viernes, 11 de diciembre de 2009

Música contra la discriminación

Arnold Schönberg, Der Rote Blick (Mirada roja)
“La música y las artes invitan a la participación y constituyen un antídoto contra los obstáculos a la armonía entre los hombres. Hacer música no es solamente tocar o cantar, es también escuchar. Al aprender desde su más tierna edad a escuchar al otro, el niño descubre lo que es la tolerancia y se protege de sus instintos bárbaros. La música debería pertenecerle como el aire, el agua y la leche, pues, para nosotros forma parte de los derechos humanos. Representa una fuerza insospechada en la sociedad, capaz de hacer que las cosas se muevan. Abrir los espíritus a las capacidades de creación de todos y liberar los talentos: este es el papel del artista.

Si muchas ambiciones son destructoras porque buscan la apropiación de algo o de alguien, esta ambición no es la guerra, sino lo contrario. El arte transfigura todo, empezando por el deseo de dominación, de explotación y de venganza, que existe en cualquier ser humano. Tiene el poder de abolir el mal. Bach, tocado bajo el techo de la Capilla Sixtina, puede terminar con las desgracias de la humanidad. A los que dicen: "¿Por qué tocar a Beethoven, cuando las personas tienen hambre?", nosotros les respondemos: "Pero cuando escuchan a Beethoven su vida cambia y nosotros cambiamos con ellos". El arte nos revela a nosotros mismos.”

Yehudi Menuhin, La música, mensajera de la paz

Decía Zubin Mehta que "para conciliar pensamientos, ideologías y limar diferencias, el arte y la música son elementos que aproximan personas y sentimientos, sensibilidades y divergencias". La música, en efecto, ha sido a lo largo de la historia una herramienta muy poderosa tanto para la concienciación social como para la denuncia de la barbarie. Una de las composiciones que apelan directamente a los derechos humanos y a las terribles consecuencias del racismo y la discriminación es la cantata Un superviviente de Varsovia, del músico “degeneradoArnold Schönberg. El compromiso moral y político de este gran compositor queda de manifiesto en esta popular obra, conectándonos con un universo sonoro de extrema violencia tras los horrores vividos durante la II Guerra Mundial. Su técnica dodecafónica se muestra en todo su esplendor, ofreciéndonos una representación de imágenes caóticas y desgarradas, acorde con lo que nos relata: el exterminio de los judíos del ghetto de Varsovia.

El texto se estructura en tres planos diferentes, cada uno en una lengua diferente: inglés, alemán y hebreo. En inglés habla el narrador, el testigo, que nos recita sus recuerdos sobre los horrores y la barbarie sufrida por los judíos en el ghetto, con una terrorífica voz en Sprechgesang. La lengua de los verdugos es el alemán y todo este discurso caótico y violento se resuelve, finalmente, en la visión grandiosa del canto religioso judío, el Shema Yisroel, entonado en hebreo por un gran coro de hombres:

“No lo recuerdo todo. Debo de haber estado inconsciente casi todo el tiempo. Recuerdo solamente el grandioso momento en que todos comenzaron a cantar, como si estuviera ya planeado, la vieja oración que ellos habían olvidado durante tantos años, ¡el credo olvidado!

Pero no tengo recuerdos de cómo llegué a ser un clandestino viviendo en las alcantarillas de Varsovia durante tanto tiempo... El día comenzó como siempre: diana cuando estaba todavía oscuro ¡fuera! Da igual si dormiste o si las preocupaciones te mantuvieron despierto toda la noche.

Te han separado de tus hijos, de tu esposa, de tus padres. No sabes qué les ocurrió a ellos... ¿cómo podrías dormir?

Las trompetas de nuevo -"¡salid!, ¡el sargento se pondrá furioso!" Salieron; algunos muy lentamente (los viejos, los enfermos), otros con agilidad nerviosa, temen al sargento.

Se dan toda la prisa que pueden ¡en vano! ¡Demasiado ruido, mucha, demasiada conmoción! ¡e insuficientemente rápido!

El Feldwebel grita: "¡atención! ¡arriba! Na wird’s mal. oder soll ich mit dem Jewehrkolben nachhelfen? Na jut; wenn ihrs durchaus haben wollt!“ El sargento y sus subordinados golpean a todo el mundo: viejos o jóvenes, fuertes o enfermos, tranquilos, culpables o inocentes...

Era doloroso escucharlos gemir y quejarse. Lo escuché a pesar de que me habían pegado fuerte, tan fuerte que no podía evitar caerme.Todos los que estábamos en el suelo por no poder estar de pié fuimos golpeados en la cabeza...

Debo de haber estado inconsciente. La siguiente cosa que oí fue un soldado diciendo: "¡están todos muertos!" por lo cual el sargento ordenó deshacerse de nosotros.

Allí estaba de lado medio inconsciente. Me había puesto muy enfermo -miedo y dolor. Entonces escuché al sargento gritar: ¡recuento! Comenzaban despacio e irregularmente: ¡uno!, ¡dos!, ¡tres!, ¡cuatro! - ¡atención! El sargento gritó de nuevo, ¡Rascher! ¡Comienza de nuevo! ¡En un minuto sabré cuántos entregaré a Gaskammer! ¡Recuento!

Comenzaron otra vez, primero despacio, ¡uno!, ¡dos!, ¡tres!, ¡cuatro!, y luego cada vez más rápido, de modo que al final sonaba como una estampida de caballos salvajes y todos, de repente, en medio del conteo comenzaron a cantar el Shema Yisroel.”

Pero la música popular también ha incidido siempre en los derechos humanos. Son muchos los cantantes que han luchado contra la exclusión social y el aislamiento insolidario sufrido por tantos. En cierta manera, no hacen otra cosa que poner la música al servicio de la lucha contra todo lo que es injusto, exactamente igual que hicieron los grandes músicos del pasado. La música posee, por tanto, un profundo carácter ético, no exento de utopía. Nina Simone, por ejemplo, fue una gran activista de los derechos civiles en los años 60. La canción que os presento aquí, Backlash Blues, es todo un alegato en contra de la gran discriminación sufrida por los negros en EE.UU. Os dejo también Inmigrant, de Sade Adu, otra gran canción sobre la discriminación, la exclusión y el racismo. ¡Buen apetito!





3 comentarios:

Dn. dijo...

Es interesante el ver como la música trata todos los temas de las distintas sociedades y por cierto, de muy bella manera.

Agradezco tus conocimientos de música, cada viernes aprendemos algo nuevo.

Un abrazo.

Dn

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Muchas gracias Dn por tus amables palabras. Son todo un estímulo para seguir intentando poner la música al servicio de la filosofía y de sus preocupaciones. La música es placer, es deleite, pero también es “razón”.

Un cordial saludo.

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