martes, 8 de diciembre de 2009

Ejercicios sobre racionalidad práctica

Ernst Kirchner, Berlin Street Scene, 1913
“Todos tenemos problemas. Demasiados, sin duda. Hay problemas de niños, de adolescentes, de adultos, de mujeres, de hombres, de países subdesarrollados y de países industrializados. Necesitamos muchas cosas: sobrevivir, ser felices, vivir con dignidad. Cuando no sabemos cómo alcanzar la meta que necesitamos o queremos, aparece el problema. Y la inteligencia se emplea a fondo para proporcionarnos soluciones. Ésa es la finalidad de la ciencia, de la técnica, del arte.

A pesar de su eficacia y grandeza, dejan graves problemas por resolver. Son los que afectan a la felicidad de los seres humanos, a su convivencia familiar, social o política. Hay muchas cosas que nos angustian, desesperan o exaltan. Todos nos sentimos a la vez libres y determinados. El carácter, el aspecto físico, la situación social o económica en que hemos nacido, las presiones culturales o políticas nos condicionan seriamente. Pero también sentimos que podemos tomar decisiones, revelarnos o ceder, luchar o abandonarnos. ¿En qué quedamos? ¿Podemos construir el futuro o estamos sometidos a un destino implacable? La ciencia nos dice cómo son las cosas, pero necesitamos saber cómo deberían ser. (…)

Basta contemplar la historia de la humanidad para comprobar que hemos resuelto muy mal los asuntos que más profundamente afectan a nuestras vidas. Sabemos resolver mejor ecuaciones diferenciales que problemas de convivencia. Si fuéramos más inteligentes, la ética se convertiría en el saber fundamental de toda la cultura. Los demás temas son secundarios e incluso triviales. Es más importante saber vivir bien que saber matemáticas, física, biología, historia, etc.”

José Antonio Marina “Prólogo para linces”, en Perspectivas: vida moral y reflexión ética

Acabamos de estudiar el uso práctico de la razón. Hablamos de razón práctica cuando la razón transcribe el significado y el sentido de lo que hacemos, cuando orienta y dirige la acción. Hasta aquí, todo bien; el problema surge cuando buscamos el mismo nivel de seguridad que en el uso teórico. Este se puede observar fácilmente en el terreno moral, lo que ha llevado a muchos sistemas filosóficos a negar la racionalidad de los juicios morales. Es ésta la razón de la supremacía tradicional del saber teórico como modelo de conocimiento: la imposibilidad de dar razones de lo que hacemos y el fracaso de la razón práctica a la hora de dar sentido a nuestras acciones.

Sin embargo, en la actualidad, asistimos a una reivindicación de este uso práctico de la razón, cumpliéndose así la la máxima kantiana de su superioridad como modelo de racionalidad. Las causas las podemos encontrar en la desconfianza hacia el método científico como garantía de validez de nuestros conocimientos y a su idea neutralidad axiológica. También, en la importancia que cada vez más se le otorga a la función de los conocimientos como lo auténticamente determinante de su valor. En cualquier caso, la filosofía se presenta hoy como reflexión sobre la acción; pero de una acción racional. De esta manera, como dice Marina, “la ética –entre otras dimensiones de la filosofía práctica– se convertiría en el saber fundamental de toda la cultura”.

Os dejo un par de ejercicios para que pongáis a prueba vuestros conocimientos sobre este uso práctico de la racionalidad. El primero es de carácter más general; el segundo se refiere al famoso “dilema de Heinz”, que ya analizamos en clase a propósito de la teoría de Kohlberg sobre el desarrollo de la conciencia moral y su camino hacia la autonomía. No seáis perezosos.



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