viernes, 30 de octubre de 2009

Música para lo inexpresable

Magnus Enckell, Fauno
"Sólo esta nada dócil, oh labios, propalad,
beso que suavemente perfidias asegura.

Mi pecho, virgen antes, muestra una mordedura

misteriosa, legado de algún augusto diente;

¡Y basta! arcano tal buscó por confidente

junco gemelo y vasto que al sol da su tonada
que, desviando de sí mejilla conturbada,

sueña, en un solo lento, tramar en ocasiones
la belleza en redor, quizá por confusiones

falsas entre ella misma y nuestra nota pura;

y de lograr, tan alto como el amor fulgura,

desvanecer del sueño sólito de costado

o dorso puro, por mi vista ciega espiado,

una línea vana, monótona y sonora.


¡Quiere, pues, instrumento de fugas, turbadora
siringa, florecer en el lago en que aguardas!
Yo, en mi canto engreído, diré fábulas tardas

de las diosas; y por idólatras pinturas,

a su sombra hurtaré todavía cinturas:

así cuando a las vides la claridad exprimo,

por desechar la pena que me conturba, mimo
risas, alzo el racimo ya exhausto, al sol, y siento

cuando a las luminosas pieles filtro mi aliento,

mirando a su trasluz un ávida embriaguez.
"

Stéphane Mallarmé, La siesta de un fauno

Stéphane Mallarmé fue el máximo representante del simbolismo, movimiento nacido de un profundo sentimiento sobre la tenebrosa unidad de las cosas y de la imposibilidad de comprenderlas, si no es a través del símbolo. De ahí que se exaltara al arte como un lenguaje misterioso, capaz de penetrar en la oscuridad del todo. Sólo la experiencia artística era capaz de descubrir la complejidad de las relaciones que unen las cosas entre sí. Por esto, también defendieron la fusión de las artes, la coexistencia de diversos lenguajes, como única forma de expresar lo inexpresable. Como dijo Baudelaire, “la naturaleza es un templo en el que vivientes columnas dejan escapar a veces confusas palabras... Con largos ecos que de lejos se confunden en una tenebrosa y profunda unidad, vasta como la noche y la luz, los perfumes, los colores y los sonidos se responden”.


Algo de esto vieron los simbolistas franceses en la pintura de los impresionistas. Esta pintura “sencilla” matizaba las formas y disolvía la materialidad de los objetos en un juego de luces oscilantes. Presentaban una imagen de la naturaleza en la que los simbolistas veían como la solidez de lo cotidiano se espiritualizaba en un lenguaje vago y alusivo. Sin embargo, no era suficiente: simbolismo e impresionismo son poéticas hermanas, unidas en su búsqueda de nuevas formas de expresión, pero con lenguajes distintos.


De todas formas podemos ver una fusión de ambas estéticas en algunas obras, como las primeras de Debussy. Su Prélude á l'aprés-midi d'un faune (Preludio a la siesta de un fauno), basada en la famosa égloga de Mallarmé, complementa la sensualidad de un texto que se caracteriza por una adjetivación exuberante y un derroche de metáforas. Según el compositor “la música empieza allí donde la palabra es incapaz de expresarse; la música se escribe para lo inexpresable; desearía que ésta pareciese salir de la sombra y que instantes después volviese a ella; que fuese siempre una persona discreta”. Y, realmente, esta preciosa composición parece literatura y pintura traducida a unos sonidos que luchan por darle sentido a símbolos y metáforas. Es una música envuelta en silencios, en sombras; sin heroicidades románticas, misteriosa y nostálgica, al fin y al cabo.


Esta “búsqueda de lo inexpresable”, esta aproximación entre diferentes artes y diferentes estéticas en su camino a la disolución de la forma, esta amalgama de impresionismo y simbolismo, esta nueva sensibilidad, desembocará de lleno en las vanguardias del siglo XX. Os dejo con la versión de Leopold Stokowski, con la London Symphony Orchestra, de esta pequeña joya musical. Bon appétit!




4 comentarios:

Anónimo dijo...

Desde que soy asiduo al blog siempre me sorprenden las piezas que pones los viernes.


Hoy te doy las gracias, me han encantado.

Un fuerte abrazo.

Dn.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Vaya, pensaba que lo de la música de los viernes sólo lo leían algunos amigos míos muy queridos. Cuanto me alegro. La verdad es que la música de Debussy es preciosa.

También hay cosas de la música "popular" muy dignas de admiración. Intentaré combinar mi pasión por la música clásica, en especial la de finales de siglo XIX y siglo XX con otras músicas actuales que son también maravillosas. Prometo, por lo menos, un post al mes, menos pedante que los dedicados a esta música "culta" contemporánea.

Quizá sea la música el arte que más directamente ataca a nuestra sensibilidad. Así lo vió, entre otros, Schopennhauer: la música anula tu identidad, supera todas las escisiones y desgarros personales y te conecta con la voluntad, con la verdad del mundo. Para mi es el arte que produce la mayor experiencia estética posible, algo cercano a la embriaguez.

Celebro tu buen gusto.

Un abrazo también para ti.

bLuEs dijo...

Te vamos siguiendo... aunque no había caído que la música era los viernes. Bonilla creo que la pone los lunes ... y yo encima soy un desastre para saber el día en el que vivo.

Muy bueto también tu comentario. Yo también creo que la música es el arte más sublime. No se me ocurre pensar en un pintor "retorciéndose" de la forma en la que lo suele hacer un músico. Aunque... son cosas distintas.

La música es una de las artes menos "intelectuales" porque es muy complicado hablar sobre ella. La pintura me parece todo lo contrario. Siempre se puede encontrar una interpretación nueva o algo que no se había dicho.

Shopenhauer tiene (sobre todo) unas cuantas hojas magníficas en "El mundo como voluntad y representación" en las que no deja de asombrarme la forma en que consigue hablar y especificar lo que es la música.

Un abrazo.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Schopennhauer es un pensador que no entiendo como se ha podido "devaluar" tanto. Fue el filósofo más influyente en el siglo XIX y ahora casi ni se estudia. Las modas, una pena. Si que es verdad lo difícil que es hablar "racionalmente" de la música, pero algunos lo han hecho maravillosamente bien, como Adorno. También escritores como Thomas Mann: su Doktor Faustus, es toda una joya literaria sobre la música.

Gracias por tu comentario.

Un abrazo.

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