sábado, 16 de enero de 2010

Existen males mayores: los heraldos de Dios

Pieter Brueghel el Viejo, El triunfo de la muerte

"¡Oh infelices mortales! ¡Oh tierra deplorable!
¡Oh espantosa reunión de todos los mortales!
¡De inútiles dolores la eterna conversación!
Filósofos engañados que gritan: “Todo está bien”,
¡vengan y contemplen estas ruinas espantosas!
Esos restos, esos despojos, esas cenizas desdichadas,
esas mujeres, esos niños, uno sobre otro, apilados,
debajo de esos mármoles rotos, esos miembros diseminados;
cien mil desventurados que la tierra traga
ensangrentados, desgarrados y todavía palpitantes,
enterrados bajo sus techos, sin ayuda, terminan
en el horror de los tormentos sus lamentosos días.
Frente a los gritos, a medio formar, de sus voces moribundas
y frente al espantoso espectáculo de sus humeantes cenizas
¿Dirán ustedes: “Es el efecto de las eternas leyes
que, de un Dios libre y bueno, necesitan la decisión”?
¿Dirán ustedes, al ver ese montón de víctimas:
“¿Se ha vengado Dios; su muerte paga sus crímenes?”
¿Qué crimen, qué culpa cometieron esos niños,
sobre el seno materno aplastados y sangrientos?"

Voltaire, Poema sobre el desastre de Lisboa o examen de este axioma: todo está bien

El desastre de Haití está originando profundos y sutiles debates teológicos que exceden la capacidad de comprensión de las inteligencias medias. Por eso, ante afirmaciones del tipo de "existen males mayores" que los que están sufriendo "los pobres" en Haití, como "nuestra pobre situación espiritual", no debemos escandalizarnos: nos falta preparación intelectual para entender el verdadero significado de estas palabras. Por la misma razón, tampoco debemos tildar de psicópata a quien profiere que "lamentamos muchísimo lo de Haití, pero igual deberíamos, además poner toda nuestra solidaridad y recursos económicos con esos pobres, llorar por nosotros y por nuestra pobre situación espiritual. Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo".

Estas declaraciones, que harían sonrojar al mismísimo san Agustín, las realizó el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, en la Cadena Ser y, claro, no podemos pretender entender esta profunda respuesta teológica ante la pregunta de por qué Dios consiente tales catástrofes. Otra aguda explicación nos llega desde el otro lado del Atlántico. Se trata de la ofrecida por el ex candidato presidencial y famoso tele-evangelista norteamericano, Pat Robertson, otro dechado de espiritualidad: el terrible terremoto de Haití se ha producido porque los haitianos hicieron un pacto con el diablo para liberarse de la colonización francesa. Desde entonces no han levantado cabeza. Es lo que pasa cuando te alejas de Dios. El mal físico como consecuencia del mal moral. No está mal. Pat Robertson nunca decepciona. ¿Quién no recuerda su célebre análisis sobre otro de los grandes males de la ciudad terrenal, el feminismo?: «La agenda feminista no busca los mismos derechos para las mujeres. Es un movimiento socialista y contrario a la familia que anima a las mujeres a dejar a sus amigos, asesinar a sus hijos, practicar la brujería, destruir el capitalismo y hacerse lesbianas.»

Abismo grande es el hombre. Menos mal que estos guardianes de la ciudad de Dios están ahí para ayudarnos a vencer nuestra mala voluntad y lograr así la salvación eterna. El problema es que no sabemos apreciar la gran sabiduría que desprenden estos heraldos de Dios y, de ahí, que se quejen de incomprensión: carecemos de su exquisito olfato teológico. Quizá habría que hacerle caso a Juan José Millás cuando dice que “no le demos cuerda, porque aquí lo importante no es lo que ha dicho este pobre hombre de Munilla, sino lo que ha pasado en Haití”. Por eso, ante hechos tan sumamente horribles, más que difundir y reprochar las estupideces que dicen estos “pobres hombres”, hay que pasar a la acción. Os dejo algunos enlaces tomados de Boulé para ayudar a los haitianos con una donación.

  1. Ayuda Haití
  2. Cruz roja española: Es posible realizar un donativo en línea, a través de cuenta bancaria o del teléfono móvil.
  3. Cáritas
Os dejo también el “Poema sobre el desastre de Lisboa o examen de este axioma: todo está bien" de Voltaire, publicado por Nicolás González Varela en Facebook. Leedlo entero porque es una joya y no puede venir más a cuento.




Haití es noticia

3 comentarios:

bLuEs dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
José Ángel Castaño Gracia dijo...

Ante desgracias como ésta, la filosofía tiene poco que decir. Quizá sólo quede espacio para el silencio: no hay lugar para una hipotética teodicea. Y, desde luego, la solución cristiana a la aporía de Epicuro sólo convence a los que ya están previamente catequizados.

Adorno o Voltaire, entre otros, nos han dejado reflexiones muy valiosas sobre las cicatrices que producen estas catástrofes en la memoria colectiva, pero dudo mucho que sirvan para devolver algo de humanidad a quienes se creen los apoderados de Dios. El mismo Agustín de Hipona señaló el necesario papel de la memoria para posibilitar cualquier atisbo de vida interior o espiritualidad. Los mismos que, incapaces de guardar silencio, se quejan de nuestra pobre situación espiritual, pretenden beatificar a quien sí supo guardarlo ante otra gran tragedia de la humanidad: Auschwitz. Los maestros de la espiritualidad olvidan con demasiada frecuencia sus silencios frente a genocidios y dictaduras varias. Que no nos hablen de males y si tienen que llorar, que lo hagan por su paupérrima y miserable vida interior.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Me ha hecho mucha gracia las declaraciones del obispo San Sebastián. Han sido muchas las ``burradas´´ que se han dicho a lo largo de los años, yo creo que ahora más que nunca las dicen al azar, porque ven que la gente accede a la educación y se da cuenta de lo que pasa en el mundo, e intentan hacer que se vuelva a la situación anterior, donde las organizaciones religiosas tenían el poder.
Quiero comentar algunas de las paradojas de Epicuro que tanto Sto Tomás como Agustín de Hipona intentaron resolver. Si las cosas en sí son buenas, y el mal existe por la relación de dichas cosas con otras cosas/personas, ¿Dios por qué dejaría que esa relación se produjese?
Entonces, si Dios puede y no quiere, ¿por qué dejaría que tantas desgracias ocurriesen en el mundo? Incluso si le aplicamos un argumento tal como que el mal es el contrapeso del desorden y previene bienes mucho mayores, se vuelve a lo anterior.
Supongamos que alguien piensa algo malo. Entonces, Dios debería intervenir e impedirle pensar dichas cosas malas, porque Dios es bondad y sabiduría. El resultado sería que Dios no podría permitir que nadie pensase libremente. Podríamos decir que Dios no quiere atentar contra la libertad de elección de cada uno. Pues bien, yo pregunto… ¿si Dios no interviene en esas decisiones porque quiere que seamos libres, pero esas decisiones provocan un mal en otra persona, no estaría atentando contra la libertad del ser afectado?
Lo mismo ocurriría con las demás paradojas de Epicuro, en cuyo caso se mostraría la impotencia de Dios.
A mí me parece un buen ejemplo la situación de crisis que estamos sufriendo actualmente. No me extrañaría que alguna otra personificación del cristianismo se decantase por acusar a la gente pobre que la está sufriendo en carne propia, de que por haber pecado estemos así. Ahí yo me preguntaría lo mismo que me pregunto con todos los desastres: ¿por qué afectan siempre a una parte de la población, normalmente la más pobre y menos desarrollada tecnológica y culturalmente, mientras que los demás suelen quedar intactos? ¿Es que tiene que ser siempre la gente corriente/pobre la pecaminosa, mientras que los demás son personificaciones de la gloria divina?
Por si no conocía el programa, le paso el link de: The atheist experience, donde suelen debatir temas como este.
http://www.youtube.com/user/TheAtheistExperience
Diana-Maria Ariton.

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