lunes, 4 de enero de 2010

Polvo de estrellas

“- ¿Y en qué se convierten esos átomos que escapan de las estrellas moribundas?

- Vagan al azar en el espacio interestelar y se mezclan con las grandes nubes diseminadas a lo largo de la Vía Láctea. El espacio se convierte en un verdadero laboratorio de química. Bajo el efecto de la fuerza electromagnética, los electrones se sitúan en órbita en torno de núcleos atómicos y forman átomos. Estos, a su vez, se asocian y forman moléculas más y más pesadas. Algunas reagrupan más de una decena de átomos. La asociación del oxígeno y del hidrógeno va a dar el agua. El nitrógeno y el hidrógeno forman amoníaco. Incluso hallamos la molécula del alcohol etílico, la de nuestras bebidas alcohólicas, compuesta por dos átomos de carbono, uno de oxígeno y seis de hidrógeno. Son los mismos átomos que, más tarde, en la Tierra, se van a combinar para formar organismos vivos. Verdaderamente estamos hechos de polvo de estrellas.”

Hubert Reeves, Joël de Rosnay, Yves Coppens y Dominique Simonnet, La historia más bella del mundo. Los secretos de nuestros orígenes.

Este fragmento es uno de los más bellos que se pueden leer en La historia más bella del mundo. Estamos formados por los mismos elementos que hace quince mil millones de años constituyeron el universo. De ahí surgió la vida para, posteriormente, evolucionar hacia formas más complejas e inteligentes que colonizarían todo el planeta. El universo, la vida, el hombre son los tres actos de una misma historia, la de nuestros orígenes.

Pero, ¿se puede hablar de un origen? El astrofísico Hubert Reeves nos dice que el universo no ha existido siempre, que éste no cesa de evolucionar, y que dicha evolución se produce siempre de lo más simple a lo más complejo. ¿Responde esa evolución a algún tipo de finalidad o, por el contrario, es sólo fruto del azar? Joël de Rosnay se inclina por lo segundo, a diferencia del paleontólogo Yves Coppens, quien aboga por un sentido de los procesos evolutivos. En cualquier caso, los tres científicos hablan de la complementariedad de los discursos religioso, filosófico y científico. Como dice Hubert Reeves, la ciencia “no permite interpretar lo que hay más allá de lo visible. Contrariamente a una opinión muy difundida, no elimina a Dios. Pero no puede probar ni su existencia ni su inexistencia. Ese discurso le es extraño”.

Espero que hayáis disfrutado con la lectura de este libro y os recuerdo que los trabajos deben estar terminados y entregados para la semana del once al quince de enero. Os informo también que no debéis utilizar el formulario de los comentarios del blog para cuestiones académicas. Si queréis poneros en contacto conmigo para dudas u otras cuestiones, utilizad la siguiente dirección de correo electrónico: diegotortosafil[arroba]gmail.com

Os dejo varios materiales. En primer lugar, un texto de R. Richardson, que casi seguro habéis leído en alguna ocasión: la historia de la humanidad en un solo día. Partiendo de esta idea, desde Filópolis nos llega una escala del tiempo en tres niveles: el día del universo, el día de la Tierra y de la vida y el día de los primates. Pinchad sobre los enlaces: merece la pena. Por último, dejo también, de nuevo, el comienzo de Contact, la película que Robert Zemeckis realizó sobre la novela de Carl Sagan. Son tres bellísimos minutos que nos trasladan por el espacio y el tiempo en un viaje a través del cosmos desde la Tierra al infinito. Tras este prólogo, volvemos a encontrarnos en la Tierra con la protagonista del film: un ser humano, una de las formas más complejas del universo. Una especie, como se dice en la película, capaz de los sueños más hermosos y de las más horribles pesadillas pero, a fin de cuentas, formada de polvo de estrellas.

“Una vez, a medianoche, los hombres y mujeres tuvieron el mundo a su disposición. Durante mucho tiempo, habida cuenta de lo que sabemos, permanecieron muy tranquilos; durante la mañana y la tarde de ese día, se limitaron a vagabundear en pequeños grupos, a cazar animales con puntas y flechas, a refugiarse en cavernas y vestirse con pieles.

Hacia las seis de la tarde empezaron a aprender algo sobre semillas y agricultura; hacia las siete y media de la tarde se habían establecido en grandes ciudades, en Egipto, Mesopotamia, la India, etc. Después llegó Moisés, a las nueve menos cuarto. Tras él vinieron Buda, en la India; Sócrates, en Grecia, y Confucio, en China, que se fueron todos juntos, aunque sin llegar a conocerse, hacia las diez y diez. En torno a las diez y media apareció Cristo, algo después de la Gran Muralla china y de Julio César. Veinte para las once cae el poderoso Imperio romano de Occidente y se comienzan a formar los reinos cristiano-germánicos. A las once fue el momento de Mahoma y de los Señores Feudales. Hacia las once y media surgieron las primeras grandes ciudades en Europa del Norte y el comercio se reactiva en el mar Mediterráneo. A partir de un cuarto para las doce aparecen los Estados modernos en Europa, de los cuales salieron hombres y mujeres a explorar y explotar el resto del mundo. Primero expoliaron América del Norte y del Sur, luego la India y, finalmente, África. Cuatro minutos antes de la medianoche en Francia estalla una revolución que acaba con la monarquía y en Inglaterra se inventaba una máquina de vapor. Los países europeos se industrializaron. La riqueza y el poder atrajeron disputas entre ellos, dos minutos antes de medianoche se desencadenó una gran guerra, a la que siguió otra semejante sólo cincuenta segundos después. En el último minuto del día esos hombres del Norte de Europa fueron expulsados de la India, de África y de muchos otros países, pero no de Norteamérica, donde se habían instalado en forma estable. En este último minuto, además inventaron armas nucleares, desembarcaron en la Luna, doblaron la población mundial y consumieron más petróleo y metales de los que habían utilizado en las precedentes veintitrés horas y cincuenta y nueve minutos. Volvía a ser medianoche, el inicio de un nuevo día”.

R. Richardson, Learning for Change in World Society

Escala del tiempo: el día del Universo
Escala del tiempo: el día de la Tierra y de la Vida
Escala del tiempo: el día de los Primates

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La lectura de este fragmento de “La historia más bella del mundo” me ha recordado uno de los temas que hemos visto en la unidad: la Naturaleza en los filósofos presocráticos. Palabras como “átomos”, “azar” o “agua”, me han hecho pensar en autores como Demócrito o Tales de Mileto que ya se interrogaban por el origen de los seres y la causa de sus cambios, lo que ellos llamaban el arjé.
Me sorprende ver cómo las preguntas con las que nace la filosofía siguen siendo tema de reflexión en la actualidad y este asombro me ha hecho buscar en www.webdianoia.com textos de los presocráticos para ver la forma en la que ellos lo expresaban. He seleccionado este fragmento de Demócrito:
Frg. 58
Simplicio nos transmite este fragmento (de caelo 242,21): "... estos átomos se mueven en el vacío infinito, separados unos de otros y diferentes entre sí en figuras, tamaños, posición y orden; al sorprenderse unos a otros colisionan y algunos son expulsados mediante sacudidas al azar en cualquier dirección, mientras que otros, entrelazándose mutuamente en consonancia con la congruencia de sus figuras, tamaños, posiciones y ordenamientos, se mantienen unidos y así originan el nacimiento de los cuerpos compuestos."

Por otro lado, me gustaría hablar de la Escala del tiempo: el día de la Tierra y de la Vida. En este enlace he leído el punto 3 donde se habla de que la evolución haya sido un proceso causado por algo o solo fruto del azar. Creo que es el mismo debate que mantienen en el libro Yves Coppens y Joel de Rosnay cuando hablan cada uno de un proceso con sentido o un proceso casual.

Eduardo Caballero López. 1º A Bachillerato

José Ángel Castaño Gracia dijo...

“El azar y la necesidad”, escrito por el bioquímico francés Jacques Monod, es uno de los libros que más se han sumergido en el tema del azar como elemento clave para configurar la mentalidad filosófica de nuestra época. Su lema es, precisamente, de Demócrito: “Todo lo que existe en el mundo es fruto del azar y de la necesidad”. Y es que, como sabes, éste es uno de los rasgos más característicos de la filosofía: mantener la conversación en Occidente, como decía Richard Rorty. Las épocas cambian, pero los problemas filosóficos son los mismos.

Un saludo.

Anónimo dijo...

mmmmfhh..... yo opino que deberian poner fechas concretas para saber en que años paso todo eso... o ya de menos hacer una linea del tiempo.... de lo contrario estara muy bonita pero no me gusto no mmm

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