domingo, 17 de enero de 2010

La elegancia del erizo


“La señora Michel tiene la elegancia del erizo: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes”

Muriel Barbery, La elegancia del erizo

Os presento un nuevo glog sobre esta novela de Muriel Barbery, ya recomendada en su día, que, sin ser ni mucho menos una obra maestra, sí que recoge algunas reflexiones dignas de ser tenidas en cuenta a propósito de la soledad y la falta de sentido de la existencia; y como el arte y la cultura nos pueden ayudar a colmar ese vacío que siempre nos acecha. Como dice Paloma Josse, la niña protagonista, “quizá sea eso la vida: mucha desesperación pero también algunos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual”. También recordaros que todavía se puede ver en los cines la adaptación cinematográfica que ha realizado la directora Mona Achache sobre esta, a veces, áspera historia de afinidades electivas y encuentros inesperados. Para que os animéis a leer el libro y a ver la película, que no está nada mal, os dejo también algunas citas del libro.

"Siempre está la vía de la facilidad, aunque me repugne seguirla. No tengo hijos, no veo la televisión y no creo en Dios, todas estas sendas que recorren los hombres para que la vida les sea más fácil. Los hijos ayudan a diferir la dolorosa tarea de hacerse frente a uno mismo, y los nietos toman después el relevo. La televisión distrae de la extenuante necesidad de construir proyectos a partir de la nada de nuestras existencias frívolas; al embaucar a los ojos, libera al espíritu de la gran obra del sentido. Dios, por último, aplaca nuestros temores de mamíferos y la perspectiva intolerable de que nuestros placeres un buen día se terminan [...].

¿Qué guerra es esta que combatimos, seguros de nuestra derrota? Aurora tras aurora, extenuados ya de todas las batallas que aún están por venir, nos acompaña el espanto de día a día, ese pasillo sin fin que, en las horas postreras, será nuestro destino por haberlo recorrido tantas veces. Sí, ángel mío, así es el día a día: tedioso, vacío y anegado en desdicha. Las calles del infierno le son en nada ajenas; uno acaba allí un buen día por haber permanecido en ese pasillo demasiado tiempo. De un pasillo a las calles: entonces acontece la caída, sin sacudidas ni sorpresas. Cada día, volvemos a experimentar la tristeza del pasillo y, paso tras paso, seguimos el camino de nuestra lúgubre condena [...].

Yo en cambio creo que sólo se puede hacer una cosa: dar con la tarea para la cual hemos nacido y llevarla a cabo como mejor podamos, con todas nuestras fuerzas, sin buscarle tres pies al gato y sin creer que nuestra naturaleza animal tiene algo de divino. Sólo así tendremos el sentimiento de estar haciendo algo constructivo en el momento en que venga a buscarnos la muerte. La libertad, la decisión, la voluntad, todo eso no son más que quimeras. Creemos que podemos hacer miel sin compartir el destino de las abejas; pero también nosotros somos sino pobres abejas destinadas a llevar a cabo su tarea para después morir."

Muriel Barbery, La elegancia del erizo

2 comentarios:

Dn. dijo...

Pinta bien el libro, habrá que leerlo.

Dn.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Es una muy buena introducción a la filosofía. Lo tengo aquí: te lo puedo prestar, si quieres.

Saludos.

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