viernes, 18 de diciembre de 2009

Música para tiovivo

Olga Sacharof, Tiovivo en la feria

"El tiovivo

La tabla con los solícitos animales gira próxima al suelo. Tiene la altura en la que mejor se sueña ir volando. La música ataca, y con unas sacudidas, el niño gira apartándose de la madre. Primero tiene miedo de abandonar a la madre. Pero luego se da cuenta de que es leal consigo mismo. Está sentado en un trono, como leal soberano sobre un mundo que le pertenece. En las tangentes, árboles e indígenas cubren la carrera. Reaparece en algún Oriente la madre. Luego surge de la selva una cima tal como el niño la vio hace ya milenios, y como acaba de verla en el tiovivo. Como Arión mudo va viajando sobre su mudo pez; un Toro-Zeus de madera lo rapta cual Europa inmaculada. Hace tiempo que el eterno retorno de todas las cosas se ha convertido en sabiduría infantil, lo mismo que la vida en una embriaguez ancestral del poder, con la orquestina que resuena en el centro. Si toca más lento, el espacio empieza a balbucir y los árboles comienzan a vacilar. El tiovivo se hace inseguro. Y aparece la madre, como el palo tantas veces abordado, hacia el que el niño que, arriba, echa el cabo de sus miradas."

Walter Benjamin, Infancia en Berlín hacia 1900

Realmente Walter Benjamin es uno de los filósofos que más han reflexionado sobre la esperanza, pero desde la constante amenaza de la desesperación. Y es que la historia de la humanidad es la historia de una pérdida: la de un lenguaje y una historia ignorada por los que realmente construyen los hechos, los vencedores. La banalidad del pasado justifica un presente más banal aún. El presente está controlado por las justificaciones de los que escriben la historia. Pero el auténtico pasado llama insistentemente a la puerta del ahora. Esa es la verdadera herencia de los desesperanzados, los únicos que nos pueden devolver la esperanza: tenemos pendiente aún una cita con la historia. Una historia que “sueña ir volando”, insegura como los tiovivos de las ferias, pero que nos permite soñar con lo que olvidamos.

Os dejo con música para “viajar” en tiovivo. Se trata del famoso vals de la Suite Masquerade del armenio Aram Khachaturian. Es un vals alegre y pesimista a la vez, en consonancia con el texto de Benjamin. A pesar de ser considerado un compositor formalista y contrario al realismo soviético y, por tanto, valedor de los valores burgueses y reaccionarios, como se dijo tras el estreno de Gayaneh, Khachaturian representa lo mejor de la música rusa de todos los tiempos. Rehabilitado posteriormente durante los años de la desestalinización, fue incluso reverenciado como un gran héroe del trabajo socialista, sobre todo tras Spartacus, su otro gran ballet. Precisamente, el personaje de Espartaco representa como ningún otro a esa masa de desesperanzados que de vez en cuando pretenden agarrar las riendas del presente para devolver la esperanza a los que están desahuciados por la historia. El sueño de Espartaco sigue siendo el sueño de la humanidad: el de un mundo libre de ataduras. Os recomiendo la película que Kubrick realizó sobre este héroe de la Guerra de los Esclavos. Os presento también algunos momentos de estos grandes ballets. ¡Buen apetito!








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