miércoles, 26 de agosto de 2009

La inquietante belleza del gótico


"Una estética pragmática edifica monumentos donde, descartadas las superficies planas, se erizan de puntas, de calados, de proyecciones, se rompen en el juego complejo de los salientes y las aberturas, donde las líneas tropiezan, se cortan, se interseccionan con aspereza, donde todas las previsiones de la inteligencia son derrotadas por el imperioso dictado de los hechos"

René Huyghe, El arte y el hombre.
Pocos estilos arquitectónicos impresionan tanto como el gótico. Personalmente me produce una mezcla de fascinación y terror, que he vuelto a sentir este verano en la siempre atrayente Lutecia. Santo Tomás de Aquino escribió que “los sentidos se deleitan con las cosas debidamente proporcionadas como con algo afín a ellos; pues los sentidos son también un tipo de razón, como lo es todo poder cognitivo”. Aunque quizá lo mejor sea vagar por los templos góticos suspendiendo toda racionalidad o, mejor, sin cabeza, como san Denis, el evangelizador de la Galia y primer Obispo de París. De hecho, la Basílica de Saint-Denis es considerada como la primera obra arquitectónica de estilo gótico en Europa. La verdad es que se ha convertido en uno de mis santos favoritos. Negándose a adorar al dios pagano Mercurio, junto a sus colegas Eleuthère y Rustique, los tres fueron decapitados en Montmartre (donde se encontraba el templo del dios romano) y, acto seguido, san Denis, al que al parecer no le gustaba el barrio, anduvo durante seis kilómetros con su cabeza bajo el brazo hasta que se encontró con Madame Casulla, una piadosa mujer perteneciente a la nobleza romana, y se la entregó. Ya exhausto, se desplomó y en ese lugar se edificó la basílica. Alucinante. Pocas cosas despiertan tanto morbo como las vidas de los santos. Aprovecho para recomendar la lectura de La leyenda dorada, de Santiago de la Vorágine.


Tomás de Aquino también definió lo bello como “el esplendor de la forma” y elementos como la bóveda de crucería, el arco apuntado, el arbotante y el contrafuerte, componentes característicos del gótico, que permiten elevar los muros y abrir grandes ventanales, dando verticalidad y ligereza a las construcciones, como la Summa de Santo Tomás, apuntaban a la totalidad, a la síntesis perfecta. Al igual que la escolástica trató de alcanzar y sintetizar todos los saberes, la arquitectura gótica se nos muestra como un intento de materializar la totalidad del conocimiento. Ya lo decía Panofsky en “La arquitectura gótica y la escolástica”: “Al igual que la Summa de la alta escolástica, la catedral del gótico clásico apuntaba ante todo hacia la totalidad. Por ello, tendía a aproximarse mediante la síntesis y la eliminación a una solución que fuese perfecta y final”.

Sin embargo, también hay espacio para lo terrorífico y la irracionalidad: las gárgolas de Nôtre-Dame parecen perpetuar la fascinación, típicamente románica, por las criaturas grotescas y monstruosas. También el Romanticismo, en su reacción al Racionalismo del siglo anterior, hizo lo suyo al devolver el universo de monstruos y bichas a los muros de las catedrales y que han contribuido a desencadenar en la imaginación colectiva escenografías tenebrosas, tanto para el deambular del famoso Jorobado de Víctor Hugo, como para la novela de terror gótica.


Esa mezcla de racionalidad, luminosidad, belleza y misterio que se da en estos espacios arquitectónicos, colmados de luces y sombras, que dan la impresión de ser organismos vivos que crecen hacia el sol, hace del gótico un estilo que ”deleita” al mismo tiempo que te conecta con lo sobrenatural. Abajo os dejo una espeluznante historia de terror “gótico”.


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