viernes, 28 de agosto de 2009

Música para “Las Ninfeas” de Monet


“Aquí y allá, en la superficie, enrojece como una fresa una flor de ninfea de corazón escarlata y blanca en los bordes. Más lejos, las flores más abundantes son más pálidas, menos tersas, más graneadas, más plegadas y, dispuestas al azar en curvas tan graciosas que parecieran flotar a la deriva, como después del deshojamiento melancólico de una fiesta galante, rosas espumosas en guirnaldas deshechas”.

Marcel Proust

En los últimos años de su vida, Monet se centró en temas acuáticos, inspirado en el impresionante jardín de agua que había creado en su casa de Giverny, utilizando para ello exóticos nenúfares importados de Japón. Simultáneamente, fue desarrollando lo que sería su proyecto más ambicioso e innovador, que culminaría, en 1927, con Las Ninfeas de la Orangerie del Jardín de las Tullerías y que desde entonces se conoce como la “Capilla Sixtina del impresionismo”. Esta obra maestra llama la atención, sobre todo, por la casi completa desaparición de las formas, con unas pinceladas que adivinan únicamente los reflejos de los sauces sobre estanques de nenúfares.

Por otro lado, los colores de Las Ninfeas recuerdan a la paleta de compositores como Debussy y Ravel. En particular, la contemplación de estas bellas estampas acuáticas podría perfectamente llevar de banda sonora los famosos Jeux d’eau de Ravel. Pocas veces se ha dado en Europa un clima cultural con una armonía tan refinada entre la música y las demás artes, lo que hizo de París “la capital del espíritu”, pero también “la capital de las vanguardias”. Bon Appétit.

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