sábado, 7 de noviembre de 2009

Lazos y ovejas rabiosas

DeClemente, Lazo
“Los grandes enfrentamientos colectivos no los suelen protagonizar individuos personalmente violentos sino grupos formados por gente disciplinada y obediente a la que se ha convencido de que su interés común depende de que luchen contra ciertos adversarios «extraños» y los destruyan. No son violentos por razones «antisociales» sino por exceso de sociabilidad: tienen tanto afán de «normalidad», de parecerse lo más posible al resto del grupo, de conservar su «identidad» con él a toda costa, que están dispuestos a exterminar a los diferentes, a los forasteros, a quienes tienen creencias o hábitos ajenos, a los que se considera que amenazan los intereses legítimos o abusivos del propio rebaño. No, no abundan los lobos feroces ni los que hay representan el mayor riesgo para la concordia humana; el verdadero peligro proviene por lo general de las ovejas rabiosas...”

Fernando Savater, Las preguntas de la vida

DeClemente nos vuelve a sorprender con otra de sus penetrantes metáforas visuales. Se trata de Lazo, una impactante fotografía que nos muestra los restos de una pobre oveja que no ha sido capaz de desatar los lazos que la atenazan. 'Desenlazar' significa también resolver una trama, hasta llegar a su final. Y no puede haber otro final para tanta oveja que hoy por hoy va en busca de lazos que las sujeten para obtener una sensación de seguridad y una apariencia de normalidad: la mutilación de su propio ser.

Y es que nuestra época no logra salir de su banalidad. Las incontables ovejas que pueblan nuestras sociedades quieren encontrar sus lazos en cuestiones que ya parecían superadas por la historia y atarnos con ellas a los demás. Además, estas “ovejas rabiosas” esgrimen sus argumentos con una brutalidad exaltada, indignada e irritable con una clara intención de ocultar la vaciedad, la vulgaridad y el agotamiento de sus discursos. Y este es el espíritu de nuestra época: la intolerancia ovejuna.

¿Sobre qué balan estas ovejas enrabietadas?: sobre los crucifijos en la escuela pública, sobre el aborto, sobre el derecho al fútbol (un bien común de interés general; además, los futbolistas deben tributar menos impuestos, porque si no podrían marcharse y esto sería el apocalipsis), sobre el incumplimiento de las leyes que les repugnan moralmente (farmacias que no venden determinados artículos, objeción a EPC…), sobre el derecho a que sus políticos hagan lo que les de la real gana (pero sólo los suyos), sobre el derecho a la ignorancia y a su exhibición pública (¿qué importancia tiene conocer, por ejemplo, la doctrina de la separación de poderes en una democracia?), sobre el derecho a denostar a un Gobierno que pacta con terroristas (pero que le exige eso mismo cuando se trata de “otros” terroristas, por ejemplo unos desarrapados piratas somalíes), sobre las dictaduras “lingüísticas” (pero sí es legítimo plantearse el hacer pruebas de “españolidad” o “valencianidad” o “murcianidad”), sobre la defensa de la familia (sólo la nuclear o la patriarcal, aunque a algunos, de forma privada, les guste sumergirse en los “infiernos” de la prostitución)… En fin, puro gregarismo que, además, parece de otra época.

Quizá balan tanto porque añoran con nostalgia a un pastor que nos enlace a todos, seamos ovejas o no. Pero el desenlace sería el mismo: el pastor pasaría también por encima de ellas, descuartizándolas, a pesar de los lazos que las mantienen seguras y obedientes.

Manel Fontdevila, Triángulo místico

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