miércoles, 6 de enero de 2010

La dimensión biológica y sociocultural del ser humano

Michelangelo (Buonarroti), La creación de Adán

"Entre todos los mamíferos, los humanos somos unos primates con un gran cerebro, sin cola y bípedos, pero por lo demás no presentamos muchas originalidades. Aún conservamos cinco dedos en las extremidades, mientras que los caballos se apoyan en la tercera falange de su único dedo. ¿Y qué decir de las transformaciones sufridas por murciélagos o delfines a partir de sus antepasados cuadrúpedos? ¿Estamos nosotros más evolucionados, en el sentido de más cambiados, que ellos? De acuerdo en que un geranio no puede escribir un libro, ésa es una de nuestras especializaciones, pero con la ayuda de la luz puede sintetizar materia orgánica a partir de sales minerales, agua y dióxido de carbono; no cabe duda de que el geranio tiene un laboratorio bien equipado, y difícilmente puede ser considerado un ser «inferior».

Pero quien prefiera imaginar la evolución como una flecha que apunta hacia nosotros desde el principio tendrá que responder a la pregunta de qué oscuras fuerzas internas podrían guiarla en la dirección adecuada, independientemente de lo que suceda alrededor. ¿O en realidad se trata de fuerzas que actúan desde más allá del mundo natural? En este último caso nos situaríamos fuera del terreno de la Ciencia…

Para los partidarios de que la Historia de la Vida refleja un programa que se despliega en el tiempo, la evolución sería en cierto modo comparable al proceso de desarrollo que conduce desde el embrión hasta el adulto, obedeciendo leyes preestablecidas (naturales, pero que todavía no entendemos bien). Evidentemente, el recurso a fuerzas internas misteriosas, aún por descubrir o indescubribles, siempre estará a disposición de quien quiera dar un significado, un sentido, o un propósito a la Historia de la Vida."

J. L. Arsuaga e I. Martínez, La especie elegida

Si alguna pregunta ha turbado al ser humano desde siempre ha sido precisamente la referente a su origen y procedencia. El hombre ha sentido invariablemente la necesidad de interrogarse acerca de sí mismo, al sentirse incapaz de comprenderse y situarse en el universo. ¿Existe una naturaleza humana que nos diferencie de las cosas que nos rodean? Si es así, ¿en qué consiste? Desde tiempos inmemoriales, estas cuestiones han estimulado la imaginación de generaciones y generaciones de individuos preocupados por encontrar una respuesta y éstas han sido de lo más variado. Se atribuye a Platón esta curiosa definición del ser humano: "Bípedo sin plumas". Y se cuenta que Diógenes, el cínico, se presentó con una gallina desplumada y pregonó: "¡He aquí al humano de Platón!". Anécdotas aparte, hoy en día, aunque todavía no hemos alcanzado una explicación concluyente, estamos, no obstante, en el camino seguro que nos proporciona el marco de la teoría evolucionista que nos dejase Charles Darwin en 1859.

Mañana comenzaremos a estudiar dos procesos de influencia recíproca, que se complementan y que son esencialmente interdependientes en la formación de lo humano: los procesos de hominización y de humanización. Se trata de analizar la dimensión biológica y la dimensión sociocultural del ser humano. Somos naturaleza y somos cultura; somos Homo sapiens y somos Homo faber; somos pensamiento y somos acción.

Os dejo dos presentaciones, que recogen algunos contenidos que veremos con detalle en clase, y el inicio de la magnífica película de Stanley Kubrick 2001: Una odisea en el espacio, que tiene por título El Amanecer del Hombre. En este fragmento podemos apreciar una hipótesis muy plausible sobre qué es lo que produjo la transformación de los primates en seres humanos: la capacidad de crear instrumentos artificiales para, de este modo, desarrollar aún más su inteligencia. No seáis perezosos.

2 comentarios:

bLuEs dijo...

Ya sabes que la perspectiva de la "evolución" humana ha cambiado mucho. Si en la época de los primeros micrógrafos era una maravilla descubrir que todo estaba lleno de vida ahora se va comprendidiendo que esa vida no deja de ser algo chapucera. En cuanto al cuerpo mi percepción cada vez va más acorde con estas últimas teorías que consideran la evolución (también la humana) como una chapuza. Por ejemplo, la bipedestación es un desastre. A cuatro patas la columna es totalmente estable, en cambio nuestra espalda no está correctamente diseñada para soportar el peso que mantiene con el único soporte de dos piernas. Lo mismo sucede con la respiración que encontró un camino por la vía digestiva pero, en realidad, eso es la causa de múltiples problemas (por ejemplo de que nos asfixiemos al atragantarnos).

En el tema de la naturaleza humana ya hay otro cantar. Ahí ya creo que ver unas leyes más definidas que en buena parte tienen su origen evolutivo pero que no se pueden desdeñar por su valor en sí mismas. A fin y al cabo la base del humanismo es la creencia en unas características humanas válidas para todos los hombres. Lo que no acabo de comprender es cómo han llegado a ser las leyes que son.

Saludos

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Buenas observaciones. Está claro que no lo sabemos todo sobre la evolución humana y que ésta resulta ser más que defectuosa en ambos sentidos: biológico y cultural. Por eso me han hecho tanta gracia las discusiones teológicas (o científicas) en torno a la “gran obra” de Dios (o de la Naturaleza). Sin embargo, a los profesores nos corresponde informar sobre los resultados de la “ciencia normal” que diría Kuhn. No te puedes ni imaginar la cantidad de alumnos que sigue habiendo que defienden un creacionismo a ultranza, de la forma más tosca, y despreciando todo lo que tenga que ver con la ciencia (o con el sentido común, lo que prefieras). Volvemos a los tiempos de “La herencia del viento”; es decir, a cierta involución cultural.

Respecto a la existencia de una pretendida naturaleza humana común yo tengo mis dudas. Si hay una naturaleza humana universal y eterna, ésta no se puede definir. Como mucho, somos una mezcla de genética, de libertad y de historia. El humanismo, al ser precisamente una creencia, siempre ha sido utópico. Por eso la idea de progreso (o de evolución cultural) en términos de universalismo, está hoy en día totalmente defenestrada. Y es que, en la confección de unas leyes humanas racionales, la “selección cultural” no funciona.

Saludos.

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