicio de la literatura, en una suntuosa exhibición del gran poder poético de su pincel. Y es que la imaginación es lo único que le queda al hombre del siglo XIX. Como dijo Hölderlin al principio del mismo: «El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona». El drama de Ofelia se convertiría en uno de los símbolos de la conciencia de la inutilidad e impotencia en un fin de siglo cada vez más decadente. La muerte de Ofelia se presenta como una compensación idealista frente al declive de la misma civilización europea occidental, cada vez más cosificada. Sean visiones o sean sueños, estas Ofelias se sitúan fuera de la realidad y de la propia conciencia. Más tarde, Freud le daría forma a esta difusa mentalidad irracionalista que exaltaba los símbolos que habitan en las sinuosidades del sueño y de la imaginación.


El músico Gabriel Fauré también se presenta como una figura solitaria e inclasificable en este panorama cultural fin de siècle. Nada mejor que el sonido discreto de su conocido Réquiem, de 1888, para acompañar a estas irreales, pero bellísimas, Ofelias de Redon. Bon Appétit
!

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Oh.. fantástica este alma que nos educa.

Saludos.

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