viernes, 11 de septiembre de 2009

“Elektra” o la nostalgia del clasicismo


"¡Agamenón! ¡Padre! ¡Quiero verte, no me dejes hoy sola! ¡Tan sólo como ayer, como una sombra, allí, en el ángulo del muro, muéstrate a tu hija! ¡Padre! ¡Agamenón! Tu día llegará. ¡Así como desde las estrellas se precipita abajo el tiempo, así correrá la sangre de cien gargantas sobre tu tumba! Así, como de jarros colmados, fluirá de los asesinos, atados, y en una avenida, en un río hinchado correrá desde ellos la vida de su vida, y nosotros te sacrificaremos los corceles que hay en la casa, los juntaremos ante la tumba, y ellos barruntarán la muerte y relincharán en el aire de la muerte, y morirán. Y mataremos para ti a los perros que te lamían los pies, que cazaban contigo, a los que arrojabas los pedazos; por eso su sangre ha de correr, para estar a tu servicio, y nosotros, nosotros, tu sangre, tu hijo Orestes y tus hijas, nosotros tres, cuando todo esto se haya cumplido y se hayan elevado entoldados de púrpura del vaho de la sangre que atrae hacia sí el sol, nosotros, tu sangre, bailaremos entonces alrededor de tu tumba; y sobre cadáveres levantaré las rodillas paso a paso, y quienes me vean bailar así, sí, quienes vean bailar así mi sombra tan sólo desde lejos, dirán: ¡Para un gran Rey está dispuesta aquí una fiesta fastuosa por los de su carne y de su sangre, y afortunado es quien tiene hijos que alrededor de su elevada tumba bailan tan regias danzas de victoria! ¡Agamenón! ¡Agamenón!"

Richard Strauss, Hugo von Hofmannsthal, Elektra

La búsqueda emprendida por el “decadente” Hofmannsthal para encontrar un nuevo lenguaje capaz de expresar la experiencia de la fragmentación del mundo moderno, le llevó a intentar la repetición del clasicismo. Sintió la necesidad de regresar a la seguridad que ofrecía el mundo clásico y procedió a la transformación de sus mitos, escribiendo libretos para las óperas de Richard Strauss. Ya había escrito una Elektra basada en la de Sófocles, donde, sin embargo, mostraría una Grecia primitiva y cruel, bastante alejada de la almibarada e idealizada imagen que se tenía de ella desde Winckelmann. El texto desarrollaba una relectura del mito en clave psicoanalítica, con un planteamiento dramático tan perturbador y con unos personajes tan inauténticos que Strauss, sumergido en esos años del Expresionismo también en la búsqueda de nuevos lenguajes, se sintió fascinado por la obra y las posibilidades musicales que ofrecía. Decidió, pues, transformarla en una ópera, iniciándose así una estrecha colaboración con el escritor austriaco que se convertiría en una de las más fecundas de la historia de la música.

Como dice Ángeles Cardona-Castro, en Psicopatología del decadentismo alemán: de Wagner (Tristán) a Nietzsche («Ditirambos de Dionisio») y Hofmannsthal (Electra), “Si bien Electra tiene aquí los rasgos básicos que Sófocles supo darle, Hofmannsthal los exagera, dando a la heroína caracteres de modernidad que manifiestan el signo enfermizo de los rasgos modernos. Enfermizo como todo lo decadente. Electra es estudiada en profundidad psicológica, pero el mito se transforma en manos de Hofmannsthal, como se transformó en mito de los Nibelungos en manos de Wagner”. Y es que esta, más que decadente, “expresionista” Elektra que chirría y grita en su búsqueda enloquecida de la venganza y de la muerte, que destruye toda “forma”, poco tiene que ver con el clasicismo. Fue, pues, un intento fallido que, no obstante, desembocaría en un neoclasicismo, alejado ya de las vanguardias, en colaboraciones posteriores como El caballero de la rosa o Ariadna en Naxos.


Pero nos queda esta obra maestra y este inmortal personaje. Elektra resultó insoportable en su día por su atmósfera de alucinación. Y es que esta figura femenina, devorada por la sed de venganza ante el padre asesinado, en morbosa relación con sus hermanos Crisótemis y Orestes, que muere danzando hasta el paroxismo, poseída por una alegría orgiástica tras la muerte de su madre Clitemnestra y de su amante, Egisto; todo ello con una música estridente, terrorífica y continua, repleta de chillidos, era más de lo que la sociedad de la época podía aguantar.


Os dejo dos fragmentos de la ópera en una versión que realizó Götz Friedrich en 1982 y que muestra muy bien esa “atmósfera de alucinación” a la que antes me refería. Si queréis leer el libreto, pinchad aquí. Guten Appetit!




0 comentarios:

Publicar un comentario

En “Angelus Novus” cualquier opinión, sugerencia o comentario serán muy bien acogidos. No serán publicados, sin embargo, los mensajes injuriosos, discriminatorios o con un lenguaje inapropiado.

¡Muchas gracias!

Ir Arriba