domingo, 29 de noviembre de 2009

La mala educación III: "Es irrelevante saber eso"

Miguel Brieva
"Si la educación implica cierta tiranía, es una tiranía de la que sólo pasando por la educación podremos en alguna medida más tarde libramos. Todos los buenos maestros conocen su condición potencial de suicidas: imprescindibles al comienzo, su objetivo es formar individuos capaces de prescindir de su auxilio, de caminar por sí mismos, de olvidar o desmentir a quienes les enseñaron. La educación es siempre un intento de rescatar al semejante de la fatalidad zoológica o de la limitación agobiante de la mera experiencia personal. Proporciona a la fuerza algunas herramientas simbólicas que luego permitirán combinaciones inéditas y derivaciones aún inexploradas. Es poco, es algo, es todo, es el embarque irremediable en la condición humana."

Fernando Savater, El valor de educar

¿Sirve de algo saber la fecha del descubrimiento de América? No, “es irrelevante saber eso”. Como irrelevante es todo conocimiento que no sea “práctico”. Y esa reivindicación de lo “irrelevante” es lo que está llevando a este país a ser una “sociedad de iletrados, de ignorantes ufanos de su ignorancia”. Javier Marías nos vuelve a hacer sonrojar con su artículo Esos saberes irrelevantes, publicado hoy en El País Semanal. Con su agudeza habitual, Marías nos revela algunas verdades sobre la educación de hoy a propósito de esta respuesta, ofrecida por una aspirante a Miss. Os dejo un extracto del mismo para que reflexionéis sobre lo que en verdad es importante:

"En realidad, ¿para qué es necesario ir a la escuela? ¿Para tener una idea del mundo, del pasado de la humanidad, de la historia del arte y de las religiones, de la evolución de las ciencias, de nuestra anatomía, de los textos que se han escrito, de la multiplicación y la división y la suma y la resta, del círculo y el triángulo? Nada de eso es "práctico" ni ayuda a ganarse la vida, no digamos a ser Reina Hispanoamericana. Y sin embargo ...

La educación no son sólo conocimientos y datos. Es parte esencial de lo que solía llamarse "formación", esto es, la conversión de los individuos en personas, no en seres animalescos que caen en el mundo sin tener noción de lo que hubo antes que ellos, incapaces de asociar dos hechos, de distinguir entre causa y efecto, de articular dos frases inteligibles, de pensar y razonar, de comprender un texto simple. Esta es la clase de ser que cada día abunda más en nuestra sociedad intelectualmente rudimentaria. El problema es que, por algún misterio, a la postre esos seres no resultan "prácticos" ni se pueden ganar la vida, la vieja aspiración de sus ya embrutecidos padres. No es raro ver en la televisión a jóvenes y no tan jóvenes que dicen en estos tiempos de crisis: "Yo no quiero estudiar, lo que quiero es que me den un trabajo para ganar dinero". A menudo tienen tal pinta de cabestros que me descubro pensando con pena: "Pero, hombre de Dios, ¿cómo te va a dar nadie un trabajo si es obvio que no te han enseñado nada y que aún no sirves ni para pegar un sello? Si yo fuera un empresario, no te contrataría". Me temo que los que lo sean pensarán otro tanto: "No necesito a un animal tecnológico, que sepa darle a las teclas según se le ordene, pero sin tener ni idea de lo que hace. No necesito a una persona incompleta. Tráiganme a alguien civilizado, con conocimientos irrelevantes, de los que permiten desenvolverse en el mundo".

Javier Marías, Esos saberes irrelevantes, El País, 29/11/2009
Miguel Brieva

2 comentarios:

Dizdira Zalakain dijo...

Sinceramente, creo que Marías vive en una nube, la de una élite quizá bienintencionada, pero una nube al fín y al cabo. En un mundo ideal, un empresario hipotético buscaría un trabajador formado y con criterio propio, pero estamos en el mundo en el que el primer cabestro es el propio empresario, ya que raramente ha accedido a esa supuesta cúspide económico-social por su valía. Bien al contrario, salvo honrosas excepciones, lo ha hecho por herencia o por trapicheo. Por experiencia propia sé que el más ignorante de la empresa suele ser el jefe, así que es inverosímil que exija a sus subordinados unos conocimientos que está incapacitado para valorar y una actitud distinta a la sumisión, el peloteo y el chivatazo. Creo que Marías ha pasado demasiado tiempo en el extranjero, o en su mundo de premios literarios y conferencias.
No sé qué pensarás tú.
Un saludo.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Pues que tienes razón. Este jefe-empresario, tanto del sector privado como del público, no busca en sus trabajadores la excelencia cultural; tampoco el mérito y la capacidad, sólo la sumsión. Sin embargo, Marías denuncia algo que es muy revelador de la época en la que vivimos: la jactancia ante la propia ignorancia. Es lamentable cómo algo que en principio dice muy poco de las personas, es decir, que se debería ocultar y después enmendar, se muestra sin el menor pudor, haciendo a la vez alarde de ello. La ignorancia es osada y hoy más que nunca. El desprecio por la cultura es evidente y la incapacidad de muchos trabajadores por adaptarse a la realidad, también. No puede ser de otra manera: el mundo se está volviendo tan misterioso y falto de sentido para ellos como lo era para los neanderthales. Creo que ahora más que nunca es necesaria la civilización: la humanidad se define por algo más que saber pulsar un botón o saber contratar a trabajadores sumisos por ignorantes. Pero tienes toda la razón: este desprecio por todo lo que huela a cultura y a saber “irrelevante”, es decir, todo conocimiento que no sea tecnológico, es el cemento social que le da consistencia a nuestro mundo.

Saludos.

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