sábado, 26 de septiembre de 2009

Quemar al profesor de filosofía


«Cuanto mayor es en el hombre la adquisición intelectual, más recula en él el mono. Cuanto menos saber, conocimiento, cultura o memoria hay en un individuo, más lugar ocupa el animal, más domina, menos conoce la libertad el hombre. Satisfacer las necesidades naturales, obedecer únicamente a los impulsos naturales, comportarse como una persona dominada por los instintos, no sentir la fuerza de las necesidades espirituales, he ahí lo que manifiesta el chimpancé en vosotros. Cada uno lleva consigo su parte de mono. La lucha para alejarse de esa herencia primitiva es cotidiana. Y hasta la tumba. La filosofía invita a librar ese combate y ofrece los medios para ello.»

Michel Onfray: Antimanual de filosofía

¿Hay que empezar el curso pegándole fuego al profesor de filosofía? Así comienza Michel Onfray su Antimanual de filosofía con subtítulo Lecciones socráticas y alternativas y que trata de las cuestiones que estructuran los contenidos básicos de un curso de filosofía. La respuesta es la siguiente: “No enseguida. Esperad un poco. Al menos dadle tiempo de mostrar sus aptitudes antes de mandarlo a la hoguera. Lo sé, se os ha prevenido contra la asignatura: no sirve para nada, no se entiende lo que cuenta el que la enseña, acumula preguntas sin dar nunca respuestas, a menudo se reduce a la copia de un curso dictado y a los dolores de muñeca asociados, etc. No os equivocáis del todo, a menudo ese es el caso. Pero tampoco tenéis razón completamente, pues no siempre es verdad...”

No siempre es verdad porque la filosofía puede practicarse con auténtico placer:

“Ante todo, precisemos que el vocabulario técnico o especializado puede ser necesario. Se le concede sin problemas al médico o al mecánico que pueden hablar, el uno de una arteriola, el otro de un balancín, sin suscitar el reproche: en ocasiones el empleo de vocabulario especializado puede revelarse indispensable. En filosofía, casi siempre es mejor evitarlo e inclinarse por el vocabulario corriente. Pero si no es posible, porque la cuestión un tanto fina necesita instrumentos apropiados, podemos recurrir a él sin exagerar. El vocabulario técnico se aprende, no se nace con él, al igual que este del que disponéis hoy. Aceptad el principio de que podéis ampliar vuestro vocabulario aprendiendo algunas palabras de filosofía fundamentales para reflexionar más eficazmente. Cuanto más rico sea vuestro vocabulario, más profundo puede hacerse vuestro pensamiento; cuanto menos lo es, en peores condiciones estaréis para desprenderos de los tópicos...

En cuanto a las cuestiones aparentemente extravagantes, podéis tener razón: algunas solo provienen de personas que se especializan excesivamente en la disciplina. A vosotros no os acecha ese peligro... Dejádselo a los verdaderos aficionados. ¿Y por qué no vosotros, cuando tengáis varios años de filosofía a vuestras espaldas? Sea como fuere, la filosofía no se reduce solo a la práctica de debates especializados. Comenzad por intentar resolver las cuestiones que os planteáis en vuestra vida cotidiana, la filosofía está para eso. El curso de filosofía puede y debe contribuir a ello.

Por último, efectivamente podéis sentir, en un momento dado de vuestro bachillerato, que os derrumbáis bajo el peso de las cuestiones y que, comparadas, las respuestas parecen menos evidentes, menos fáciles. Tendréis motivo: a lo largo del curso se da un periodo en el que muchas ideas comunes que provienen de vuestros padres, de vuestro medio, de vuestra época se desmoronan y dan paso a un desierto angustioso. No dejéis por eso de recorrer vuestro camino filosófico. Al contrario. Solo si perseveráis podréis superar ese estado de inquietud hasta comenzar a experimentar un auténtico placer en resolver problemas filosóficos personales y, posteriormente, generales.”

No se puede expresar mejor: es indudable que la filosofía constituye un saber muy especializado y, como tal, posee un lenguaje que puede llegar a ser difícil. Sin embargo, es un saber irreemplazable para todo aquel que quiera aclarar los muchos interrogantes que se plantean en torno a nuestra vida cotidiana. Pero, como decía Aristóteles, sólo se preguntará sobre dichas cuestiones quien sienta admiración y asombro por las cosas que nos rodean. Dicha admiración es la de aquel que “reconoce su ignorancia”, su ingenuidad. Y este reconocimiento nace de un previo preguntarse sobre aquello que se creía saber. Se trata, pues, de aquella admiración socrática que nace en quien descubre su desconocimiento sobre aquello de lo que estaba inicialmente seguro.

Este continuo interrogarse sobre aquello que se cree saber marca el objetivo último de la filosofía: aprender a vivir. La filosofía es un territorio poblado de ideas y de personajes contradictorios que, sin embargo, son necesarios para que podamos construirnos una vida plena que nos aleje de nuestros miedos y de la trivialidad de nuestra existencia. Y esta es una empresa individual. No tengáis prisa por pegarle fuego al profesor de filosofía. Como dice también Onfray: “A vuestro profesor le corresponde proporcionaros el mapa y la brújula, a vosotros trazar vuestro camino en esta geografía farragosa, pero apasionante. Buen viaje...”

Para leer el libro de Onfray, pinchad en la imagen de abajo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Nos recomiendas su lectura?

Dn.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Por supuesto que la recomiendo. Es un libro muy bueno para iniciarse en esto de la filosofía. Te transcribo una reseña sobre el libro que aparece en Filópolis, estupendo espacio web de Llorenç Vallmajó Riera:

"Bajo una apariencia descarada, el libro de Michel Onfray, Antimanual de filosofía con subtítulo Lecciones socráticas y alternativas, trata cuestiones que estructuran temas básicos de un curso de filosofía. Un manual en el que directamente se reivindica la subjetividad del propio autor considerando que la objetividad no existe. Por ello es muy probable que la subjetividad del lector se active, se vea provocada y se enfrente a la subjetividad del autor. Ciertamente, el libro contiene afirmaciones desafiadoras que conducen a una toma de posición y reflexión personales.

"¿Qué es el hombre?", "¿Cómo vivir juntos?" y "¿Qué podemos saber?" son las tres preguntas entorno a las cuales se estructura el libro. Ahora bien, unas preguntas generales que contienen apartados con subpreguntas como por ejemplo: "¿Habéis comido nunca carne humana?", "¿Por qué vuestro instituto está construido como una cárcel?", "¿La policía existe por amargarnos la vida?", "Si hubierais engañado a vuestro(a) novio(a), ¡se lo diríais?". Estas preguntas y otras por el estilo, dan pie a hablar sobre la naturaleza, el arte, la técnica, la libertad, la conciencia, la razón,... Y a cada respuesta, el autor incorpora una selección de textos sobre el tema tratado."

Anímate y que lo disfrutes.

Anónimo dijo...

Estoy comenzando con la lectura del libro y estoy sencillamente encantado con él.

Pero tengo que admitir que soy un "enfermo" de los libros físicos, que disfruto como un enano subrayando y marcando las páginas de papel y este me gustarñia adquirirlo.

¿Hay algún lugar específico al que deba dirijirme para comprarlo o lo puedo pedir a mi librería habitual?

Un fuerte Abrazo.

Dn.

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Me alegra que te guste el libro. Es fácil de conseguir en cualquier librería. En cualquier caso te lo puedo dejar hasta que consigas tu propio ejemplar y lo puedas subrayar a gusto.

También pienso que nada podrá sustituir al placer de pasar las hojas de papel de un libro. Los soportes digitales están muy bien y suponen un material complementario muy útil y muy accesible, sobre todo cuando se agota algún título; pero nunca reemplazarán a los "viejos" libros.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Muchisimas gracias por prestarme el libro, la verdad no lo esperaba y ha sido para mi una grata sorpresa, lo trataré con sumo cuidado y se lo devolveré en cuanto pueda conseguirlo.

Muchas gracias por permitirme seguir aprendiendo.

Un fuerte abrazo.

Dani.

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