lunes, 7 de septiembre de 2009

¿BAC o P.A.U.?


¿La objetividad de la historia supone la imparcialidad del historiador?
¿El lenguaje traiciona el pensamiento?
¿Qué se gana al intercambiar?
¿Transforma el desarrollo técnico a los hombres?
¿Es absurdo desear lo imposible?
¿Hay preguntas a las que ninguna ciencia responde?
¿Se puede estar seguro de tener razón?
¿Se opone la técnica a la naturaleza?
¿Es la ley la condición de la libertad?
¿Debe el Estado garantizar la felicidad de los ciudadanos?
¿Se puede prescindir de toda religión?


¿Serían capaces nuestros alumnos universitarios de establecer un debate abierto sobre estas cuestiones? Las preguntas que figuran arriba, acompañadas de un texto filosófico, son las que han sido objeto de disertación durante cuatro horas por parte de todos los alumnos de bachillerato en Francia para obtener su acceso a la universidad. ¡Qué diferencia con el modelo español!

Como dice Ricardo Pesado en su blog Filosofía 2.0: “La disertación es un ejercicio en el que el alumnado lanza una tesis y argumenta en favor de la misma, considerando pros y contras. El comentario de texto se dedica al análisis de un fragmento determinado, también en relación con la obra de la que procede y su contexto histórico. Así pues, las cuestiones francesas, mediante la disertación filosófica, son claramente problemáticas, abiertas, inducen a la creatividad, promueven la interdisciplinariedad, e incluso empujan a una toma de posición razonada por parte del alumnado. Todo esto resulta mucho menos evidente en las pruebas de las universidades españolas, tal vez más orientadas a un saber más acotado, restringido, circunscrito a una tarea más limitada, más académica; y, me atrevería a decir, menos sugerente y atractiva. Una buena disertación exige un buen lector, alguien capaz de desmenuzar textos y extraer de ellos las tesis más poderosas, para confrontarlas entre sí y consigo mismo, formándose un criterio propio; por lo que parecería, en conclusión, que el trabajo de realizar una disertación contiene ya la tarea de haber desarrollado las habilidades para construir buenos comentarios de texto. ¿Por qué entonces en España tenemos esa tendencia a limitarnos al comentario de texto? ¿Por qué en España no se fomenta la disertación filosófica como en Francia?”

Y es que aquí seguimos obcecados con los academicistas comentarios de texto, que más que un ejercicio para “aprender a filosofar”, parece una tarea de disección de “cadáveres exquisitos”. Lo siento mucho por nuestros próceres académicos, pero la controversia sobre la “utilidad” de la filosofía en los planes de Secundaria (impensable en Francia, por otro lado), está más que fundamentada. La filosofía en nuestro país está totalmente desconectada de la realidad; por tanto, es algo que no interesa en modo alguno a la sociedad. La enseñanza de la filosofía está como está por culpa tanto de los profesores de secundaria como de los universitarios. Entre todos hemos convertido el “sapere aude” kantiano en un “atrévete a realizar el mejor examen posible, ajustándote a las pautas que yo te doy”.

Se supone que la función de la filosofía en los currículos es la de ayudar a formar críticamente a los jóvenes ciudadanos, que deben ser capaces de enfrentarse a todo tipo de disputas y confrontaciones en el futuro. Pero como no se ponen los medios, todo acaba siendo una bonita declaración de intenciones, pero absolutamente vacía. Claro que, a lo mejor, el alumnado de nuestro país está menos desarrollado que el francés y su mente sólo da para realizar comentarios de texto periclitados, que no son sino “pretextos” para exponer lo que se sabe sobre un teoría o un autor, en un ejercicio puramente memorístico.

Aquí os dejo el borrador del nuevo Programa P.A.U. para la Historia de la filosofía de 2º de bachillerato. También un chiste francés, bien sûr (sigo, a pesar de mis pataletas, con muy buena predisposición hacia el curso que comienza).


4 comentarios:

bLuEs dijo...

A mí me parece que más que culpabilizar a los docentes habría que hacerlo con la propia sociedad.

La sociedad occidental actual ha creado sus propios referentes y tener a ciudadanos con pensamiento crítico o profesores que los promuevan no va con sus intereses. Consecuentemente da satisfacciones a todo lo que sea dejarse llevar por el orden que promueve y pone trabas a lo contrario.

Saludos

José Ángel Castaño Gracia dijo...

Pues tienes toda la razón. Desde luego, el "¿Qué es la Ilustración?" parece que nunca va a perder vigencia. De todas formas, lo que pretendo criticar en esta entrada es el nulo papel que el profesorado de filosofía está jugando en la promoción de la misma. Esa "aversión" hacia la filosofía quizá se reduciría con un cambio en la forma de impartirla. Quizá esté en la filosofía la fórmula para superar el infantilismo y la hipocresía de nuestra sociedad. Llevamos dos días soportando comentarios ridículos sobre el tema de los altercados de Pozuelo de Alarcón, incluidos los de Ángel Gabilondo. Si realmente la razón fuera la más alta instancia jurídica, otro gallo nos cantaría. Pero hace falta una voluntad, que, como bien dices, no existe. Es mucho mejor tener una masa consumista, medio analfabeta y acrítica y totalmente vulgar.

Saludos.

Ar Lor dijo...

Nunca entendí para qué servían "realmente" los comentarios de texto. Me daban la impresión de que era "imposible" sacar de ellos, nada que no estuviese ya explícitamente en ellos mismos.Como si te lo pusiesen a huevo, para que no tuvieras que pensar, o no quiero ser mal pensado, como un queso en una ratonera, que te lo podías comer, con la condición de dejarte atrapar dócilmente, en ella.
Un saludo

José Ángel Castaño Gracia dijo...

La filosofía se muestra en sus textos, eso es evidente. Sin embargo, una correcta interpretación de los mismos requiere conocimientos de todo tipo. Los textos filosóficos, como cualquier tipo de documento cultural, están afectados de historicidad. Estos documentos dejan su “huella” en el mundo y son el reflejo de la sociedad que los produjo. Si no es para poner de relieve estas vinculaciones, el comentario como actividad académica no tiene sentido. El vicio en el que se cae en la docencia es el de poner a la filosofía sólo en diálogo consigo misma. Por eso cuesta tanto trabajo “sacarle” algo a los textos. Al final, el comentario queda encorsetado y se convierte en algo mecánico y carente de sentido para el lector-comentarista. Una pena.

Saludos.

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