jueves, 10 de septiembre de 2009

La necesidad de las palabras

Alfred Kubin, Auf der Turmtreppe
“Mi caso es, en resumen, el siguiente: he perdido por completo la capacidad de pensar o hablar coherentemente sobre ninguna cosa. (…)Todo se me desintegraba en partes, las partes otra vez en partes, y nada se dejaba ya abarcar con un concepto. Las palabras aisladas flotaban alrededor de mí; cuajaban en ojos que me miraban fijamente y de los que no puedo apartar la vista: son remolinos a los que me da vértigo asomarme, que giran sin cesar ya través de los cuales se llega al vacío.”

Hugo von Hofmannsthal, Carta de Lord Chandos

A principios del siglo XX Hugo von Hofmannsthal apostó por el silencio como respuesta ante las nuevas formas de experiencia que se estaban produciendo en la Viena “Fin de siècle”: la fragmentación de la realidad. En esta nueva experiencia de lo abierto no cabían discursos sobre la unidad. La vieja seguridad que proporcionaban los conceptos iba cayendo rápidamente, al mismo tiempo que los cimientos de la vieja cultura europea se desmoronaban sin remedio. Encerrado “en un jardín poblado de estatuas sin ojos”, Hofmannsthal renunció a toda idealidad para buscar la fragmentación de las cosas. Pero no se puede construir un discurso coherente sobre lo que está dividido; ese lenguaje capaz de organizar el mundo no está disponible. De ahí su estupefacción, su silencio y su renuncia a la escritura:

“Yo sentí en ese momento, con una certeza que no estaba del todo exenta de un sentimiento doloroso, que tampoco el año que viene, ni el otro, ni en todos los años de mi vida escribiré un libro en inglés ni en latín: y eso por un solo motivo cuya rareza, para mí embarazosa, dejo a la discreción de su infinita superioridad mental el ordenarla, con mirada no cegada, en el reino de los fenómenos espirituales y corpóreos extendido armónicamente ante usted: es decir, porque la lengua, en que tal vez me estaría dado no sólo escribir sino también pensar, no es ni el latín, ni el inglés, ni el italiano, ni el español, sino una lengua de cuyas palabras no conozco ni una sola, una lengua en la que me hablan las cosas mudas y en la que quizá un día, en la tumba, rendiré cuentas ante un juez desconocido.”

Sin embargo, en este contexto surgieron los más catalizadores fermentos de la cultura del futuro. De hecho, la Carta de Lord Chandos augura las posiciones del Tractatus, escrito veinte años más tarde por otro vienés que también había creído en la conexión entre las palabras y las cosas, consolidando el giro lingüístico de la filosofía: Ludwig Wittgenstein. Curiosamente sus conclusiones son las mismas: "De lo que no se puede hablar hay que callar". Pero el silencio no puede ser definitivo. Así como Lord Chandos tiene que recurrir a las palabras, pese a haber abjurado de ellas, Wittgenstein tiene que replantearse los resultados del Tractatus. Las palabras no contienen una velada falta de significado que haya que superar. Más bien al contrario: hay toda una manifestación de significados que asaltan al mundo por todos lados. Además el lenguaje no tiene que limitarse a describir una realidad fragmentada. Las palabras significan el uso que se haga de ellas, como, por ejemplo, para crear una literatura tan buena como la de Hofmannsthal.

Abajo tenéis un magnífico video que muestra un resumen de las principales teorías de Wittgenstein, extraído de la película que Derek Jarman realizó sobre el pensamiento de tan importante filósofo. Si queréis leer la joya literaria que es la Carta de Lord Chandos, pinchad aquí.

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