lunes, 12 de octubre de 2009

"Nulla aesthetica sine ethica"


"¿Preguntáis lo que es el arte? ¡Grave pregunta! ¡El arte es la arquitectura, la escultura, la pintura, la música y la poesía bajo todas sus formas! Esto es lo que no dejan de contestar el hombre vulgar y el aficionado, y hasta el artista mismo, en la seguridad de que no se equivocan y que se trata de cosas perfectamente claras. Podríamos, sin embargo, preguntaréis: ¿No hay en arquitectura edificios que no son obras de arte y otros que, con pretensiones artísticas, son feos y desagradables a la vista, y que por lo tanto no pueden ser considerados como obras de arte? ¿No ocurre lo mismo en escultura, en música y en poesía? ¿Dónde reside entonces la señal característica de las obras de arte? El arte, en todas sus formas, hállase limitado, de un lado, por la utilidad práctica, del otro por la fealdad y la impotencia para producir arte. ¿Cómo se distinguirán esas dos cosas que le limitan? A tal pregunta, el hombre vulgar de nuestra sociedad que se llama cultivada, y hasta el artista, si no ha cuidado mucho de la estética, tienen respuesta preparada. Os dirán que esa respuesta se formuló hace mucho tiempo, y que nadie debe ignorarla. El arte, afirmarán, es una actividad que produce la belleza."

León Tolstoi, ¿Qué es el arte?

Detrás de estas palabras de Tolstoi hay una concepción objetivista de la belleza que se remonta nada menos que a Platón. Sin embargo, el filósofo griego hacía una distinción entre belleza y arte, otorgándole a este último una gran capacidad para desestabilizar al Estado. La belleza era una idea suprema que ocupaba su lugar al lado del Bien absoluto. Y se accedía a ella a través de un proceso que iba desde la captación de la belleza de los cuerpos (Hipias Mayor) a la belleza de las almas virtuosas (Fedro). Belleza y bien, lo estético y lo ético, se entrelazan, pues, a través de toda la obra platónica.

Estas ideas han recorrido la historia de occidente y han suscitado el interminable debate entre los moralistas del arte y los esteticistas sobre si las formas son o no parte inseparable de los contenidos. Determinar, pues, qué es bello y qué no lo es lleva implícita la cuestión de si debe ser considerado verdadero arte aquello que tenga un trasfondo éticamente repulsivo. Es decir, ¿puede haber belleza en las representaciones artísticas producidas por un “artista” sumido en su particular abismo ético y en la más absoluta irracionalidad?, ¿es lícito aplicar la categoría de belleza a sus “productos” artísticos?, ¿se puede considerar, simplemente, arte? Es lo que uno se pregunta después de ver el impresionante cortometraje de Tomek Baginski, Fallen Art.

Ocurre lo mismo cuando se visita la Basílica del Valle de los Caídos, ese horror estético y ético. Del escaso valor artístico de este mausoleo, prototipo del mal gusto y del pastiche, poco hay que hablar. Desde el punto de vista ético, también es muy conocido el proceso de “creación artística” que rodeó su construcción. Algunos aún se emocionan en una verdadera “experiencia estética” ante tamaña monstruosidad: el mal forma parte del arte. Sólo hay que pasarse por la web de la Fundación Nacional Francisco Franco, que hace lo imposible por no perder subvenciones públicas, para comprobar el nivel de indigencia moral (y estética) en el que se encuentran los guardianes de la memoria del dictador, que tienen como fin “difundir el conocimiento de la figura de Francisco Franco en sus dimensiones humana, política y militar, así como de los logros y realizaciones llevadas a cabo por su Régimen”. Ya lo sabíamos, Franco fue un artista de sensibilidad exquisita, un filántropo, un mecenas de las artes. Por eso, aunque su dimensión humana incluía la más absoluta inhumanidad, siempre nos quedarán las obras de arte que auspició que, como ésta, nos elevan a la Belleza y al Bien absolutos. Nulla aesthetica sine ethica.

2 comentarios:

Lobo Plateado dijo...

Es buena idea reflexionar sobre lo que es arte y lo que pretende ser arte.
Yo pienso que el arte no busca belleza sino que persigue la profundidad, la cualidad de penetrar en los individuos. El buen artista, según mi opinión, deberá conseguir (si no lo consigue no será tan bueno) transmitir sus sentimientos a las personas de tal manera que los hagan suyos. Puede que para ello sea necesario darle forma determinada al arte para que conmueva. En resumen, no todo lo bello es arte ni todo el arte es bello.

Pero esto solo es la opinión de un estudiante. No hay que tomárselo demasiado en serio.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

No sé por qué dices que tu opinión no hay que tomársela en serio. Y menos aún por provenir de un estudiante. ¿Es que los estudiantes no podéis opinar? En este espacio están permitidas todas las opiniones, siempre y cuando no incluyan el insulto o fomente la discriminación en cualquiera de sus formas, el racismo, la xenofobia o la violencia en general. Aunque no esté de acuerdo con lo que para ti es un buen artista, celebro que el post haya motivado tu reflexión particular. Platón decía que las cosas bellas son difíciles, una gran verdad. Es tan difícil hablar de la belleza que ya los románticos alemanes tuvieron que separar la reflexión de la belleza, la estética, de la teoría y la crítica del arte. La cosa se complica aún más si no sabemos diferenciar entre la obra artística y el mero producto estético, cuyo valor es estrictamente mercantil. Pásate por esta página sobre la última exposición del riquísimo “artista” Damien Hirst y ya me contarás. Muchas gracias por tu comentario.

Saludos.

La crítica tritura lo nuevo de Damien Hirst

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