jueves, 8 de octubre de 2009

“El viaje de Said”: el derecho a ser persona

Fuente de la imagen: Según San Ateo

“Se ha reído de mis pérdidas y burlado de mis ganancias, ha afrentado a mi nación, ha desalentado a mis amigos y azuzado a mis enemigos. ¿Y cuál es su motivo? Que soy judío. ¿El judío no tiene ojos? ¿El judío no tiene manos, órganos, dimensiones, sentidos, afectos, pasiones? ¿No es alimentado con la misma comida y herido por las mismas armas, víctima de las mismas enfermedades y curado por los mismos medios, no tiene calor en verano y frío en invierno, como el cristiano? ¿Si lo pican, no sangra? ¿No se ríe si le hacen cosquillas? ¿Si nos envenenáis no morimos? ¿Si nos hacéis daño, no nos vengaremos?”

William Shakespeare, El mercader de Venecia

Todos los seres humanos llevamos implícita la condición de ser personas. Todos poseemos dignidad y memoria. Todos dejamos una huella en el mundo irremplazable. Pero no todos tenemos la misma inteligencia, en el sentido práctico de saber relacionarnos con los demás. Y esta inteligencia hay que trabajarla. ¿Es inteligente privar a los que no son como nosotros de su propia dignidad? Cuando tratamos a alguien como ciudadano de segunda, ¿no lo estamos desposeyendo de su condición de persona?, ¿no le estamos negando su memoria?, ¿no estamos contribuyendo a la creación de un mundo deshumanizado? Vivimos en una sociedad donde se discrimina por todo tipo de razones, donde se niega a los demás los derechos asumidos como propios, donde lo pasional está por encima de lo racional. Si se le niega al “otro” su propia humanidad, estamos al mismo tiempo poniendo en entredicho la nuestra.

Todo esto resulta aún más esclarecedor si lo aplicamos a la emigración. En nuestro país son habituales las conductas xenófobas -cuando no verdaderamente racistas-, siempre motivadas por la ignorancia y el miedo. Se emigra por la mera supervivencia política y económica, por la libertad y por la búsqueda de la propia identidad; es decir, por la consecución de todo aquello que nos hace ser personas. ¿Quién no emprendería su “viaje” particular si no dispusiera de las condiciones mínimas para desarrollarse como tales? Desde luego, el fenómeno de la inmigración genera graves problemas. Sin embargo, es vergonzoso ver como hay gente que se juega la vida para vivir como nosotros, ante la indiferencia general y su instrumentalización particular por parte de alguna gente sin escrúpulos. Esto dice mucho de la madurez moral de una sociedad que pretende ser “civilizada” y maestra de otras “menos avanzadas”. Hoy más que nunca hay que reivindicar la apelación kantiana a la dignidad y el respeto de todos los seres humanos.

Abajo os dejo el premiado cortometraje de animación El viaje de Said. En él, su director Coke Riobóo nos narra la historia de Said, un niño marroquí que al cruzar el estrecho se encuentra con la realidad de la inmigración: el país de las oportunidades que había soñado no es tan bonito como se lo habían contado. Os dejo también un cuadernillo de actividades que Alberto Olivar Giménez realizó para Aula de cine. Para acceder a él, pinchad aquí. También tenéis un vídeo que espero que os haga también reflexionar sobre este tema. Sed inteligentes.




4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es muy doloroso para mi el tema que has decidido tratar.

Cuando miro a mi alrededor veo gente que lo tiene todo y no aprecia nada, gente que odia, que guarda rencor, gente que humilla por diversion, que carece del sentido de la fraternidad, que no ama...

Aún hay algo más difícil para mi, mirar al espejo y ver que yo también formo parte de ese "grupo" que no ama.

Lucho por salir de él, por ofrecer todo lo que tengo, por amar, por servir, pero... Es tan fácil dejarse llevar, es tan fácil cerrar los ojos y volver a la caverna...

Sólo por el hecho de nacer a 50 kilometros al norte de África me veo colmado de todos mis deseos (en mayor o menor medida) mientras que cada segundo que pasa, un poco más al sur de mi hogar, gente muere de hambre, vive sin el derecho de saber....

Lo más duro de eso es que también hay gente que necesita de los demás en nuestro propio país, en nuestra comunidad, en nuestra ciudad....quizás hasta en nuestra casa... ¿Y que hacemos? NADA....

Decía Madre Teresa: "Hay más hambre en el mundo por ser apreciado y por amor que por pan."

Que gran verdad, que falta de humanidad. Es tal es destierro al que hemos obligado a nuestros sentimientos que incluso olvidamos de cuidarnos a nosotros mismos.

A los que aún a veces pensamos en cambiar esto nos lláman locos.

Pues yo quiero ser un loco y dar mis manos para SERVIR y mi corazón para AMAR.

Un fuerte abrazo.

Dn.

Pilar dijo...

¡Hola! "el viaje de Said" es una experiencia inolvidable para cualquiera, llena de sensibilidad, dramatismo y un reflejo de la más dura y cruda realidad; un viaje a ninguna parte, excepto al dolor y la traición. Ojalá que todos los Said del mundo no sólo vengan con una pelota bajo el pie, sino que tengan cabida en lo que llamamos “el paraíso” y que sólo sea suficiente el ser persona.

Enhorabuena por el blog, gracias por tu entusiasmo y esfuerzo.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Bonitas palabras Dn. Veo que además de ser una persona inquieta, tienes, además, una sensibilidad exquisita. Sin embargo, me gustaría matizar un par de cosas. Aunque la cita de Teresa de Calcuta está muy bien y sea digno de admiración su trato hacia los marginados, siempre he desconfiado de aquéllos que han sustituido la solidaridad por la caridad. Además, la premio nobel de la paz nunca criticó las estructuras de poder absolutamente injustas, como las de la India, que causan y mantienen la pobreza y la discriminación. Por otro lado, tu exhortación a servir y a amar es admirable. Pero esa vocación de servicio debería ir canalizada por cierta voluntad política, la que debería movernos a todos. Kant decía que jamás debemos utilizar a los demás como medios, sino tratarlos como fines en sí mismos. Eso es la dignidad. De todas formas, felicidades por tu comentario. Me ha gustado mucho.

Un abrazo para ti también.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Me alegra que te haya gustado “El viaje de Said”, Pilar. Para mí no supone ningún esfuerzo, lo hago encantado; y si sirve para dar a conocer cosas que resulten de tu interés y disfrute, mejor aún. Respecto al entusiasmo, si es que verdaderamente soy capaz de transmitirlo, lo es por compartir aquello que me preocupa. El “ἐνθουσιασμός” era lo propio de las Sibilas al dar sus oráculos, el “furor” divino. Espero no resultar un exaltado en estas “páginas”. Muchas gracias a ti por tus palabras y apoyo.

Un beso.

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